Opinión / Columna
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Christopher Hitchens
¿Por qué esperar para desarmar a Irán?
El Sol de México
28 de octubre de 2009
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NO HAY UNA SOLA VENTAJA EN ESPERAR HASTA QUE IRÁN TENGA MISILES NUCLEARES.
Aquellos a los que no les agrada especialmente el nombre propagandista de "neoconservador", pero que desean que hubiera un término adecuado para alguien partidario de una actitud estadunidense robusta hacia los Estados totalitarios y agresivos, debemos enfrentar una contradicción. Esta contradicción frecuentemente toma la forma de querer enfatizar una amenaza sin exagerarla.
Uno puede empezar viendo este argumento desde el lado opuesto. En el pasado reciente, regímenes de un solo partido o un solo hombre, extremadamente desagradables y peligrosos, en Serbia e Irak, han creado verdaderos problemas a sus vecinos y sido una verdadera pesadilla para su "propia" gente. Se han burlado de todos los cánones de la ley internacional pero han sido considerados por muchos comentaristas como un riesgo demasiado grande si son enfrentados. Averigüe esto y descubrirá que quienes no deseaban enfrentar a Slobodan Milosevic o Saddam Hussein siempre subrayaban el terrible poder de violencia que tenían a su disposición.
Si la OTAN bombardeaba las posiciones serbias alrededor de Sarajevo, digamos, desataría una monstruosa reacción que generaría una intervención rusa en favor de Belgrado, daría lugar a una reacción a lo largo de los Balcanes, ahogaría la región en "un baño de sangre" y una "guerra más amplia", y todas esas cosas. Igualmente, una acción contra Saddam Hussein lo incitaría a saturar nuestras tropas con armas químicas, incendiaría los campos petroleros, destruiría a Israel, inflaría la "calle árabe" y derrocaría todo Gobierno amigo en el Oriente Medio. Quienes deseábamos librarnos de esos horribles Gobiernos fuimos bombardeados con argumentos que decían, de hecho, que esos Gobiernos no sólo eran una amenaza sino realmente una amenaza letal, y sus fuerzas estaban integradas por gente que mide tres metros. En otras palabras, la contradicción opera en ambos sentidos.
Así que, felicitaciones a David Ignatius de "The Washington Post" por su columna del viernes pasado, en la cual relata los hallazgos de una publicación poco conocida con el arcano nombre de "Nucleonics Week". Para citarlo directamente, el artículo informa que podría haber alguna razón para pensar que "las reservas de Irán de uranio de bajo enriquecimiento -el elemento potencial para bombas nucleares- al parecer tienen algunas 'impurezas' que 'podrían causar la falla de centrífugas' si los iraníes trataran de elevarlo a categoría de uso armamentista."
Entre otras cosas, esto explicaría por qué Irán está negociando cínicamente para enviar su uranio de bajo enriquecimiento a otros estados, como Francia y Rusia, para que sea elevado a un grado superior. Tal medida, por supuesto, también sería compatible con un programa "pacífico", si es que alguien todavía cree que eso es lo que la república islámica realmente desea.
La teocracia ha provocado tal retraso en este país, por Dios, que incluso es vulnerable a sanciones sobre petróleo refinado. A diferencia de Turquía, su vecino secular, que prácticamente no tiene petróleo pero está casi calificado -al menos económicamente- para afiliarse a la Unión Europea, Irán tiene un retraso financiero igual que había cuando los sádicos medievalistas tomaron el poder. Así que no debe sorprender en absoluto si un régimen que no tiene un respeto auténtico por la ciencia y ninguna crítica interna, haya echado a perder su adquisición de armas modernas. Un sistema en el que nada funciona salvo lo militar y la Policía terminará, como Corea del Norte, por producir también misiles espásticos y cohetes de bajo rendimiento.
Pero misiles espásticos y cohetes nucleares de bajo rendimiento todavía pueden arruinar el día para los Estados vecinos, además de dejar en ridículo el Tratado de No Proliferación Nuclear y las leyes y tratados internacionales que nos quedan. Así pues, si es cierto que Irán no está tan cerca del éxito como hemos temido a veces, ¿no deberíamos hacer más urgentes, y no menos, nuestras deliberaciones? ¿No significa esto que ahora, en lugar de después, es un momento mejor para desarmar a los mulahs?
Recuerden que Irán adquirió una buena parte de su material original en el mercado negro, comprando a través de terceros y utilizando otros medios de engaño, antes de que cualquiera supiera lo que estaba pasando. Esto significa que le sería mucho más difícil adquirir reservas de repuesto bajo el monitoreo continuo de las Naciones Unidas, la Agencia Internacional de Energía Atómica y varios servicios de inteligencia. Lógicamente, entonces, incluso una alteración menor o dislocación de alguna de las sedes iraníes clave podría tener el efecto de retardar todo el frágil programa durante un buen rato. Y, en el intervalo, el reloj interno de la sociedad iraní está avanzando contra la continuación de la dictadura declarada. Así que ¿quién debe estar asustado de quién?
Nunca he estado presente para alguna discusión de medidas posibles que podrían ser tomadas contra Teherán que no se enfocaran obsesiva y exclusivamente en los posibles resultados calamitosos. Israel ataca a Irán y -bueno-, usted puede escribir el resto. Ya sabe lo que sigue. Al parecer nada se puede hacer que no haga peor una mala situación. Como si pudiera haber algo peor que el armamento nuclear de un Estado mesiánico sin ley que ha violado todos los acuerdos que ha firmado con el único fin de comprar tiempo.
En ese caso, los presidentes George W. Bush y Barack Obama y muchos otros nunca debieron decir que tal eventualidad era inaceptable. Debieron haber dicho que había algunas condiciones bajo las cuales era aceptable, y también especificado claramente cuáles eran esas condiciones. Si no hay sable en la funda, entonces no hagamos el error vulgar de agitarla.
Deberíamos, cuando menos, considerar la idea de que, con este régimen en descomposición faroleando y comprando (o más bien robando) tiempo para sus armas de destrucción masiva, ahora es el mejor momento para elevar el costo de tal violación a las leyes y retardar y sabotear los preparativos. ¿O acaso sería mejor esperar y combatir después en términos más iguales? Tan sólo pregunto.
*Christopher Hitchens es columnista de Vanity Fair y Slate Magazine, donde apareció originalmente esta columna. Es receptor de la beca de medios de comunicación Roger S. Mertz de la Institución Hoover de Stanford, California. Para más artículos como éste, visitar la página www.slate.com.
(Traducción de Andrés Shelley)
The New York Times Syndicate.
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