Opinión / Columna
 
Mireille Roccatti 
Lealtad republicana
El Sol de México
10 de febrero de 2012

  «Tempus omnia revelat» **

En los tiempos que vivimos, de pérdida de valores, abandono de convicciones y ausencia de compromisos deontológicos, resalta el papel fundamental que para la República ha tenido en el devenir histórico el Ejército Mexicano.

En ocasión de la celebración el día de hoy del 97 aniversario de la Fuerza Aérea Mexicana y el próximo lunes 13 de la conmemoración del día de la marcha de la lealtad protagonizada por los cadetes del H. Colegio Militar en febrero del aciago año de 1913 frente al golpe de Estado contra el presidente Madero por el sobreviviente ejército porfirista, hace propicio reflexionar sobre el relevante papel que tiene en la actualidad la actuación de nuestras fuerzas armadas.

En los albores de nuestra vida independiente como Nación, el Ejército fue un actor protagónico principalísimo en defensa de sus fueros e impuso y derrocó presidentes en el carrusel de pronunciamientos, planes revolucionarios y golpes de Estado que caracterizaron el siglo XIX y que sólo terminaron con la dictadura de Porfirio Díaz, ascendido al poder también mediante un pronunciamiento militar.

Al finalizar la revolución de 1910 y del epílogo de las luchas intestinas entre las fuerzas militares triunfantes, la revuelta militar de 1929, fue el ultimo intento serio de acceder al poder por la vía militar, descontando las intentonas golpistas del Cedillismo en 1938 que se oponía a la expropiación petrolera, o al aventurerismo del general Gasca en los sesentas. Es por ello que la génesis de la actual Institucionalidad de nuestro ejército se produce cuando el general Amaro profesionaliza a las fuerzas armadas revolucionarias e incluso asimila contingentes de las facciones derrotadas, significativamente villistas y zapatistas.

A partir de entonces nuestras fuerzas armadas han mantenido incólume e invariable su respeto y lealtad al poder político legalmente constituido: junto a Cárdenas, frente al General Calles "jefe máximo de la Revolución" y fieles a los presidentes civiles que encabezaron los sucesivos gobiernos. Posteriormente, cuando en la segunda mitad del pasado siglo en medio de la guerra fría, en la mayoría de los países hermanos de Latinoamérica se entronizaron sangrientas dictaduras militares, nuestro ejército siempre se mantuvo leal a las Instituciones.

Es también de destacarse que en diversas ocasiones las fuerzas armadas en acatamiento al supremo valor de la lealtad, obedecieron a los civiles que detentaban el poder y, apoyaron acciones que les permitieron a éstos sortear conflictos sociales con la clase trabajadora y las clases medias, absorbiendo la institución castrense con estoicismo el costo político y el desgaste resultante.

Hoy nuestras fuerzas armadas constituyen el soporte principal de la política de seguridad pública emprendida por el actual régimen y en acatamiento a las indicaciones del jefe supremo en términos de nuestra Constitución, han salido a las calles a combatir a la delincuencia organizada y el narcotráfico, como lo hicieron también en el pasado reciente cuando se les encomendó la erradicación de los cultivos, cosecha y trasporte de mariguana y amapola, cabe señalar, que la geografía y composición del trafico de drogas era en ese entonces sustancialmente diferente.

Por tales razones debe apreciarse a cabalidad la importancia que para la estabilidad política e incluso para la viabilidad misma del Estado ha tenido la lealtad republicana de nuestras fuerzas armadas, entendida ésta como la cualidad de acatar las leyes, cumplir los acuerdos y el respeto irrestricto a las instituciones de la Republica. La lealtad consiste en estar siempre presente y cumplir siempre con honor. No olvidemos que el antónimo de lealtad es la traición.

En el contexto actual de un proceso electoral de renovación del titular del poder Ejecutivo Federal, de la totalidad del Congreso Federal y de diversas elecciones locales, resulta condenable la actitud oportunista de algunos "políticos de campanario" que pretenden atraer hacia algunos de los candidatos presidenciales el favor del ejército, evidenciando su desconocimiento de la ejemplar conducta institucional de éste. Nuestras fuerzas armadas como cuerpo institucional, no se inmiscuyen en política electoral. El ejército, que quede claro, solo tiene una lealtad inquebrantable con el pueblo de México y con las Instituciones de la República.

** «El tiempo lo revela todo». Tertuliano.

*Profesora emérita e investigadora del

Tecnológico de Monterrey y de la UNAM

mroccatti@yahoo.com.mx
 
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