Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
¿Hasta luego? (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
28 de agosto de 2010

  El martes pasado, los Estados Unidos retiraron sus últimas unidades de combate de Irak. Los 50 mil soldados restantes deberían partir antes del final del 2011. Mientras tanto, encuadrarán al Ejército iraquí.

Es el final de un proceso que, de momento, desemboca en el ideal colonialista: los colonizados mismos se encargan de imponer el orden. Además, no se ha dicho una sola palabra sobre los aproximadamente 80 mil mercenarios de las sociedades privadas de seguridad presentes en Irak, que cumplen, en su mayoría, tareas destinadas normalmente al Ejército de los Estados Unidos.

Se van sin cantar victoria. E incluso sin siquiera decir lo que hacen. Vale la pena citar al portavoz del departamento de Estado explicando que «no es el fin de algo, sino una transición hacia algo distinto. Tenemos un compromiso a largo plazo con Irak». Quisiéramos de verdad saber de qué no es «el fin» y sobre todo, que es esta otra cosa hacia la cual están transitando. Pero ¿lo sabe él? Su patrona, la Sra. Clinton ¿lo sabe? Y el patrón de ella y de todos, el Sr. Obama, ¿lo sabe él mismo?

Lo que ellos saben, como todo el mundo, es que es efectivamente un compromiso a muy largo plazo, si no eterno, pero que de cualquier modo durará al menos durante el tiempo que haya petróleo en Irak y sus alrededores y todo lo que ello ha puesto en juego en la región.

Se van dejando detrás de ellos una situación tal que, mientras que la mayoría de los iraquíes rechazan la ocupación, una mayoría declara actualmente lamentar esta retirada que les parece prematura.

Pero, aunque tal vez tengan que regresar de momento tienen que irse. El electorado americano lo desea masivamente, así como la opinión mundial. Si, se van sin romper filas, más dejan un desorden mayúsculo.

El lugar del que se marchan, Irak, es en parte una ficción. Todavía no es un país. Es un territorio y una población dividida y mal dividida.

En principio, es una República, pero hasta ahora, el Irak post Saddam no ha sido más que una dictadura chiíta aliada a una autonomía curda y a los estadunidenses. El Irak actual es la tentación de perpetuar dicha dictadura. Lo cual trae consigo sus contradicciones.

De su lado, los curdos continúan jugando al mismo juego; ceder a la tentación de perpetuar el protectorado estadunidense del Kurdistán iraquí.

En cuanto a los sunitas, conscientes de que su condición minoritaria es fatalmente perdedora, se adhieren a una planilla nacional laica. Pero su destino y la reacción de los otros países árabes que son también sunitas, sigue siendo una interrogación dramática. La terrible serie de atentados que celebró la partida de los ejércitos de Estados Unidos fue reivindicada dos veces, ambas por sunitas. La primera vez por Al Qaeda que sigue su propia lógica asesina. Pero, la otra, fue hecha en nombre de un ilusorio regreso de los sunitas al poder en Irak.

Otra interrogación esencial es saber qué nuevas formas que tomará la influencia iraní y, sobre el modo en el que los Estados Unidos lograrán o fracasarán en sus tentativas de controlar de todo esto.

La democracia iraquí tiene problemas. Una prueba de que el sistema partidario iraquí fue afectado de artritis precoz es que, aunque haya elecciones aparentemente correctas, éstas son incapaces de designar a un Gobierno. Y es que el problema sigue siendo el mismo a pesar de las elecciones: los chiítas se pelean entre ellos para saber quién, que facción, va a dominar la dictadura chiíta.

Signo adicional de artritis: a pesar de todo lo ocurrido, la clase política no ha sido renovada. Con las excepciones notables del primer ministro Nuri al-Maliki y de Moqtada Al-Sadr, todos los demás políticos importantes a nivel nacional, ya sea llegaron trepados en los tanques americanos, ya sea cruzaron la frontera iraní en limusina.

mehcbv@email.com
 
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