Opinión / Columna
|
Enrique Hett
Errores medio logrados (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
21 de noviembre de 2009
|
Difícilmente podía la prensa europea haber acogido más negativamente las designaciones de Herman Van Rompuy y Catherine Ashton a la Presidencia del Consejo Europeo y al puesto de Alta Representante para la Política Exterior y de Defensa de la UE, respectivamente.
Cabe señalar que, si la desaprobación es auténtica, en cambio, cuando menos por lo que toca a Herman Van Rompuy, la sorpresa es fingida. Hace ya varias semanas que iba en caballo de hacienda.
Pero decepción y desaprobación no están realmente dirigidas a las personas que fueron nombradas.
Aunque fue Jefe de gobierno de Bélgica menos de un año, Van Rompuy gobernó con mucha eficacia en un momento realmente crítico. Su país estaba amenazado de dividirse definitivamente con la separación de las dos comunidades que lo forman, francófonos y flamencos. Su arte consumado del compromiso puede aportarle algo nuevo al Consejo Europeo y a la imagen de Europa.
Ashton, que no tiene la menor experiencia diplomática, tuvo cargos ministeriales menores, pero en los 11 meses en que fungió como Comisaría de Comercio de la Comisión Europea, brilló por su capacidad para destrabar procesos empantanados.
Las críticas están dirigidas a los Jefes de Estado y de gobierno europeos por los criterios en los que basaron sus decisiones: nombrar, ante todo, personas que, por sus características personales y políticas, no los opacaran.
Asimismo, evitar a toda costa que la UE llegue a tener más peso internacional y más prerrogativas que sus propios países.
O sea, que los líderes europeos, y en esto sus opiniones públicas están totalmente de acuerdo, quieren que Europa se desarrolle, pero no a costa de sus países. En una palabra, como dicen en Francia, los europeos quieren la mantequilla y el dinero de la mantequilla. Y si tienen que escoger, prefieren más dinero que mantequilla. Más país que Europa.
Por lo demás, los nombramientos fueron típicos del proceso de deliberación europeo. Puesto que se decidió nombrar a un político de centro derecha, europeísta de hueso colorado con tendencias federalistas, había que compensar designando a una político de centro izquierda, de un país euroescéptico y antifederalista. Qué mejor candidato para esto que una británica, en la persona de Lady Ashton.
El resultado, obviamente, es que la Alta Representante de la Política Exterior y de Defensa no será realmente un canciller. Y el presidente no será un líder, solamente un mediador. Un "facilitador" como se describió a sí mismo, capaz de lograr compromisos, ante todo, pero no sólo, en el seno del Consejo Europeo.
En fin, se ha logrado también otro objetivo que perseguía la creación del cargo de Presidente con un mandato de dos años y medio. Se creó a fin de que, cuando el Jefe de Estado de un país exterior a la UE desee hablar con "Europa", tenga a alguien "a quien dirigirse". Igualmente, para darle "un rostro a Europa", para hacerla reconocible para propios y extraños.
A este respecto, se manejó mucho la puntada de Henry Kissinger. Cuando alguien le preguntó a éste por qué no consultaba algún asunto con Europa, respondió: "¿Europa, cuál es su número de teléfono?".
Por otra parte, el nuevo presidente no hereda todas las facultades de las antiguas presidencias por turno. Cada país seguirá ocupando la presidencia cada seis meses y será su jefe de gobierno el que tendrá la facultad de proponer iniciativas.
Por todo eso, la prensa europea no tiene razón en mostrarse tan crítica. Está pidiéndole peras al olmo.
El proceso ha sido típico de la Unión Europea, de lo que lo frena, pero que también le ha permitido nacer y seguir existiendo.
En todo caso, Kissinger ya tiene a quien hablarle. Europa ya tiene rostro.
La pesada nave de la UE acaba de dotarse de sendos mascarones de proa, pero sigue sin piloto.
mehcbv@email.com
Columnas anteriores
Columnas anteriores