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Opinión
![]() Bricolaje político
Luis Medina Peña
Los pasos del señor López
Organización Editorial Mexicana
6 de junio de 2008
Convengamos en una cosa: desde su más tierna infancia Andrés Manuel López Obrador se propuso ser Presidente de la República. Educado en una escuela primaria oficial en su lejana Macuspana, recibió la versión heroica de nuestros próceres. Le atrajo en particular la de Benito Juárez. Esa visión del indio oaxaqueño que, con tenacidad, nacionalismo, sinceridad y vocación obsesiva se ganó el primer lugar en nuestra historia nacional, le atrajo sobre todos los demás héroes del Parnaso nacional. Sin duda ha leído una y otra vez los "Apuntes para mis hijos" de Juárez. También es posible repase con avidez toda biografía sobre el oaxaqueño disponible en librerías. En suma, Juárez es su modelo.
Y lo sigue fielmente en las tácticas que despliega para conseguir lo que quiere. Todo político tiene que engañar; está en la esencia de su oficio. ¡Ah!, pero eso sí: hay de formas a formas. Y Andrés Manuel ha engañado siempre con la verdad. Desde hace años sigue una misma y sola táctica: desde las tomas de pozos petroleros en Tabasco al inicio de su carrera hasta el reciente debate sobre la privatización de Pemex, pasando por el cierre de la avenida Reforma y la presidencia "legítima". Siempre nos ha anunciado lo que va a hacer, y lo hace. El problema es de sus adversarios, los del PRI y los del PAN, que no saben cómo reaccionar, acostumbrados como están a lidiar únicamente con los que engañan con la mentira. "Allá ellos y qué bueno", ha de decir Andrés Manuel. Y con razón. En cada uno de sus grandes movimientos tácticos está implícito algún tema, cercano o remoto en la conciencia de los ciudadanos, de gran llamado subliminal. Son símbolos muy precisos. Cabe recodar cómo liquidó a Creel en la justa por el Gobierno del Distrito Federal. Lo llamó "totalmente Palacio" ¡y lo era! Representaba el consumismo y la riqueza. Y don Santiago cayó con una sonrisa en los labios. Nadie puede negar el contenido emotivo y subliminal que tenía cerrar la avenida Reforma. No Insurgentes, tampoco Lázaro Cárdenas. O el adoptar el águila republicana como símbolo de su presidencia legítima. Reforma y águila tienen que ver con Juárez. Es pues Andrés Manuel un político de gran intuición, maestro en engañar con la verdad y manipular símbolos. Pero ahora resulta que nos quiere engañar con la mentira. Que está dispuesto, dice, a apoyar a otro candidato a la Presidencia de la República, si él no cuenta con suficiente intención de voto en 2012. Y mencionó a Marcelo Ebrard y a Lázaro Cárdenas Batel. Esto no cuadra con ningún precedente. No conozco político alguno que admita siquiera la posibilidad de darse por vencido con tanta antelación. Quien lo haga con convencimiento es que nunca fue político. Cambio tan radical de táctica quizá se deba al deseo de quitarse presión porque su facción fue derrotada dentro del PRD. Quizá espera darse espacio de maniobra para el siguiente movimiento táctico una vez que se agote el lamentable debate sobre Pemex. Pero cuidado señor López. La mentira es muy difícil de manejar en el ámbito político electoral. No sabemos la opinión de Cárdenas Batel, pues fiel a la tradición familiar se estacionó en la parquedad declarativa. Ebrard aparentemente mordió el anzuelo, pero nadie puede asegurar que no sea a valores entendidos. Pero ¿qué tal si el número suficiente de mexicanos toma en serio la propuesta? Supongamos que empiezan los comités de apoyo a una u otra precandidatura alternativa. Y que al calor de todo ello se desaten las corrientes de simpatías alentadas por serios y poderosos adversarios del PRD y del "presidente legítimo". Esto último no es nada improbable. El problema con las mentiras políticas de largo plazo, señor López, es que son materia prima para las profecías que se cumplen por sí mismas. luis.medina@cide.edu Columnas anteriores
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