Opinión / Columna
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Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Beethoven carta suya a Stockhausen, donada
Organización Editorial Mexicana
9 de febrero de 2012
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Franz Antón Stockhausen era un compositor y arpista célebre en París, y tenía relación con Ludwig van Beethoven, éste ya padece los primeros síntomas de la enfermedad del hígado, aunque no era bebedor como su padre que era alcohólico y que fue despedido de la corte de Viena "debido al vicio de la bebida".
Beethoven heredó el mal del hígado, la cirrosis, aunque era abstemio.
Así, en su carta a Franz, le pide ayuda para encontrar comprador para la partitura de su recién acabada "Missa Solemnis" que Beethoven le dice "considero una de mis obras más significativas". Hasta ahora no se ha encontrado la respuesta de Franz ni siquiera si la partitura fue vendida.
Los comienzos de la Missa Solemnis se remontan a 1814, aunque el proyecto definitivo es de 1818. Los problemas con los que tiene que enfrentarse en la composición de la obra lo absorben tanto que el trabajo crece y alcanza dimensiones enormes. En su amplitud, la obra, en el campo religioso, es una sinfonía.
Durante su juventud había sido reconocido como el retrato de la salud. Su vida irregular, sus fuertes emociones y su testarudez hicieron que su fibra, originariamente robusta, se debilitara notablemente con el tiempo. La cirrosis hepática manifestó los primeros síntomas inquietantes en 1821 cuando le escribió a su amigo Franz Bentano: "En el verano he sido atacado por la ictericia, que me ha durado hasta agosto y sufro hidropesía y en diciembre de neumonía".
A fines de 1826, las enfermedades se desarrollaron tan rápidamente que fueron necesarias, como era usual en aquel tiempo, de tres punciones y logró una cierta mejoría y el ánimo y la esperanza de recomenzar a componer le otorgaron fuerzas. El año anterior terminó de componer su última obra: "Doctor cerrad la puerta a la muerte".
El médico no lo logró y Beethoven falleció a las 17:45 el 26 de marzo de 1827 y es sepultado en el cementerio de Wahring, tres días después.
Su cuñado Huttenbrenner describe el final: "Un rayo iluminó vivamente la habitación del moribundo. Ante este inesperado fenómeno de la naturaleza Beethoven abrió los ojos, alzó la mano derecha y por muchos segundos miró hacia lo alto con el puño cerrado, con un rostro feroz y amenazante, cual si quiso decir: ¡Os desafío, potencias enemigas! ¡Fuera de aquí, Dios está conmigo!".
"Tenía la apariencia de querer apostrofar, como un jefe valiente a los soldados vacilantes: ¡Coraje, soldados, adelante tened confianza en mí, la victoria es vuestra!". Cuando dejó caer la mano sobre el lecho los ojos se cerraron. Ni un respiro más, ni un latido más del corazón. El genio del gran músico había huido de este mundo falaz hacia el reino de la verdad".
Así, la carta a Stockhausen, con una extensión de tres páginas manuscritas con el puño rápido y nervioso de B, con algunas tachaduras, cuyo paradero se desconocía, habrá sido presentada en el Instituto Brahams al cual fue legada por su propietaria, Renata Wirth, bisnieta del destinatario de la misiva.
La familia Stockhausen logró salvar la carta de las dos guerras mundiales y más de veinte cajas de archivos.
El Instituto Brahams tiene su sede en el Conservatorio Superior de Música de Lubeck, en el norte de Alemania.
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