Opinión / Columna
 
María Antonieta Collins 
Las empanadas de la misericordia...
Organización Editorial Mexicana
23 de septiembre de 2015

  Para cuando lea esta crónica las empanadas argentinas que llevé al papa Francisco son ya parte de la historia personal de esta reportera.

Como siempre, la mejor parte es lo que queda afuera, o bien por tiempo, o porque no tiene caso contarlo, pero en esta ocasión sí.

Pensando durante mucho tiempo lo que llevaría de regalo a Francisco en el avión papal me encontré con que lo mejor sería algo de su tierra que no ve desde hace casi tres años.

¿Qué regalarle a un Papa argentino? ¡Empanadas

argentinas!

Esto se me ocurrió un día comiendo en el restaurante de mi amigo Miguel de Marziani, "El Rincón Argentino".

Pero de pensarlo a lograrlo habría un largo camino que comenzó cuando le pedí a Miguel me hiciera las cuatro docenas que calculé podría llevar cargando a lo sumo en mi maleta de mano.

Después, fue cuestión de pulir los detalles con Valentina Alazraki, la decana de la prensa vaticana con quien consulté la posibilidad.

Cuando ella me dijo "Es un gesto bonito porque este Papa desdeña los lujos y eso es algo sencillo, que además le recordará su tierra. Al escucharla supe que estaba en el camino correcto".

La próxima en el OK era la productora ejecutiva de Noticiero Univisión María Martínez-Henao con quien he corrido las aventuras periodísticas más arriesgadas de los últimos dos años.

"Es una buena idea y cuenta con mi apoyo". De esta forma los pormenores iban avanzando.

El día del viaje llegué por las empanadas temprano al restaurante de Marziani, de ahí al aeropuerto de Miami y a NY al trasbordo y finalmente a una Roma calurosa inexplicablemente en esta época del año. Nos tomamos una foto por si la aventura se cumplía, porque además había la posibilidad que no me permitieran en los controles de seguridad llevarlas. Afortunadamente nada malo pasó.

De inmediato, del aeropuerto de Fiumicino las empanadas fueron a la nevera de casa de Alazraki, donde estuvieron hasta horas antes de la salida.

Estaban congeladísimas, tanto que temí que no se podrían entregar.

La secadora de pelo trabajó sobre la caja con el lazo azul e hizo el milagro y las empanadas cobraron vida.

De ahí, al momento extraordinario de la entrega, cuando el papa Francisco rió y se emocionó y pidió las calentaran... y de paso me bendijo.

Tomó dos y las demás ordenó cortarlas en 76 pedazos para cada uno de los periodistas de la sala en el aire. ¿Qué nos quiso decir con esto? Que debemos ser generosos y repartir lo que tanto nos gusta. Al final pienso que además de Papa es un hombre bueno y además generoso. Todo deja una enseñanza: aquellas empanadas eran producto de unos inmigrantes hispanos, llegados a los Estados Unidos a trabajar y que tanto han querido que su paisano más distinguido en el Vaticano tuviera en sus manos.

No llegué a Miami para ver a Marziani llorar de emoción cuando le han entrevistado por sus empanadas -que dicho sea de paso- pedí como cliente y pagué por ellas, mas sé que vivió con emoción el final de un secreto celosamente guardado que dio al Papa la dimensión real de los latinos que vienen a trabajar en Estados Unidos.

La emoción me sigue embargando al final de la jornada, porque la recompensa fue esa bendición del hombre bueno con la que me quedo de por vida. Y me quedo también con su sonrisa genuina, de niño con juguete nuevo ante las humildes empanadas argentinas que una reportera hispana le llevara desde Miami como una inmigrante más. Amén.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas