Opinión / Columna
 
María Antonieta Collins 
¿Dónde está la otra Alondra?
Organización Editorial Mexicana
24 de abril de 2015

  Desde Miami



Cuando en exclusiva Noticias Univision Canal 45 Houston abrió por la madrugada del martes pasado y en cámara los resultados de la prueba de ADN a Dorotea Garcia, madre de Alondra, la joven que encontró en Guanajuato y que se llevó supuestamente como su hija con el beneplácito de las autoridades mexicanas que se la entregaron, la sorpresa fue que la muchacha que por la fuerza le habían entregado y que se llamaba Alondra, supuestamente la hija que busca hace ocho años, no era la suya, y la vimos casi desfalleciente ante el giro que tomaba la historia que había comenzado cuando su esposo robó a su hija pequeña y se la llevó secuestrada a Guanajuato, México.

No voy a hablar del proceso ni de quién tiene la culpa o no de la entrega de la menor equivocadamente. Voy a hablar de algo más que tiene que ver con los primeros desaparecidos de las fosas de Iguala y que es un deber moral en ambos casos.

Cuando en septiembre pasado encontraron la primera fosa con 38 cadáveres que todos creían que pertenecían a los desaparecidos de Ayotzinapa y las autoridades salieron luego de los estudios a desmentir que se tratara de los estudiantes, diciendo "No son ellos" ¿Qué sucedió?

Que pocos repararon en algo: si no eran los estudiantes, de cualquier forma habían ahí treinta y ocho cadáveres de personas asesinadas y que se encuentran desaparecidas provocando con esto tragedia y tristeza en treinta y ocho familias que seguramente, desesperadas les han buscado.

La respuesta que indignaba era: "No son los estudiantes" y nadie se alcanzaba a preguntar: ¿Quiénes son esos muertos? ¿Acaso no hay que buscar a sus familiares?

Ahí quedaron en el servicio forense para seguir complicando las identificaciones, sabrá Dios de quién, porque a nadie le interesó responder la ética pregunta.

Y es aquí donde pienso en Alondra Díaz Garcia, hija de Dorotea Garcia, la mexicana residente en Houston y quien desesperada se encontró de pronto con que su lucha por hallar a la joven tendría que continuar con la desesperanza de la hija secuestrada por el padre.

Pero hay algo que debiera preocupar a las autoridades mexicanas y es, darle seguimiento a la noticia, porque más claras no pueden estar las pistas.

Primero, es cierto que no era Alondra la que andan buscando, pero, ¿entonces dónde está la verdadera Alondra?

Las investigaciones tendrían que buscar otras líneas, por ejemplo que entre el padre biológico de la Alondra desaparecida y el padre biológico de la Alondra que no era, hay un parentesco: son concuños, por lo tanto, no hay que ser un Sherlock Holmes para imaginar que deben de saber toda la historia de la Alondra norteamericana y más aún: su paradero.

Pero nadie habla del caso en esa familia.

Para Dorotea, quien quisiera abrazar a su hija, las cosas se demoran toda vez que nadie de la familia de la Alondra equivocada quiere abrir la boca, y mucho menos hablar de donde podría encontrarse el padre que se llevó a México a su hija, lo cual podría darle la pista de donde se encuentra la niña, de la Alondra verdadera.

La razón es sencilla: si dicen donde se encuentra el ex esposo de Dorotea, estarían dando las pistas para detener a un hombre que se encuentra prófugo bajo el delito de haber tomado a una menor sin el consentimiento de su madre y guardiana y la cárcel le aguarda.

A Dorotea no le queda sino esperar y seguir la bíblica frase: ante la decepción de no haber encontrado a su hija, le queda el camino que la puede llevar a la verdadera Alondra.
 
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