Opinión / Columna
 
María Antonieta Collins 
Selena Quintanilla veinte años después...
Organización Editorial Mexicana
27 de marzo de 2015

  Desde Miami



Pareciera que apenas han pasado acaso unos cuantos años de que Selena Quintanilla no existe en este mundo, hasta que la crudeza del calendario nos muestra que de aquel fatídico 31 de marzo de 1995 a hoy distan la friolera de dos décadas.

No me puedo abstraer a los pormenores de aquel juicio a Yolanda Saldívar, la asesina de la cantante a quien llamaban "La reina del tex-mex", y como las argucias legales de sus abogados casi le sacan en libertad, luego de haberse jugado la carta más crucial: haber logrado convencer a que el juez del proceso aceptara que la pregunta que tendría que responder el jurado que escucharía a testigos y evidencia, seria únicamente si Saldívar había matado intencionalmente a Selena o si creían que habría sido una muerte accidental.

Fueron tres intensas semanas de juicio en la corte de Houston donde, se le garantizóa Saldívar con el cambio de ciudad, que verdaderamente tendría acceso a un proceso justo, fuera de donde había nacido y se había criado Quintanilla y que era Corpus Christi.

Pero másallá de lo que sesabe a diestra y siniestra sobre los pormenores del crimen, en muchos queda la pregunta eterna: ¿Quién sería hoy Selena si no hubiera muerto aquel día de hace veinte años?

Pregunto a musicólogos y todos están en la respuesta correcta: seria la heredera natural del carisma y el éxito de Gloria Estefan, dado al número de la comunidad hispana de Texas y California que la seguían con locura.

En el plano personal, me dice otra fuente, como ella ya hablaba de tener hijos con Chris su esposo, seguramente que habría tenido uno o dos y, por supuesto que seguiría unida a Pérez con quien tenía una relación de gran compañerismo.

Sigo pensando en la Selena de "No me queda más" y cuya vida quedó truncada en el pasillo del hotel DaysInn de Corpus Christi.

Recuerdo a Marcela, su madre, cuando hace dos décadas, rota de dolor no podía creer que su hija pequeña había muerto. "Nada, ninguna justicia que se busque me la podrá devolver".

Suzette la hermana que la acompañaba en la batería y Abby el hermano con el que compuso varios de sus grandes éxitos habían quedado como huérfanos de quien llamaban "nuestra hermanita menor".

Todos han preservado la memoria en el museo en su honor que se ha instalado al lado de "Q" Productions, la compañía que aun maneja sus productos musicales. Ahí está el famoso vestido blanco con el que ganara el Grammy y su auto deportivo rojo y los premios y las fotos y las miles de menciones.

Seguro que en veinte años la carrera hubiese producido decenas de éxitos. Que la evolución de Abby al crear su grupo "Cumbia Kings" hubiera trasplantado en ella todos los nuevos ritmos, incluido el reggaetón y el rap para que Selena se luciese tal y como sucediera con "Carcacha" éxito en el que pocos confiaban, pero que ellos sí, y que se hizo favorito de los fans.

Pienso en su línea de ropa y en las boutiques que ya teníaabiertas, y en los salones de belleza y en sus peinados que creaban tendencia de inmediato en cientos de miles de jóvenes mexicoamericanas sedientas de tener no solo un ídolo, sino un modelo real para seguir, y pienso en lo que hoy Selena estuviera viviendo.

Fui por su tumba en el cementerio de su ciudad natal y me quedo observando la lápida con una flor de bronce, en remembranza de uno de sus grandes éxitos: "Como una flor".

Recorro el boulevard de Corpus y me detengo frente a la estatua que le erigieron y donde a cualquier hora se pueden encontrar fans tomándose fotos.

Encuentro a una mujer con lágrimas en los ojos y preguntando a quien quisiera oírla: ¿Qué hubiera sido de ella si la bala asesina, una sola, en vez de terminar con su vida, le hubiera permitido vivir?

Nadie tiene respuesta ante lo inevitable. Lo único real es que se cumplen dos décadas de su partida.




















 
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