Opinión / Columna
 
María Antonieta Collins 
Cooperación... no hay peaje... ¿Sabe a quién le ha dado?
Organización Editorial Mexicana
12 de diciembre de 2014

  Desde San Antonio, Texas



Me quedo boquiabierta observando lo que este jueves fue un video de los llamados "virales" en las redes sociales mexicanas, que veían el fenómeno como algo recién descubierto.

Para mí no lo era.

Las imágenes mostraban una grabación en secreto de lo que hacen los grupos de manifestantes que toman casetas de peaje, luego de que terminan de cobrar "la cooperación" y se disponen a contar el dinero que han sacado.

Muchos de ellos felices ante tanto dinero en morralla. Otros estaban contabilizando los billetes y las caras de todos ellos en realidad eran, no de quien está buscando los fondos para financiar las actividades políticas, sino más bien un botín.

Pero la imagen no me era extraña porque hace más de un mes, mientras realizaba la cobertura de los hechos de Iguala, tuve la idea y pude realizarla en un reportaje que mostrara al público lafácil forma en la que un grupo, cualquiera, toma las casetas de la carretera Cuernavaca.

Así fue que decidíinvestigar, que tan difícil seria vestirme de "manifestante pro Ayotzinapa" y la cosa resultó un gran experimento.

Gasté menos de cien pesos en dos paliacates y gorras para cubrir el rostro, plumones y cartulinas para hacer letreros y compramos un bote para recolectar "la cooperación" que recibiera, y armada con esto, y junto al camarógrafo y el chofer que nos conducía en Iguala, me dispuse a hacer una historia sobre lo fácil que es convertirse en alguien que en aras de un reclamo social se pone a tomar las instalaciones federales, como una carretera sin que pase absolutamente nada malo.

Tomamos la idea el día que un grupo que se hacía pasar por estudiantes, pero que en realidad no tenían pinta de eso, sino más bien de pandilleros, hizo lo mismo en la carretera que conecta a México con el sur por la zona de Guerrero.

Se pusieron las máscaras, tomaron las casetas y los empleados del lugar simplemente les permitieron estar ahí "pidiendo la cooperación" por el tiempo que ellos dispusieran.

Cuando les pregunté que a nombre de quien hacían eso, me contestaron con la frase de moda:

"Todos somos Ayotzinapa".

"Ante eso -me dijo un empleado de la caseta de peaje- nosotros no podemos hacer nada. Simplemente observar."

Poco después la policía federal que cuida el sitio llego a entrevistar a los manifestantes, pidiéndoles su filiación.

"Somos del sindicato de protestas organizadas".

Al escuchar el nombre, y ver a los uniformados escribir con seriedad aquel nombre que más bien parecía sacado de una broma, y después de eso verles retirarse, la pregunta en la mente de nosotros era la misma: ¿imagina la gente a quien le da dinero? ¿Qué hacen los que recolectan estas cantidades con el dinero? ¿A dónde va a parar?

La realidad es lo que muchos sospechan: que va a manos de muchos que se están escudando en la sombra del conflicto de Guerrero.

Son decenas de grupos, es más, que no son ni grupos. Me dicen en varias casetas de peaje que en muchas ocasiones han visto a familias enteras vestirse con el paliacate y cubrirse el rostro antes de ponerse a "tomar las instalaciones" y luego campantes irse con el dinero a casa.

Lo hacen porque saben que no hay consecuencias legales. Que todavía pueden pararse ahí sin perjudicar lo que para muchos es una violación a las leyes federales de vías de comunicación.

Volviendo a mi experiencia, esta me dejo más de mil pesos en menos de veinte minutos, aunque debo aclarar que cada peso que recibí, en aquel mismo momento lo devolvía a quien me lo daba luego de que le recitaba la consigna: "Cooperación... no hay peaje".

Renuncié a lo que otros hacen varias veces al día en muchas carreteras mexicanas: "Hacer su "agosto" en diciembre".

Fácil fue llegar, caracterizarme, sacar dinero e irme después sin que nadie me dijera nada ni me prohibiera hacerlo.

"Es en aras del derecho a la libertad de expresión" -dicen los manifestantes- .

Esto es en detrimento de los buenos mexicanos que aún siguen confiando en quien los sigue defraudando. No hay más.




































 
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