Opinión / Columna
 
María Antonieta Collins 
¿Una guerra de baja intensidad?
Organización Editorial Mexicana
21 de noviembre de 2014

  Desde Miami



Regresé de un tercer viaje a Guerrero llena de preguntas sin respuesta, aunque a decir verdad, una de las preguntas que respondieran muchos guerrerenses lo mismo de Iguala, que de Cocula, que de Huitzuco, que de Chilpancingo, es la que lleva a que muchos reflexionen.

"¿Qué va a suceder en Guerrero con la violencia diaria, con las decenas o sabrá Dios, cientos de tumbas clandestinas? Pregunté por todas partes.

Lo que me dijeron me ha dejado pensando mañana y noche.

"¿Guerra civil? ¿Aquí en Guerrero? Nooo. ¿Pues de que hablan? Aquí la población civil vive una guerra de baja intensidad sin declararla como tal, y que es lo que por años hemos tenido aquí. Y quienes digan que esto no es cierto, basta revisar los periódicos para recordar a los desaparecidos, las masacres. Ver el miedo con el que viven los habitantes y que se lo inculcan a sus hijos. Nadie o casi nadie sale de noche en Iguala o Chilpancingo a una fiesta o a una "Disco" sin el temor de pensar que van a divertirse, pero que podrían no volver nunca más a su casa a ver a los suyos porque, o les "levantan" es decir, les secuestran, o si corren peor suerte les matan y nunca más se vuelve a saber ni en donde fue que quedaron."

Entrevisto a la cuñada de un desaparecido desde hace dos años y ella me amplia lo que otros repiten.

"¿Qué no sabe usted que es una guerra de baja intensidad? Hay que vivir a diario en este Estado que no va a encender ningún conflicto armado en ninguna parte. Lo que aquí vivimos de sangre y muerte seguirá sucediendo sin que se extienda a ningún otro sitio más que nuestro dañando Estado, tal y como ha venido aconteciendo por décadas. Más claro: que seguiremos matándonos todos los días. Seguirán muriendo todos aquellos que tengan la mala suerte de cruzarse en el camino de los delincuentes, pero de ahí a que esto se convierta en una guerra civil originada en el descontento social de Guerrero, no. No creo."

Pregunto a un experto y tiene más o menos el mismo punto de vista.

"Aquí no va a suceder nada más que masacres y muertos por todas partes, pero no en grandes cantidades, sino seis o siete cadáveres, unos pocos más. Se tratará entonces de muertos por ajusticiamientos entre ellos o de muertos que fueron secuestrados y que no lograron lo que se propusieron los secuestradores económicamente con los rescates y que en el momento en que la familia no podía cumplir con las exigencias, los aniquilan. Es decir: más dolor entre las familias mexicanas con la desgracia de sufrir una tragedia donde se desaparezca a un familiar."

Recuerdo en tanto, las lágrimas y la desesperación de cientos de familiares de los "otros" desaparecidos en uno de los días pasados en la iglesia de San Gerardo de Mayela donde el Padre Prudenciano les dio cabida para una reunión "sui generis": aquella donde la sociedad civil organizó para que una universidad inglesa supiera de todos ellos, ya que han donado quinientas pruebas de ADN para quienes no tienen dinero para realizárselas en Iguala y quienes de esta manera, al aparecer nuevas fosas clandestinas o que se conozcan los resultados de los restos hallados en los últimos dos meses, entonces pudieran saber si alguno de sus familiares desaparecidos se encuentran ahí.

"Nosotros no podemos ponernos más fatalistas de lo que la situación aquí nos vuelve diariamente, porque la verdad es que tenemos que estar alertas para pelear por los demás -dice un defensor de los derechos humanos- lo cierto es que ahora nos toca ayudar a todos aquellos que se encuentran en Estados Unidos, que son de Iguala y alrededores y que viven en Chicago o Los Ángeles y que saben que no pueden viajar a México por miedo o por falta de papeles, y que necesitan hacerse la prueba de ADN para poder reclamar a algún familiar desaparecido y que se encuentre en las fosas clandestinas descubiertas. Esa es la tarea siguiente".

"En verdad que no podemos perder el tiempo de especular con que si esto va a encender un conflicto porque nosotros mismos vivimos en una guerra de sentimientos todos los días. Hay que vivir en Guerrero para saber lo que es el miedo, la incertidumbre y la tristeza. Pero, ¿de aquí, a algo más grande? No. Seguiremos matándonos poco a poco sin que a muchos les interese, más allá de los cuarenta y tres nuestros que están desaparecidos".
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas