Opinión / Columna
 
María Antonieta Collins 
Los mexicanos de Colorado... una comunidad como pocas
Organización Editorial Mexicana
31 de enero de 2015

  Desde Denver



Me quedo impresionada mientras desayuno, al ver la velocidad y empeño con las que un joven "busboy" como llaman a los ayudantes que limpian las mesas. En menos de quince segundos ese muchacho limpia con esmero cada una de las mesas que se desocupan y que de inmediato tienen que ser dejadas impecables para los nuevos clientes del restaurante que abre desde las cinco de la mañana.

Al verlo me viene un aire de nostalgia porque mi mente vuela a la década de los ochenta y noventa cuando las comunidades mexicanas en este país eran todas así: gente muy trabajadora a quien nadie acosaba y que estaban felices de trabajar donde tanto los querían.

Sigo observándole. No importa ni el frio ni la nieve para Juan Carlos. Lo suyo es venir a cumplir en un sitio donde todos los hispanos que trabajan, en su mayoría mexicanos, parecen estar felices y en un sitio donde les quieren y aprecian. Aquí la palabra discriminación no existe.

"Yo soy feliz trabajando en lo mío." Dice este nativo de Arandas, Jalisco.

Pero no es el único en pensar así, lo que sorprende a esta reportera que escucha a diario historias de horror y abuso a nuestra gente.

"Aquí el patrón es más que bueno. Nos entiende y lo entendemos y por eso es que hacemos mejor nuestro trabajó" dice Héctor, quien hoy está lo mismo en el bar, que tras la barra, que supervisando que todo esté funcionando sin problema alguno en el restaurante, que a leguas se ve que ama tanto como si fuera el dueño..

Ha recorrido un largo camino material y emocionalmente.

Héctor llegó de Arandas, Jalisco, a Denver a los quince años y de inmediato tuvo suerte: encontró trabajo limpiando mesas en el restaurante situado en pleno centro de la ciudad y además con un buen patrón que le dio trabajo sin importar más que la buena disposición que tenía el casi niño que le había ido a pedir empleo.

De inmediato Héctor comenzó a limpiar mesas, pero sabía que lo suyo sería largo y de gran aprendizaje porque sabía que estaba sembrando las bases de su vida a futuro aquí. De sus treinta años de vida ha pasado aquí más de la mitad.

"Me tocó aprender de todo. Comencé como todos, limpiando mesas, después pasee a todos los otros oficios que se pueden tener para conocer cómo se maneja un restaurante hasta lo que es hoy, que puedo lo mismo servir un trago del bar, que ver que algo falta para que las cosas no salgan perfectamente como usualmente son en un restaurante donde siempre hay mucha gente pidiendo cosas distintas".

Le digo que los veo a todos muy contentos a pesar de que son tiempos difíciles para quienes no tienen papeles en Estados Unidos.

"El patrón es tan bueno que siempre nos ha dicho que no nos preocupemos de nada, que el siempre estará con nosotros. Yo miro desde aquí la diferencia con todo lo que pasa en nuestro México y veo que sin importar como la estamos pasando aquí, por lo menos estamos seguros y con un trabajo."

Para Héctor y para Juan Carlos ha pasado un gran tiempo, más de una década en que no han regresado a su Arandas natal.

"Yo invito a mis padres a que vengan de vacaciones, -cuenta Héctor- no importa cuánto tiempo, pero de vacaciones y no quieren. Me dicen que no, que ellos prefieren quedarse en su casa allá donde siempre han vivido. No les intresa salir a ninguna parte por bonita que sea."

"A veces yo extraño aquello, las fiestas, ver a la familia, la casa, pero sé que no podemos movernos de donde estamos y que al final, aquí es donde he aprendido a tener otra visión de la vida. Aquí ya hice a mi familia. Estoy casado con una mexicana y tenemos tres niños: de nueve años, de ocho y de cinco meses."

Ambos dejan pronto de contarme sus fascinantes historias de triunfo para volver a lo suyo entre las mesas y la cocina, y me queda la nostalgia de compararlos con otras comunidades mexicanas en los Estados Unidos, mismas que hoy están plagadas de problemas, y que entonces eran tan buenas como lo son hoy estos mexicanos de Colorado. Solo pienso en que si pudiera pedir un deseo, este debiera ser que lo sigan siendo así para siempre.


 
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