Opinión / Columna
 
María Antonieta Collins 
Coatzacoalcos: el Nueva York jarocho
Organización Editorial Mexicana
5 de septiembre de 2014

  Aunque nací en Veracruz, mi niñez y adolescencia transcurrieron en este puerto de Coatzacoalcos al que añoro y al que nunca, ni en mis sueños más guajiros pensé dejar para irme a vivir ni siquiera a la capital, mucho menos a Estados Unidos.

Hace años, cuando estudiante de la entonces única escuela que este puerto tenía para educación media superior, la secundaria y de bachilleres "Miguel Alemán González" llegar todas las mañanas desde mi casa en el suburbio de Allende, al cruzar el río Coatzacoalcos, era toda una aventura. El único medio de transporte eran las lanchas de una cooperativa muy folclórica pero efectiva que funcionaba materialmente contra viento y marea, es decir, con los nortes y los vientos huracanados que azotan la región de agosto a diciembre, lo que me hacía llegar empapada a la escuela donde usualmente la burla era: "¿Ves? Es que somos la Nueva York de Veracruz y Allende es nuestro Manhattan, así que por eso vienes mojada."

Fueron proféticos y le cuento por qué.

Cuarenta años después, en verdad que mi Coatzacoalcos es un Nueva York veracruzano porque es el centro neurálgico de la petroquímica, dotado además de un malecón que es el más grande que una ciudad mexicana tenga. Ni Nueva York lo tiene. Con todo respeto, como decimos los jarochos: Ya quisieran.

Resulta que estoy aquí unos días en casa de mis amigos Pepe y la Chata Tubilla, quienes al recibirme me trajeron por esta inmensa obra del malecón coatzacoalqueño, orgullo de la ciudad.

Días después, paseando por la playa con una política nata, aunque sin cargo público y a quien conozco desde la niñez, Chabela Oriani, esta me explicaba con orgullo.

"Hemos cambiado tanto y en verdad que el malecón es toda una obra social que varias administraciones municipales como la de Marcelo Montiel, por ejemplo han hecho cosas por el pueblo y es más que un decir, porque los alcaldes lo siguen haciendo. No solo es la construcción paulatina de más de quince kilómetros, sino también las plazas recreativas construidas a lo largo. La de la Paz, la de la marina, la de las culturas, la de la pirámide. Todas tienen un significado. La que tiene esculturas de la torre Eiffel, Beethoven, una tehuana, una jarocha, un samurái, nos recuerdan que inmigrantes alemanes, franceses, japoneses, llegaron a esta entrada del Istmo de Tehuantepec a mezclarse con nuestra cultura."

Le digo a ella y a Grethel Lemarroy, otra amiga de siempre que nos acompaña, que nunca me imaginé ver a tanta gente reunida en la pirámide en el malecón, lo mismo haciendo ejercicio a toda hora, que gozando de un paseo para el que solo se necesitan ganas de hacerlo porque no cuesta nada, con la vista incomparable del Golfo de México y del Cerro de San Martín.

"Es que este es un lugar efectivamente hecho para el pueblo -me dice Oriani- observa a la gente: aquí en verdad que se divierten sin tener que pagar." Le hablo entonces de la generosidad de nosotros los veracruzanos, porque leí en el periódico que la alcaldía hizo hace unos días unos quince años masivos.

"Eran más de cien muchachitas a quienes se les festejaron sus "quince" con vestido largo, foto, misa, fiesta, baile y padrino que fue Joaquín Caballero, el actual alcalde quien hasta bailó con cada una de sus ahijadas. Lo importante era cumplirles un sueño a todas, quienes de otra forma no hubieran tenido nada porque sus familias no tienen con que festejarlas."

La plática sigue mientras recorremos el inmensamente largo malecón. Le pregunto por las nuevas construcciones de centros comerciales, cada uno diferente y bonito. Son muchos y de todos tamaños.

"Es que son el centro de reunión para todos. Mucha gente que no tiene ni aire acondicionado en sus casas, pues se pasan aquí las horas de calor, y así se les va el día. Ahora hay muchos sitos para todos los bolsillos." Les digo que las cosas han cambiado de hace cuarenta años cuando la diversión era solo ir a casa de amistades. "Y si no tenías amigos o los que hacían una fiesta no eran tus amigos, pues te quedabas encerrada o te contentabas con dar vueltas en el parque. Hoy hay aquí a donde ir. Lo más importante es que nosotros seguimos creciendo."

Me quedo extasiada viendo el inmenso malecón. Tomo fotos, muchas. La bandera monumental ondeando en el malecón de lo que fue mi Nueva York jarocho y me llevo esto conmigo de regreso a casa.
 
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