Opinión / Columna
 
María Antonieta Collins 
La lección del Piojo...
Organización Editorial Mexicana
31 de julio de 2015

  Desde Hartford, Connecticut



No hay un solo rincón donde haya mexicanos que por lo menos esta semana, ignoren lo sucedido con la salida de Miguel Herrera, como técnico de la Selección nacional de México y lo que le costara su salida.

"No lo salvó de su carácter, dice un mexicano que vende tacos- ni que hubiera ganado la Copa Oro. La prepotencia no deja nada bueno, y peor aún, que después hay que andar pidiendo disculpas." Una mexicana joven, residente en esta ciudad, viene a mí en el aeropuerto, y de bocajarro me sorraja la pregunta que hace reflexionar.

"Está mal doña, que el periodista haya criticado personalmente al Piojo, pero está peor que el Piojo se haya hecho de palabras frente a todos en el aeropuerto, eso fue muy malo y por eso es que le pregunto a usted si no sería cosa del machismo eso de enfurecerse al grado de pegarle a una persona, y encima de eso recetarle el clásico... 'Te voy a partir... ya sabes que...'"

"La clásica excusa -sigue diciéndome esa mexicana- es que el Piojo es conocido por su temperamento volátil y que explota de cualquier cosa, cuanto y más si supuestamente se estaban burlando de él. Pero más a su favor hubiera estado que, como hombre con sentido común, todo el que usa para armar la escuadra nacional de futbol, hubiera pensando un momento sobre algo: ¿Acaso no hubiera sido preferible que ignorara totalmente a quien lo estaba ofendiendo, en lugar de irse a los golpes con todo y con su hija que estaba furiosa defendiendo a su papa?

Esta mujer me hace pensar en otro escenario que pudo haber hecho totalmente opuesto lo que sucediera alrededor del incidente.

¿Qué tal si el señor Herrera se calma, no se sulfura, no se le sube el coraje e ignora totalmente a su agresor verbal y cuando ve que su hija va a defenderlo -con todo el derecho de hija- en ese momento la conmina a hacer caso omiso del comentarista ofensor y ambos, el Piojo y su hija se alejan del potencial escándalo que podría formarse?

Si eso hubiera sido así, nada malo hubiera sucedido.

El circo romano no hubiera funcionado, Miguel Herrera tendría su puesto de director técnico de la Selección nacional, y su hija no hubiera sido exhibida en los videos, porque no hubiera habido nada que mostrar.

Por el contrario, ya ni que decir de los "paparazzi" aficionados que rápidamente tomaron los celulares, grabaron lo que pudieron y vendieron los segundos de video, -conozco por lo menos a dos que lo hicieron- y que cobraron dos mil quinientos y cuatro mil dólares por esos instantes de la bronca captada en la cámara del teléfono, uno de esos videos incluso, con la señal del dedo al camarógrafo, lo que hizo más valioso lo que se iba a vender.

La realidad es una: hay dos lecciones para todo el mundo en medio de la crisis del Piojo Herrera: Una, que nada ni nadie vale la pena para sulfurarse hoy en día, cuando cualquiera puede hacer un video y dinero a costillas de algo que nos suceda.

La otra razón la dice la mexicana de Hartford: "La soberbia de una persona no debiera borrar la razón para pensar en las consecuencias de ir a dar un golpe a otro, especialmente cuando se está representando a un país. Si son ciudadanos privados, allá ellos y las leyes que los castiguen, pero cuando se está con el nombre de un país a cuestas, las consecuencias las pagamos todos: con la enorme pena de que nos digan, "que, ¿ustedes no son "peleoneros" como el Piojo? Avísame, porque si no, salgo corriendo en este instante."

Yo me quedo callada, pensando en el fatídico hubiera, que sé que no existe. Y no hay más.
 
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