Opinión / Columna
|
Jaime Alcántara
Responsabilidad
Organización Editorial Mexicana
23 de noviembre de 2009
|
El Presidente está mal aconsejado, de eso no hay duda. Los hechos de las últimas semanas así lo demuestran. Pareciera como si quisiera alejarse de un poderoso sector, que es el que más influye, el que más se mueve. Y a nadie conviene que él esté mal. Un Presidente, un titular del Ejecutivo, un garante de la tranquilidad social no puede meterse en intríngulis. Por ejemplo, no sirve para fines de la gobernabilidad cargarse hacia un partido, así sea el de sus amores. Tampoco, enredarse en dimes y diretes con organizaciones o sectores por temas que son responsabilidad de otro nivel. Eso lo vuelve vulnerable, susceptible. Le mina autoridad. Un asunto que, en la forma, se lleva bien, es el de la desaparición de LyFC. Esto no quiere decir que comparto o rechazo lo que se haya hecho. Simplemente me refiero a la manera cómo ha enfrentado el Gobierno, mediáticamente, el problema. Aquí, Javier Lozano ha hecho lo que le corresponde. Ha cumplido con su responsabilidad de titular de ese ramo de la Administración Pública. El Presidente prácticamente no se ha pronunciado al respecto. Eso no quiere decir que él no sepa, que él no lo haya ordenado. Pero aquí es donde entra lo que decía aquel gran maestro de la política, la forma es fondo. Y, la política, en mucho, es forma. La vida, en lo particular, también es así. Cuántas veces hemos visto que la familia se distancia por un dicho, por un señalamiento, aunque en el fondo haya sido solidaria, corresponsable. De allí mi aserto.
Las polémicas por el paquete fiscal, por ejemplo, causaron daño a todos, sin distingo. Aunque, tengo la sensación que el principal dañado será el Presidente. Habrá que ver las próximas calificaciones que tendrán que publicarse en las semanas que vienen. Pero en el percance podemos ir todos. Si la economía anda mal, y consecuentemente el empleo, entonces las capas más sensibles de la sociedad pueden reaccionar. Esto es un asunto que no requiere de mayor estudio. Maurice Duverger decía que las clases medias eran el pantano, por la forma cómo se mueven, cómo reaccionan ante casi cualquier hecho. Pero, al confrontar situaciones de desesperación, son las que encabezan las protestas y los movimientos sociales. En el 68, por ejemplo, no fueron los campesinos y los obreros en el fondo. Fue la clase media la que más participó, la que exacerbó, la que planeó, aunque haya sido mayoritariamente un movimiento estudiantil, de masas. Esto, para quienes participaron, puede sonarles profano y causar polémica. Pero las clases medias (o clase) fueron las que soportaron (y/o ayudaron) para que las acciones llegaran donde llegaron. Y esas clases medias son las que pueden reaccionar, sorprendentemente, ante coyunturas. Porque estas capas de la sociedad son las más ilustradas, proporcionalmente hablando, en comparación con el resto de la población. Son quienes más usan internet, quienes más escuchan noticias, quienes más leen. De allí que el Presidente debe cuidar lo que hace, lo que dice. Si bien la cantidad de recursos que se van a los medios puede filtrar lo dicho (ya lo vimos con Fox), también hay independientes que publicarán lo literal, lo real.
En épocas de crisis, de tiempos pasados, cuando el petróleo no tenía la riqueza de hoy, había un referente, "un fiel de la balanza" (no necesariamente electoral), un voto de calidad. Claro que hablo para quienes no queremos violencia, quienes amamos la libertad, en armonía, con progreso. Para quienes anhelan lo radical un estallido social sería lo que siempre habrán soñado. El Presidente, en conclusión, tiene aquella gran responsabilidad. No es Pedro Pérez que puede actuar con la víscera, con el impulso que genera una mala noticia. La mesura, que siempre se le había visto, pareciera que lo abandona, que algo o alguien aguijonea para buscar ganancias en la confusión. Felipe Calderón, no debe olvidarlo, tiene la obligación constitucional de entregar un país en calma, con tranquilidad. Suficiente tenemos ya con la violencia que existe a lo largo y ancho del territorio nacional. Y mencioné a los empresarios, al principio, pero no sólo se debe tener cuidado con ellos, hay más en juego. No le jalemos los bigotes al león.
jaimealcantara2005@hotmail.com
Columnas anteriores
Columnas anteriores