Opinión / Columna
 
El agua del molino 
Raúl Carrancá y Rivas 
La Suprema Corte y el matrimonio
Organización Editorial Mexicana
25 de junio de 2015

  Pierre Teilhard de Chardin escribe lo siguiente sobre el amor: conforme a las leyes generales de la unión creadora, sirve a la diferenciación espiritual de dos seres (hombre y mujer) que él aproxima" ("Sur l´Amour", "Éditions du Seuil", págs. 7 y 21, Francia, 1972). A su vez Platón en "El Banquete" se refiere a un ser especial, completo, único, una especie de andrógino, de hermafrodita, que por creerse perfecto intenta llegar al Monte Olimpo donde sólo viven los dioses, pero Zeus al darse cuenta de ello le lanza un rayo que lo divide en dos, el hombre y la mujer quienes desde entonces irán por la vida buscando su otra mitad. Mito éste que ha sido desviado suponiendo equivocadamente que el andrógino puede estar compuesto por dos hombres o dos mujeres. Tal es, pues, la tesis de Platón sobre el amor. Ahora, hurgando en mi biblioteca encuentro una cita que encaja a la perfección aquí. "La sociedad -leo- es una forma de epiorganismo, y la evolución social no puede violar las leyes generales de la evolución biológica, por extraordinaria que sea en casos particulares" (R. W. Gerard, que fuera profesor en el Departamento de Fisiología en la Universidad de Chicago, en "Los Derechos del Hombre", pág. 189, Fondo de Cultura Económica, México, 1949; ensayo, entre otros, recopilado por la UNESCO acerca de los fundamentos filosóficos de los derechos del hombre). Luego, de un anaquel tomo un libro y leo esto: "No somos sino el lugar donde dos herencias se agitan (padre y madre)" (Jean Rostand, "El Hombre y la Vida", pág. 10, Fondo de Cultura Económica, México, 1960). Frase poética de un extraordinario biólogo, hijo de un notable poeta: Edmond Rostand. He citado lo anterior porque no tengo la menor duda de que el amor, el matrimonio y la familia tienen una base o fundamento natural, es decir, derivado de las leyes de la naturaleza y al margen de cualquier consideración religiosa o moral; aunque pueda repercutir en ésta, en el Derecho y en la filosofía.

Ahora bien, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación estableció hace unos días que "no existe justificación racional para negar el acceso al matrimonio a las parejas homosexuales, aun cuando existiera un régimen jurídico diferenciado al que pudieran optar e incluso si esa figura tuviera los mismos derechos que el matrimonio". Con lo que desde luego alude a las sociedades en convivencia. "Para todos los efectos relevantes -sostuvo la ministra Olga Sánchez Cordero- las parejas homosexuales se encuentran en una situación equivalente a las parejas heterosexuales, de tal manera que es injustificada su exclusión del matrimonio". El fallo de la Corte se funda y motiva en el párrafo quinto del artículo 1º de la Constitución que prohíbe la discriminación por "preferencias sexuales". Es de acotar al respecto que hasta antes de 2011 la Constitución aludía exclusivamente a "preferencias", lo que era suficiente, pero se añadió "sexuales" creando una enorme confusión doctrinal y de interpretación. En consecuencia la gran inquietud filosófica, jurídica y obviamente moral es preguntar por qué no se les reconoce a las parejas homosexuales todos los derechos para convivir (sociedades en convivencia), con algunas limitaciones a mi juicio en lo tocante a la adopción, pero sin irrumpir en el espacio del matrimonio, lo que no es ni sería discriminatorio ni tampoco contrario a la razón. El matrimonio, de suyo, se ha de fincar en la unión entre un hombre y una mujer como posible asiento de una familia, y no sólo por las connotaciones filológicas de las palabras "matrimonio" y "familia"; lo cual se consagra tácitamente en el párrafo primero del artículo 4º constitucional, que dice: "El varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia". Y debe ser así porque es lo natural, lo que va conforme a las leyes de la naturaleza. Lo otro son excepciones que confirman la regla y que merecen el mayor respeto, pero sin que alteren la estructura del matrimonio. En suma, los anteriores son, me parece, los principios esenciales (naturales, sociales y filosóficos) de la pareja y de la familia. Es cierto por otra parte que gran parte del mundo va abriendo nuevos espacios al matrimonio; sin embargo creo que debemos ir con mucho cuidado.

Sígueme en Twitter:@RaulCarranca

Y Facebook: www.facebook.com/despacho.raulcarranca
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas