Opinión / Columna
 
El agua del molino 
Raúl Carrancá y Rivas 
Alarmante
Organización Editorial Mexicana
29 de enero de 2015

  El jefe de la Agencia de Investigación Criminal de la Procuraduría General de la República, Tomás Zerón de Lucio, ha dicho que en los trece municipios de Tierra Caliente en el Estado de Guerrero, en los que el Ejército Mexicano acaba de tomar el control, el llamado crimen organizado decidía quién iba a ser el jefe policiaco y qué operativos se llevarían a cabo (véase EL SOL DE MÉXICO del 22 de enero). Las anteriores declaraciones las hizo el funcionario en el curso de las audiencias del Senado en que se analizó el decálogo de iniciativas del presidente Peña Nieto en materia de seguridad y justicia. La noticia es "grave de gravedad absoluta", como dijera Perogrullo. Desde luego no es un caso aislado sino revelador de una situación generalizada. La pregunta es si en tales condiciones se pueden dar los frutos que el gobierno desea en la cuestionable reforma sobre seguridad y justicia, y ni qué decir sobre las llamadas "reformas estructurales". ¿Juicios orales? Orales o no da lo mismo ante un panorama de terror, impunidad y corrupción. Cualquier reforma se viene abajo y pierde sentido. Ejemplo de ello es la concesión que siempre no se le dio a una empresa china para llevar a cabo el proyecto del tren México-Querétaro, porque la opinión pública detectó mecanismos y maniobras políticas no del todo claras. Lo evidente es que a donde vaya uno hay corrupción de toda clase y nivel. Desde luego es un mal que viene de muy lejos y que ha ido creciendo hasta llegar a las proporciones alarmantes que hoy agobian al país, pero el hecho concreto es que toda política en materia de seguridad y justicia también se viene abajo y pierde sentido, en especial cuando omite la relevancia de valores superiores de orden jurídico y social.

Pero volviendo al punto que me interesa he allí otra noticia dada a conocer, igualmente en el Senado, por el titular de la Unidad General de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Gobernación, David Arellano Cuan (véase EL SOL DE MÉXICO del 22 de enero), a saber, que casi el setenta y cinco por ciento de los municipios son vulnerables a la infiltración del crimen organizado. ¡Espantoso! Se dice que con la decisión del Presidente para que el gobierno federal asuma durante un tiempo determinado las funciones del municipio, que es el eje de nuestro sistema constitucional y político, no se afectará a éste en su esencia jurídica sino, al contrario, se lo fortalecerá brindando seguridad a los ciudadanos. Cuesta trabajo creer que con esto se logre algo, por lo menos a corto plazo. El panorama nacional es desolador y más todavía en un año de elecciones. ¿Ir a votar así, en medio de la inseguridad? Los mexicanos elegiremos el próximo 7 de junio a 500 diputados federales, nueve gobernadores, 639 diputados locales, 887 presidentes municipales y 16 jefes delegacionales en el Distrito Federal. Se supone que el Estado de Derecho salvaguarda los intereses, el bienestar, la seguridad y la tranquilidad de los gobernados, lo que es prácticamente imposible cuando aquél se halla alterado por la violencia y el crimen. Es evidente que en las circunstancias por las que atraviesa México se requiere un cambio de fondo. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Quién o quiénes lo puede generar o dirigir? No hay duda de que se percibe gran tensión en la atmósfera social, descontento, cansancio y hartazgo civil. Añádase que la indecisión y en ocasiones la indiferencia cunden por doquier, salvo en ciertas zonas neurálgicas de la República en que hay coraje, irritación e ira. En una palabra indignación. No son buenas señales. La idea del abstencionismo, que empieza a difundirse, es negativa y perjudicial para el pueblo aunque también el voto que no modifique ni altere lo ya condicionado, "decidido" de antemano. Hay que recapacitar, reflexionar cuidadosa y detenidamente. Pensemos por quién y por qué se vota. Se ha dicho de sobra: primero pensar y después votar. No se olvide que el voto es secreto y que allí, sólo allí, reside su trascendencia y valor, su autonomía e independencia. Pensemos y votemos, a conciencia y con conciencia.

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