Opinión / Columna
 
El agua del molino 
Raúl Carrancá y Rivas 
La Reforma Energética y la estabilidad política
Organización Editorial Mexicana
31 de julio de 2014

  La Comisión de Energía de la Cámara de Diputados se halla en la etapa de discusión de lasleyes reglamentarias en materia energética, las cuales deberán aprobarse o no durante el actual período extraordinario de sesiones.El hecho es de suyo sobresaliente habida cuenta de la importancia que las mismas tienen para el Gobierno del Presidente de la República y, por supuesto, del enorme descontento que han despertado entre las fuerzas políticas de izquierda. El presidente nacional del PRD, Jesús Zambrano, ha dicho, por ejemplo, que tal reforma pone en riesgo la paz social y la estabilidad política del país.Y fue más lejos afirmando que "hay material seco que puede ser fácilmente inflamable y que puede prender por donde menos se lo imaginan", aunque matizó sus palabras de la siguiente manera: "Yo hablo de material inflamable potencialmente, y puede ponerse en riesgo la paz social y la estabilidad política, no lo digo yo, lo están diciendo las organizaciones agrarias". ¿Amenaza? A su juicio no lo es y solo se está previniendo lo que puede suceder. Sin embargo la señal es clara, un partido de la importancia del PRD, aparte de sus desavenencias internas, se opone radicalmente a la Reforma Rnergética, lo que a su manera hacen también, repito, otras fuerzas políticas de izquierda.

Ahora bien, las organizaciones agrarias que se citan rechazan lo que consideran un despojo de sus tierras ejidales y de la propiedad privada de particulares. El problema es muy delicado y lo evidente es que dentro del entorno de la democracia nacional, compuesta por muy diversas tendencias, no hay consenso en cuanto a esa reforma. Se puede decir desde un punto de vista de riguroso análisis político que la reforma en cuestión se "adelantó", se "precipitó". En efecto, el gobierno de Peña Nieto la cree imprescindible para el avance y progreso del país, siendo ella parte medular de su programa, y en este sentido es congruente que la apoye e impulse. Pero el México de hoy es profundamente disímil, o sea, ofrece una composición social muy rica que además genera ideologías distintas y hasta opuestas. En tal orden de ideas la reforma del caso no aglutina sino dispersa.Queda aparte, por supuesto, lo concerniente a la violación de la norma esencial del artículo 27 de la Constitución, que en su redacción original prohibía las concesiones y los contratos "tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos o de minerales radioactivos". Hoy se permiten aquéllos, con la reforma energética cuyas leyes reglamentarias se discuten en la Cámara de Diputados, bajo una serie de subterfugios y excusas artificiosas sin la menor consistencia jurídica. Violación tan grave como lo sería substituir el vigente párrafo segundo del artículo 14 constitucional por otro que dijera lo contrario, a saber: "Cualquiera podrá ser privado de la libertad o de sus propiedades, posesiones o derechos, sin juicio seguido ante los tribunales previamente establecidos".Alegarían los creadores de ese absurdo que el mismo ya está en la Constitución, siendo constitucional a partir de la modificación del texto, y punto; olvidando que hay una norma esencial en la Constitución, de contenido histórico, social y político, que solo debe ser modificada cuando cambie tajantemente ese contenido. Llama la atención, pues, que ningún legislador de izquierda haya elevado su voz en el Congreso de la Unión para señalar que, en primer lugar, no ha habido en México un cambio así, tan radical, y que, en segundo ycomo consecuencia, la reforma energética viola la Constitución. Aquelloslegisladores de izquierda han criticado, sobre todo, aspectosde procedimiento pasando por alto, lamentablemente, la substancia. El hecho concreto, innegable, es que la Carta Magna ha sido alterada en algo esencial, en su espíritu, que en lo tocante al artículo 27, concretamente en su párrafo sexto, es complementario de todo el cuerpo constitucionalformando una unidad. Esta es la verdad que, a mi juicio, es imposible soslayar al margen de sus posibles repercusiones políticas. Todo estudioso de la Constitucióny del Derecho Constitucional lo tiene que ver así.

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