Opinión / Columna
 
El agua del molino 
Raúl Carrancá y Rivas 
Cambio en la UNAM
Organización Editorial Mexicana
24 de septiembre de 2015

  Premio Universidad Nacional



En las próximas semanas la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México llevará a cabo una auscultación para designar al nuevo rector. En mi calidad de universitario con sesenta y tres años de ser catedrático creo que es imprescindible que la Junta tenga en cuenta los siguientes factores: universalidad, libertad, autonomía y conciencia nacional. La Universidad es sin duda un factor real de poder en México, poder intelectual, moral y, en el más limpio sentido de la palabra, político porque no somos ajenos a la dinámica del Estado y del Gobierno, porque nos incumben las cosas de la Polis, de la Ciudad. No somos un mundo aparte. Somos universales porque lo comprendemos o abarcamos todo en la especie que nos es propia, es decir, en el cultivo de la razón y de la inteligencia y, obviamente, en su difusión; razón e inteligencia que incluyen la ciencia y el arte. Somos libres en tanto por nuestra raza habla, debe hablar, el espíritu que es el alma racional de nuestra calidad de origen y linaje. Somos autónomos porque seríamos inconcebibles si para cumplir nuestro cometido dependiéramos de fuerzas ajenas a nosotros, menguándose nuestra libertad. Y somos conciencia de la nación porque como dijera Justo Sierra en el acto en que renació nuestra "Alma Mater", la mañana del 22 de septiembre de 1910 ante el dictador cuajado de condecoraciones y soberbia: "sois un grupo de perpetua selección dentro de la substancia popular y tenéis encomendada la realización de un ideal político y social que se resume así: democracia y libertad". El México moderno y contemporáneo, pues, sería inconcebible sin nosotros.

Democracia y libertad que muy poco serían sin el cultivo, con visión universal, de la inteligencia y de la razón; sin la libertad necesaria para que hable nuestra alma racional; sin la autonomía imprescindible para cumplir nuestro cometido humanista y cultural; sin la plena conciencia de la nación a que pertenecemos. La Universidad debe promover una cultura nacional sin perder su universalidad ni extraviarse en las dunas movedizas de extranjerismos absurdos. Somos la Universidad de México. Ahora bien, estos ideales deben transformarse en el habla de nuestro espíritu. "Universitas Semper Loquitur", igual que el Derecho. Y hablar es pensar, entender, dialogar. En consecuencia la selección del nuevo rector requiere dos cosas fundamentales: el consenso de la comunidad universitaria mediante una impecable auscultación y la sobresaliente calidad humana, moral e intelectual del elegido. Dos cosas fundamentales por las que hay que luchar a toda costa. La Universidad es primordialmente de los universitarios, de la "raza espiritual universitaria", que no está formada por grupos cerrados ni enclaustrados en sus propios intereses, ni tampoco en los ajenos que puedan presionarlos. Los universitarios somos todos: profesores e investigadores, alumnos y trabajadores. Nuestro poder radica en esa totalidad que es al mismo tiempo unidad. Debemos ser oídos, escuchados. Somos un espejo de la nación y su conciencia más depurada. Nuestra contribución al destino nacional depende de nuestra libertad: de cátedra, de estudio, de investigación y difusión de la cultura. El pueblo nos ha encomendado la realización de un ideal político y social, como dijo Justo Sierra, "el prócer Ministro Educador, el magnífico humanista y polígrafo que sabía de historia y de filosofía tanto como de hacer cantar a la belleza en la jaula de oro del verso, diamantino y puro; el generoso espíritu que en sus ambiciosas proyecciones afirmaba paso a paso la mexicanidad, vigente en nuestro destino y dirigida hacia la democracia y la libertad; el constructor ciclópeo del vasto programa educacional que, arrancando del banquillo de la escuela primaria, remataba en la orgullosa borla del birrete doctoral" (Raúl Carrancá y Trujillo en "Momentos Estelares de la Universidad Mexicana").

Los universitarios merecemos un gran rector. Lo merece México.



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