Opinión / Columna
 
El agua del molino 
Raúl Carrancá y Rivas 
Evaluación del Gobierno
Organización Editorial Mexicana
25 de septiembre de 2014

  El Gobierno de la República se evalúa a sí mismo, es decir, se juzga y califica. Desde luego la autocrítica es siempre positiva y conveniente, aunque se corre el riesgo de excederse en la propia calificación. El hecho es que el gobierno calcula el desempeño de sus programas presupuestales, los da a conocer, resultando que en el área del Programa Nacional de Prevención del Delito, dependiente de la Secretaría de Gobernación, la calificación es de cinco en una escala que va precisamente del uno al cinco. O sea, se califica alto y bien por lo que en la especie, dice, "la administración pública federal opera los recursos públicos con elevados niveles de eficacia en materia de transparencia, rendición de cuentas, logro de metas y evaluación de resultados". Lo que uno se pregunta es por qué entonces se sigue delinquiendo y de manera alarmante. No importa que los números puedan sugerir, nunca probar, lo contrario, porque la realidad cambia constantemente y las pruebas de la violencia están a la vista. No es por ser pesimista, pero el mensaje de los números es siempre relativo. Es de sobra sabido que la Estadística Criminal es apenas una guía, un indicio, un punto de referencia en la Política Criminal. La percepción de los indicadores varía constantemente y todo depende desde dónde se los mire, lo que significa que es posible su manipulación en cuanto al señalamiento de las tendencias. La noticia oficial es que el Gobierno federal somete a evaluación (propia) todos sus programas presupuestarios con el objeto de que los ciudadanos tengamos acceso a aquellos indicadores que nos permitan saber con qué eficacia se ejerce el gasto público. El principio es saludable y positivo, nada más que no sirve para confrontarlo con la realidad si no se recurre antes a otros medios de información y comprobación. La evaluación oficial de que se trata es meramente técnica y no abarca el panorama complejo y total de la delincuencia.

Ahora bien, prevenir el delito es apenas una parte de la Política Criminal. ¿Qué se previene, cómo se previene? La verdad es que el problema de la criminalidad es tan complejo que su sola medición no es suficiente. En este sentido yo tomo el dato numérico, las estadísticas, como una señal pero no como la comprobación de elevados niveles de eficacia. La política, en cualquier rama, no es sólo numérica y cuantitativa, siendo que el factor cualitativo es vital. Y para lograr esto habría que apoyarse en innumerables circunstancias y condiciones del ambiente social, porque en caso contrario los números contradicen a la realidad o viceversa. ¿Cómo entender, por ejemplo, que siga habiendo focos rojos de criminalidad, ardiendo, que estallan periódicamente? La violencia no se ha abatido por la simple razón de que sus causas determinantes siguen allí, virtuales o potenciales. La situación imperante, por lo menos, es de latente peligro. A mayor abundamiento puede haber una situación momentánea de disminución de la delincuencia, lo que no se debe confundir con su eliminación definitiva; y es por eso que los parámetros numéricos suelen ser tan confusos. Lo aconsejable por lo tanto es determinar con claridad hasta qué grado el entorno social ha cambiado o no. En consecuencia, y desde mi punto de vista, la evaluación de la Secretaría de Hacienda en lo que concierne al programa presupuestal para la prevención del delito únicamente se puede referir al acomodo o ubicación de recursos, a la transparencia en su manejo y empleo, pero no a los resultados concretos y específicos que aún no se ven claros. Desde luego es de reconocer que se está en plena lucha contra la violencia y el crimen, pero hay que darle tiempo al tiempo y no precipitar aquellos resultados que en su momento, tarde o temprano, podrán comprobar la eficacia de una determinada política. En dicho orden de ideas considero que en las altas esferas del poder se han confundido los números con las realidades, prevaleciendo un criterio de corte objetivo basado en datos de momento y ocasión. En pocas palabras, creo que falta una visión más humanista del problema, ya que la prevención del delito implica cubrir una serie de espacios, lo que todavía no sucede, y que tal vez, quizá, lo deseamos, se hayan cubierto en gran parte al finalizar el presente sexenio.



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