Opinión / Columna
 
El agua del molino 
Raúl Carrancá y Rivas 
Ley de los jóvenes del Distrito Federal, una propuesta aberrante
Organización Editorial Mexicana
24 de julio de 2014

  Philipp Vandenberg, el famoso escritor e historiador alemán, ha escrito dos libros magníficos sobre Nerón y Calígula, sus locuras, sus desmanes, sus tropelías abominables entre las que destacan leyes y decretos punto menos que monstruosos, todo ello perfectamente estudiado y documentado por el autor. Lo cito porque no me queda la menor duda de que en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal hay uno o varios nerones y calígulas, que se las gastan disponiendo lo que les da la gana en medio de una ciénaga de ignorancia y demagogia barata. ¿Cómo han llegado hasta allí? Mejor no averiguarlo por respeto al esfuerzo democrático de muchos ciudadanos y políticos honestos. Y voy al grano. Se trata de la iniciativa de "Ley de las y los Jóvenes del Distrito Federal", en que el hacedor de esa barbaridad comienza por ignorar el género neutro a la manera de Fox pues se refiere a "las" y "los" jóvenes, desconociendo que estos son personas, es decir, hombres o mujeres que se hallan en la juventud. En el caso no es falta menor, a mi juicio, escribir mal, con desconocimiento de las reglas de la gramática, porque la ley es palabra legal, y ha de serlo pulcra para que refleje con claridad la idea. Pero la aberración va más lejos todavía: promueve el acceso a la píldora de emergencia (en rigor anticoncepción) entre niñas, desde los 12 años de edad, quienes sin autorización de sus padres o tutores pueden solicitar asesoría en materia sexual en los centros de salud. El pseudo legislador, así, se le adelanta a la madurez espiritual y de conciencia de los individuos del sexo femenino. Pero lo que de plano es caligulezco y neroniano, por decir lo menos, es que los menores de edad son apoyados y orientados por el gobierno, en los términos de la iniciativa, para que cuenten con servicios médicos y jurídicos que les permitan construir su identidad sexo-genérica, por lo que podrán "cambiarse de sexo" si así lo deciden, sin informar a sus padres o tutores. Familia y patria potestad, dos instituciones de la mayor importancia en la sociedad, son manoseadas hasta quedar maltrechas y sin sentido, por supuesto que nada más en la aberrante iniciativa. La pregunta que uno se hace, sorprendido, es cómo es posible que estas cosas sucedan en una Asamblea Legislativa. Ya se sabe que no todos los asambleístas son doctos ni peritos, pero llegar a esos extremos es el colmo. Yo no soy puritano ni mucho menos, sin embargo hay una moral social basada en la naturaleza de las cosas y no en su adulteración. Por lo tanto no me escandaliza la iniciativa, ¡me horroriza! No es defendible desde ningún punto de vista, no hay lógica que la sustente y salta a la vista que la impulsó la demagogia populachera. Baudelaire diría que se hizo para "épater la bourgeoisie", y Carlos Fuentes que para horrorizar las buenas conciencias. Ya la vetó el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, de acuerdo a sus facultades, pero queda allí como señal ominosa del anti Derecho, como prueba palpable de una fractura muy seria en el proceso democrático de selección de candidatos a legisladores. Y éste es el punto más delicado del asunto, la selección de candidatos a cargos de elección popular. Es gravísimo en consecuencia que legislen personas ignorantes, que solo hacen política, y de la mala. Repito, qué bueno que el Jefe de Gobierno del Distrito Federal vetó esa barbaridad y qué malo que en la Ciudad de México haya una Asamblea Legislativa con esa lamentable composición, la cual revela hasta qué grado una política torcida se pliega a tendencias absurdas, sin sentido y opuestas a la razón, además de totalmente ajenas a la gran tradición cultural que es parte de nuestra historia y columna vertebral de la cultura occidental. Quieren algunos cambiar radicalmente el contenido normativo de esa historia nacional a que me refiero, sin darse cuenta de que pretenden torcer el tronco de la República e impedir que crezcan las ramas y maduren los frutos. Son políticos de ocasión, de oportunidad, que no dejarán huella que trascienda.



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