Opinión / Columna
 
El agua del molino 
Raúl Carrancá y Rivas 
¿Nuevo Sistema de Juticia Penal?
Organización Editorial Mexicana
27 de agosto de 2015

  A bombo y platillo, haciendo gala de energía política, el presidente Peña Nieto anunció ante los procuradores y fiscales de justicia de todo el país (v. El Sol de México del pasado 20 de agosto) que no habrá prórroga en la implementación del llamado "nuevo sistema de justicia penal", agregando que en el mismo se han invertido hasta el momento 10 mil millones de pesos. La noticia es asombrosa, descomunal, porque implica de suyo, por lo menos vista con el más elemental sentido común y buen juicio analítico, que con esa inmensa cantidad de dinero ¡por fin habrá procuración e impartición de justicia en México! Así, de un golpe, de un plumazo, casi, casi, por decreto. Lo que pasa es que no es cierto, no es verdad, porque los buenos propósitos, si los hubiere, se diluyen ante la evidencia cotidiana. Yo desearía, quizá deseo inútil, que algún miembro conspicuo del Gobierno, de esos que pregonan y alaban tanto el "nuevo sistema" cual si fueran Kelsen redivivo, me explicara en qué consiste precisamente la novedad. Claro que de ello habla en principio, nada más en principio, el párrafo primero del Artículo 20 constitucional (reforma de 2008), en que se lee que "el proceso penal será acusatorio y penal". ¿Acusatorio? Que yo sepa lo es desde que se redactó la Constitución de 1917 y el Código Federal de Procedimientos Penales de 1934, derruyendo ambos, por lo menos en el papel, el sistema inquisitivo del porfiriato. Lo de publicidad, contradicción, concentración, continuidad e inmediación, no era desconocido por el Código de 1934. Por lo tanto no hay tal novedad. Y en lo tocante a la oralidad no es sino la forma de exponer oralmente lo que se exponía por escrito, habida cuenta de que el Código del 34 permitía intervenciones orales en varias partes o etapas del proceso.

Ahora bien, hay algo más delicado, mucho más, que pone en entredicho la inmensa inversión económica de que habla el Presidente de la República. Un edificio se debe construir sobre una base sólida, o se deteriora y acaba por derrumbarse. La base, el asiento, la plataforma, el terraplén, del supuestamente "nuevo Sistema de Justicia Penal" es la reforma constitucional de 2008 en materia de justicia penal y seguridad pública. Es su punto de apoyo y de referencia. Pero es un edificio endeble porque su cimiento es endeble. Lo he dicho en este mismo espacio innumerables veces. ¿Lo nuevo es un sistema acusatorio y no inquisitivo, o sea, donde hay todas las garantías necesarias, indispensables, para respetar mediante el debido proceso los derechos fundamentales de los individuos: un órgano acusador, un defensor y un juzgador? ¿Entonces por qué la reforma de 2008 conserva el arraigo y la prisión preventiva y prescribe la extinción de dominio sin que se cumpla la garantía de legalidad, pilar del Derecho Penal liberal, consagrada en el Artículo 14 de la Constitución de que "nadie podrá ser privado de la libertad o de sus derechos sino mediante juicio seguido ante los tribunales", y habiendo además sentencia que determine la responsabilidad penal? ¿Por qué se desacata el principio de inocencia para toda persona imputada "mientras no se declare su responsabilidad mediante sentencia emitida por el juez de la causa" (Artículo 20 de la Constitución en la fracción I de su Apartado B)? ¿Se ignora acaso que el arraigo, la prisión preventiva y la extinción de dominio se llevan a cabo sin juicio y sin sentencia? Hay quienes se atreven a decir paladinamente que la Constitución no se puede contradecir y que arraigo, prisión preventiva y extinción de dominio se hallan en la Carta Magna, aunque también se halle en su Artículo 14 lo del "juicio seguido ante los tribunales". Y presentan su argumento con la ostentación del ignorante soberbio. ¡Por supuesto que la Constitución se puede contradecir y hay razones de sobra para sostenerlo! Sostenerlo y luego resolver la coalición de normas jurídicas. Pero no, abundan los que se empecinan en "su" absurda verdad. En suma, no hay un "nuevo" sistema de justicia penal. Y si lo hubiera sería o es como un tigre de papel que cuesta una fortuna.



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