Opinión / Columna
 
El agua del molino 
Raúl Carrancá y Rivas 
Los destapes
Organización Editorial Mexicana
30 de julio de 2015

  En un acto de unidad partidista llevado a cabo en días pasados en la sede del PRI, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, dijo que no son tiempos de "destape", palabra que se hizo célebre en la época del poder político absoluto del PRI y que se ejemplificó con el dedo omnímodo señalando al ungido que sería un verdadero rey. Historia bochornosa de la antidemocracia. La pregunta es si han cambiado tanto los tiempos al grado de que el destape haya desaparecido para siempre, o si pervive simulado, semioculto, disfrazado y con un nuevo maquillaje. El hecho es que en el acto a que me refiero se ponderó la unidad del partido en el Gobierno señalando el Presidente, enfático, que aunque otros se adelanten en sus aspiraciones hacia el 2018 para los priístas es momento de trabajar y no de difundir proyectos personales.

Ahora bien, la advertencia presidencial no creo que haya tocado en lo más mínimo las aspiraciones de algunos miembros de su gabinete, ni las de otros. Desde luego, las manejan y seguirán manejando con cautela inmensa, prudencia calculada y simulación a menudo poco inteligente. Esto se sabe y se conoce, se ve, por lo cual las palabras de Peña Nieto fueron lanzadas al viento que se las llevó. Pero en los espacios ajenos o contrarios al PRI ya muchos se adelantaron. Ya he dicho aquí en artículo anterior por qué, a mi juicio, pero hay que insistir en ello. Es tal la desilusión ante lo que pasa en el país, tal la inconformidad disimulada o no, la preocupación, aparte de culpas o señalamientos calculados y directos o fortuitos, que muchos suben a la palestra para gritar "aquí estoy, quiero salvar a México". No digo que sean los mejores, pero se explica y entiende su actitud. Desde luego, los mueven intereses diversos y quién sabe hasta qué punto el auténtico patriotismo. Yo lo dudo. Sin embargo, el fenómeno es muy claro. Se anticipan, recogiendo las voces de un clamor popular, porque el río está muy revuelto y cada quien despliega su egoísmo. Y por más que el partido oficial arrope al Presidente, por más que se pregone la unidad en torno suyo, las críticas negativas suben de tono y la inconformidad aumenta, obviamente más allá del PRI. Y ya lo verá usted, de lo que se trata para los priístas es de "hacer política", consolidar proyectos del Gobierno y prepararse para un futuro que anuncia turbulencias. En las próximas horas o semanas a lo sumo seremos testigos de cambios en el gabinete, acomodo de fichas, lo que ya va siendo un destape, y reactivación de proyectos personales. Se pondrán y quitarán personajes de la escena, o se los hará más visibles. En cierto sentido es lógico y natural. Lo malo y confuso es que se lo niegue de manera tan abierta. La gran verdad es que nada de lo que se hace o se haga en política deja de tener un perfil futurista. Los políticos muy rara vez trabajan para el momento, para el instante. Su interés tiene la mira puesta en el mañana. En tal virtud es que del otro lado, en el otro extremo, se movilizarán los ciudadanos a su costa y riesgo, sin partido y con proyectos personales en que por fin juega o anhela jugar un papel importante el gobernado. Esto puede consternar desde el punto de vista de la ciencia política, de la ortodoxia, pero la realidad es que nada más quedan dos caminos, el aislamiento y la indiferencia, la dejadez social, o la participación independiente. ¿Hasta dónde llegará? Lo evidente es que a estas alturas del sexenio, transcurridos tres años del mismo, el descontento es general y los llamados destapes son inevitables, explicables, incluso justificables, en todos los niveles. Son anticipos cargados de crítica e inconformidad. En consecuencia es muy difícil, en rigor imposible, lograr la unidad política que el Gobierno quiere.



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