Opinión / Columna
 
Eduardo Andrade Sánchez 
El preso de Washington
Organización Editorial Mexicana
18 de noviembre de 2009

  DÍA 1084. EL ÍNDICE DE MORTANDAD, CON TODO Y LA ENORME PROPORCIÓN DEL PRESUPUESTO QUE SE DESTINA A LA SEGURIDAD PÚBLICA, SIGUE SU INDECLINABLE ASCENSO; AYER LLEGÓ A 13.36 MUERTES DIARIAS EN LO QUE VA DEL SEXENIO.

Pese a la sinceridad que proyectaba en campaña en cuanto a su determinación de modificar inveteradas inercias imperantes en Washington que protegen y perpetúan los intereses económicos de una élite oligárquica, Barack Obama muestra, en los hechos, que prácticamente ha sido ya domesticado por la absorbente maquinaria que se suponía estaba dispuesto a desafiar para corregir las injusticias que genera. Pero la "real politik" es canija, su fuerza es irresistible, se impone a toda costa, y Obama juega a fin de cuentas, un papel muy similar al de todos los titulares del Ejecutivo estadunidense, y lo hace con brillantez histriónica. En ese sentido es irreprochable su "actuación" en el sentido teatral de la palabra; después de todo eso es lo que se espera que hagan mejor los inquilinos de la Casa Blanca a quienes debería juzgárseles por su aptitud para desempeñar el rol para el que fueron seleccionados después de una elección supuestamente democrática, pero más parecida a un "casting" que a la expresión de la voluntad general de una nación, como ilusamente la concebía Rousseau. En fin, el primer Presidente afroamericano en eso de "actuar", está a la altura del más profesional que en la historia ha sido: el mismísimo Ronald Reagan.

La verdad es que yo, como seguramente muchos en el mundo, quisiera creer en la autenticidad de sus compromisos con las causas de los enormes grupos de marginados en su país que, pese a ser el más rico y poderoso del planeta, está pletórico de archipiélagos donde reina la miseria; y habría que admitir que sus planteamientos en materia de salud aún dejan un resquicio para alentar tal esperanza; empero, son cada vez más claros los síntomas de que el idealista que conquistó tantas voluntades de jóvenes ávidos de justicia porque lo creyeron distinto; va doblando día a día las manos ante el "complejo militar-industrial" como llamó Wright Mills al grupo que realmente ejerce el mando en la nación vecina.

Así, sus propuestas antibélicas tendientes a lograr para su país respetabilidad internacional han quedado en promesas. El anuncio del cierre de la prisión de Guantánamo, ha sido eso: un anuncio, nada más; en cambio ya se apresta el Comandante en Jefe a mandar a Afganistán, a una guerra tan absurda, inútil e inganable como fue la de Vietnam, a cuarenta mil muchachos más cuyas vidas, los maten o no, se perderán en la desesperación, el miedo y la angustia de no saber qué hacen en las inhóspitas montañas de un país que ni siquiera son capaces de ubicar en el mapa.

En Honduras, con sofisticada hipocresía avaló socarronamente un golpe de Estado dirigido a impedir la expansión de las simpatías hacia el régimen venezolano y todavía nos regañó a los latinoamericanos porque nadie nos entiende: no queremos intervencionismo gringo, pero ahora nos quejamos de que no lo ejerza. ¡No!, de lo que se trataba era de que su régimen ejerciera la presión diplomática lícita que tiene a su alcance para inclinar la balanza a favor del depositario de un mandato democrático insospechable. Pero ha quedado demostrado, una vez más, con el abandono de la causa del depuesto presidente Zelaya, que los Estados Unidos no tienen interés en sostener la democracia, sino que la "democracia" sostenga sus intereses.

eandrade@oem.com.mx
 
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