Opinión / Columna
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Francisco Fonseca
Ciencia o ficción, realidad o fantasía
El Sol de México
5 de febrero de 2012
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En 1966 -hace apenas 46 años- el escritor y periodista colombiano René Rebetez hacía una reseña de la época de asombro que ya se vislumbraba apenas cruzando la segunda mitad del siglo 20. De Rebetez tomamos nota de algunos sucesos que se han asentado y perfeccionado en nuestra época actual.
Ya en pleno siglo 21, el hombre ve invadir repentinamente su vida por lo insólito, lo extravagante. Lee en el periódico acerca de mutaciones ocasionadas por la radiactividad, que ha convertido cuerpos humanos en parcelas donde crecen el trigo y el arroz.
Se entera que un día cualquiera un cometa, intruso de lo inconmensurable entrará en contacto con el Sol, desintegrándose. Observa la pantalla de su televisión -dejó hace tiempo de asombrarse de la televisión misma- que un hombre hace piruetas y parece nadar en el espacio sideral.
Sabe que hay píldoras capaces de convertir a los gatos en tímidos ratoncillos y otras que producen en los ratones el valor de una pantera... sin que ignoren lo que esto puede significar en un campo de batalla, tratándose de seres humanos.
Existía desde entonces la certeza de que la aventura humana entraría en una fase nueva y decisiva. Se había comprobado, por ejemplo, que la estatura de la especie humana aumentaba en promedio de 6 a 12 centímetros; que la fecundación empezaba a formar parte de nuestra sociedad y que de cada 4 habitantes del planeta, uno era chino.
Se preveía que la población del globo se vería duplicada en el año 2000; que los arsenales atómicos contenían bombas suficientes para borrar hasta el menor grado de civilización; que la difusión de ideas por medios masivos había creado la tendencia hacia una cultura estandarizada, generalizada, ¡globalizada!
Ya era del dominio público que en muy poco tiempo, la curiosa cabeza del hombre se asomaría a los cráteres lunares. En tierra, levantaría los ojos hacia ese cielo ignorado hasta ese día y esperaría, todo estupor desvanecido, la aparición de sí mismo trascendido, libre de la duda y el miedo a lo desconocido.
Un lenguaje total está en plena gestación. Con números superiores al infinito, el hombre bucea en las inmensidades para descubrir el comportamiento de los genes o la impetuosa marea de las estrellas.
El siglo 21 espera el despertar completo de un gigante aletargado durante milenios, que insiste en la búsqueda de respuestas adecuadas para las preguntas eternas. Con el despegue científico y tecnológico, la apertura de un sistema de pensamiento que le permita descubrir su origen universal y los medios eficaces para vivir en comunión verdadera, ética y moral, con sus semejantes. Porque "nada hay de nuevo bajo el Sol", nos recuerda el rey profeta.
Rebetez tiene la misma simple aspiración que nosotros: quiere que el género humano se encuentre -en un futuro trascendido- ejerciendo su imaginación como facultad creadora. Entonces, tal vez, conozca el sentido total del universo y con él, su propio origen y finalidad.
La imaginación es el motor de la ciencia. Antes de volar, el hombre soñó mucho tiempo con hacerlo. Antes de despertar, repetidas veces habrá de soñar que se despierta.
pacofonn@yahoo.com.mx
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