Opinión / Columna
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René Arce Islas
Reforma hacendaria impostergable
El Sol de México
18 de noviembre de 2009
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La aprobación de la Ley de Ingresos y el Presupuesto que se ejercerán para el próximo año dejaron inconformes a muchos sectores de la sociedad. La molestia es entendible por la escalada de impuestos, pero el problema que se tiene en México es que no contamos con un proyecto de nación y, por lo tanto, no se tiene visión ni se puede planear a largo plazo, por lo que cada año se vive una rebatinga en el Congreso que sólo intenta resolver los problemas inmediatos.
Un asunto que ya es impostergable en México, sobre todo por lo acontecido por la crisis económica mundial, es el referente a la reforma hacendaria. Cada año nos damos cuenta de nuestra fragilidad en la materia; dicho de una forma coloquial, la cobija cada vez es más pequeña ante las necesidades de la nación y las opciones para hacer más eficiente el gasto se basan, solamente, en recortes presupuestales en ciertas áreas, en implementar una mayor austeridad y en aumentar o crear nuevos impuestos. Tal parece que nos conformamos con salir del paso y postergamos decisiones importantes y trascendentes para la nación. No hay visión de Estado, no hay proyecto y, por lo tanto, no hay crecimiento ni desarrollo.
Se debe tener una reforma hacendaria visionaria, que entienda las necesidades de la población, que pueda soportar las crisis económicas o los vaivenes del mercado internacional, que no se base exclusivamente en el petróleo, que deje bien claras las reglas y normas, para que el presupuesto se utilice en el bienestar de la población. Es cierto que el Estado generalmente tiende a burocratizarse, a generar grandes aparatos y a utilizar el dinero coyunturalmente, sin embargo, tampoco podemos dejar de reconocer el lado positivo del Estado, como, por ejemplo, que sabe cómo y dónde distribuir la riqueza, sabe cómo mantener la rectoría para evitar los monopolios, para evitar que el mecanismo ciego de polarización entre pobres y ricos siga avanzando, y entonces encontrar un equilibrio, claro, éstas son algunas de las ventajas del Estado si éste funciona de forma ideal. Por eso requerimos un Estado fuerte en regulación y de preferencia un Estado que siempre tienda a la equidad, que siempre tienda a igualar las oportunidades, sin que ello implique que se le nieguen las posibilidades al mercado para que también pueda seguir adelante.
La reforma hacendaria puede ser el primer paso y puede ir encaminado hacia la estructuración del proyecto de nación que requiere México. No podemos reinventarnos como país cada seis años -en el mejor de los casos, pues el Ejecutivo actual mandó señales de cambio de timón a la mitad de su gobierno-, los mexicanos están cansados de ver un pleito salvaje, año con año, por el presupuesto, mientras se siguen aumentando impuestos y pierden sus empleos, ya no podemos seguir viendo la debacle del país y esperando al Mesías que nos salvará.
Mientras no entendamos que en México nadie, por sí sólo, tiene las soluciones a nuestros problemas, no podremos avanzar. Es necesario comprender nuestra diversidad política, entender que hay correlaciones de fuerza política, económica, social y hasta religiosa, hay una sociedad opinante y en movilización, y todo ello influye para lograr consolidar o no un proyecto de nación o una reforma hacendaria, o cualquier otra reforma de consenso.
El reto entonces está en demostrar nuestra capacidad política y nuestro compromiso con el país para, necesariamente, ir a la búsqueda de acuerdos con todos los sectores y empezar a diseñar la reforma hacendaria que permita que México tenga un curso diferente. Una buena señal para empezar a transitar por esta ruta son las voces que se han manifestado a favor de entrarle de fondo a la reforma hacendaria en el Senado de la República. Ya basta de arreglos a las leyes para salir del paso, para solucionar los problemas coyunturales, para no perder electores. Si hay que tomar decisiones drásticas, demos el debate, busquemos los puntos de coincidencia y alcancemos los consensos; asumamos los riesgos, dejemos las visiones inmediatistas porque en el mediano y largo plazo se verán los resultados. Renunciemos a pensar sólo electoralmente, tengamos altura de miras y, sobre todo, visión de Estado. Sentemos las bases para un futuro diferente.
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