Opinión / Columna
 
Ecos Lejanos 
Gabriela Mora Guillén 
Nuestros niños...
El Sol de México
12 de diciembre de 2010

  En un intento por convencernos de que no estamos tan mal en materia educativa, la Secretaría de Educación Pública ha dado muestras de optimismo al mostrar un lado positivo sobre los resultados de las pruebas PISA de 2009, conocidas por la opinión pública el pasado 7 de diciembre. A manera de ejemplo, en lectura -señaló la SEP- México está al nivel de Uruguay; en matemáticas estamos igual que Chile, y en ciencias, como en el resto de las disciplinas, superamos el promedio latinoamericano... El problema es que México no compite sólo con Latinoamérica. El mundo se ha convertido en un gran escenario de rivalidad económica en el que los capaces son quienes logran mayores beneficios. Realmente, de los 65 países evaluados por PISA de 2009, ocupamos el sitio 48.

Si bien es cierto que la educación no basta para generar crecimiento económico y prosperidad, también lo es que se trata de un aspecto indispensable para el desarrollo, dado que sin ella no se puede crecer de manera sostenida en el largo plazo.

El pasado jueves, muy cerca del cierre de su periodo ordinario de sesiones, la Cámara de Diputados aprobó una importante reforma constitucional: hacer obligatoria la educación media superior, popularmente conocida como preparatoria. Los legisladores consideraron aquel principio recordado por su compañero, el priísta Baltasar Manuel Hinojosa Ochoa: "cuesta mucho educar, pero cuesta más no educar a los jóvenes".

Adicionalmente, el Senado aprobó la reforma para menores delincuentes y la creación del Sistema de Justicia para Adolescentes; se aumenta a siete años de prisión la pena máxima a menores entre 12 y 18 años, que deben cumplir aún después de los 18 años de edad, cuando en la actualidad los menores quedan libres automáticamente a los 18. La reforma fue enviada a la Cámara de Diputados, que la votará el martes, y pese a que la aprobaron los 108 senadores presentes, se evidenció el disgusto de varios por la entrada en vigor dos años después de su publicación, pues para entonces los "Ponchis" podrán haberse multiplicado...

Y ya entrados en tan escabroso tema, sabemos que los antecedentes del "Ponchis" lo ubican como un niño descuidado, de aspecto casi siempre desaliñado, que solía pasar el tiempo vagando con chicos mayores y que, según aseveraciones de uno de sus mentores, pese a que es difícil imaginar que ha sido tan cruel, sí tenía una tendencia a la maldad.

Desde 2008 se habla en el país de los niños y adolescentes reclutados por las redes de delincuencia organizada, encontrando que los especialistas afirman que los "niños sicarios" son usados para todo tipo de actividades: desde el robo simple hasta el asesinato; se trata de una generación que crece entre la desintegración familiar, la pobreza y la falta de oportunidades...

Realmente nos encantaría que el caso del "Ponchis" fuese único, aislado; no obstante, sabemos que desgraciadamente la realidad es distinta. ¿Qué hicimos o dejamos de hacer para haber llegado a casos como este?

Más allá del fracaso de las instituciones gubernamentales, se trata evidentemente de un signo del debilitamiento de nuestra estructura social: nuestros niños y adolescentes no deberían siquiera pensar en la muerte del otro, en la venganza, el odio y el rencor... Hace apenas unos meses en una discusión familiar hablábamos de las implicaciones de una persona resentida socialmente por la discriminación, las carencias y falta de oportunidades personales... Es esta una realidad, y lejos de que nuestros niños y jóvenes cuenten con el chance de vivir su vida, de desarrollarse de acuerdo a sus necesidades y a su edad, la delincuencia organizada ha aprovechado la dramática situación ofreciéndoles la oportunidad que la sociedad les ha negado...

Cruenta realidad, no hay mucho que agregar. Vemos con inmenso dolor que un jovencito de apenas catorce años -y representante de muchos más que a lo largo del territorio nacional comparten su situación- se dedica al crimen organizado.

Indudablemente la avasalladora realidad se impone y demuestra que la lucha contra el crimen organizado y contra la violencia está cada día más cerca de cualquiera de nosotros, en lo inmediato, entre los más cercanos. El cáncer del crimen ha penetrado nuestras estructuras políticas, económicas y sociales, y más que nunca se hace necesario replantear el rumbo y el destino que habremos de labrar a las generaciones venideras. Así estamos...



gamogui@hotmail.com
 
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