Opinión / Columna
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Numerados
Camilo Kawage
Cerrado por celebración
El Sol de México
23 de noviembre de 2009
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1.-Cualquier cosa queríamos los mexicanos al acercarnos a la Conmemoración de nuestros Centenarios, menos que llegar exhaustos y aturdidos a las fechas que nos son más entrañables. El estado de hipotermia cívica a que nos han llevado las autoridades actuales, pasará un alto número de efemérides que podamos superar la insana crueldad de la insensatez a que nos tienen sometidos, y que podamos ver la luz de una sonrisa, oír una voz de aliento, sentir una palmada de entusiasmo o asir un viento en popa que hoy, como en la más procaz tiranía, nos está proscrito. Atragantados de una verborrea huera, petulante e insensata, buscamos sin embargo, en la infinita sabiduría de nuestro acaecer, calentar de nuevo el hogar magnánimo de la Patria que nos cobija a todos.
2.- Los Gobiernos panistas no asumieron la función primigenia que conlleva su responsabilidad y fallaron en entender, primero, que el Presidente de México ostenta la representación de la figura máxima en quien los mexicanos se recargan y a quien se encomiendan. El equipo de Gobierno de Acción Nacional -vaya el eufemismo-, ha perdido la colosal oportunidad de colocarse a la altura de México, porque no entendió que la conducción del Estado reclama las virtudes de la humildad, del buen juicio y del entendimiento de los mandantes, y se conformaron con retratarse en el vicio históricamente pernicioso de la soberbia, la petulancia y el aislamiento.
3.- A la insolencia de su fanatismo, que los hizo creer que su escalamiento al poder obedecía a una especie de iluminación divina, añadieron un desconocimiento de la Historia de tal magnitud que para ellos únicamente cuenta su propia, pequeña e insuficiente crónica, desdeñosos incluso de la talla de los fundadores de un partido político del que se apropiaron el cabezal, y que por la santa cruz justifican los más abruptos atropellos al sentido común; pretenden dignificar los más viles vicios de corrupción, y solapan su supina impericia en el falso disfraz del erudito.
4.- El cargo de Presidente de México tiene connotaciones singulares de que carecen jefes de Estado en muchos países; lleva consigo prerrogativas y atribuciones considerables, que a su vez lo obligan y comprometen más aún en el descargo de su puesto. Se presumen en él dotes de madurez, tacto, habilidad y finura, así como una concepción del país que le es única, en parte porque se supone que en su larga carrera política, y que en la intensa y exhaustiva campaña presidencial ha peinado el país por lo menos dos veces, su conocimiento y sensibilidad de los temas nacionales y las necesidades del país y sus regiones han depurado su visión de estadista, así como aguzado su capacidad de dirigir el Estado de manera más atinada y eficaz que ninguno de sus contrincantes.
5.- Aunado a ello, y de ahí el gran poder que la Constitución, las leyes y la sociedad confieren al Presidente, los instrumentos y mecanismos que le facilitan, presuponen que sabe operarlos, y asumen que se rodeará de los más probados expertos en su ejercicio; de ello da razón la operación y marcha del sistema que los mexicanos nos hemos dado, que tronó hace poco más de diez años. Los dos últimos presidentes de la República, uno que secuestró al PAN, llegó por accidente y además es inimputable, y el actual que no obstante su raigambre y estudios insiste en exhibir su incompetencia, confirman que no son las instituciones lo que debe cambiarse.
6.- Las instituciones no precisan transformaciones, como preconiza el Ejecutivo, desde luego no guiadas por estos dirigentes, menos aún requiere el país revoluciones pacíficas. No: la Nación reclama, y exige, que sus gobernantes estudien la Ley Fundamental, aprendan la historia de México y el funcionamiento de las instituciones pero, primero y antes que nada, que conozcan, se familiaricen y se identifiquen con los mexicanos. Ello impone una pasión, un amor a México, y una disposición de entrega, con vista de lejos, que esa jerarquía no tiene, ni tendrá para una próxima efeméride. A Doña Mina en su cumpleaños.
camilo@kawage.com
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