Opinión
Pedro Peñaloza
Quemando naves

Organización Editorial Mexicana
10 de agosto de 2006

La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces. Juan Jacobo Rousseau

En política radicalizar posiciones exige aceptar la polarización de los sectores en disputa. Insultar al otro implica la no-búsqueda de acuerdos, es alejarlos.

Ahora, en la coyuntura actual, en este largo túnel poselectoral, lo que hemos visto es la ausencia de acuerdos mínimos entre los dos partidos que disputan la Presidencia de la República.

Quizá se olvida que después del 6 de septiembre (fecha máxima del Trife para emitir su resolutivo final) las tareas que tiene que cumplir el país estarán más vivas que nunca, y ambas formaciones políticas tendrán que convivir en la vida cotidiana y en el Congreso de la Unión.

Después de acusaciones y denuestos mutuos los partidos y sus militantes tendrán que encontrarse. La vida institucional y las obligaciones inherentes de los partidos legales los colocan en una disyuntiva inevitable. Todos tienen representaciones institucionales en los tres órdenes de gobierno. Ahí, en los municipios, en los estados y en las cámaras legislativas, coparticiparan y negociarán lo que más les convenga.

Llegar a esos momentos de arranque, con alforjas llenas de odio, de cuentas pendientes y de rabias acumuladas, puede ser un obstáculo para sentarse a hablar civilizadamente. No imposible, pero sí con remilgos que pueden retrasar temas prioritarios del país.

Los discursos y posturas que descalifican y no proponen son alimentos agradables para masas fanáticas y feligreses cautivos, pero no es material durable para construir la gobernabilidad y la convivencia en la pluralidad.

Polarizar es también una apuesta a construir escenarios que impidan que los procesos institucionales actúen normalmente. Aceptar el veredicto de los instrumentos que todos acordaron es fidelidad democrática. Decir que esas instituciones no tienen "altura de miras" porque no emitieron un resolutivo favorable, es un desplante que fortalece y puede articular a quienes militan en la frontera de las instituciones democráticas y las tentaciones ilegales y aventureras.

Por ello decir que se acepta "bajo protesta" el conteo parcial que dictaminó el Trife, y que concluirá el domingo, es entrar a una lógica semilegal y convenenciera. Aceptar sin chistar sólo cuando se gana e impugnar y descalificar cuando se pierde, esta es una lógica que tiene que ver con una política donde la autocrítica no existe. Los otros son los culpables de sus derrotas.

En la iglesia mesiánica perder es siempre producto de confabulaciones y reuniones de personajes diabólicos que están urdiendo maniobras y ataques a "los buenos" e impolutos políticos, quienes esgrimen la bandera de los débiles y los pobres.

El líder mesiánico no hace discursos, da rumbo a las almas sedientas de sabiduría, aunque sea momentáneamente. Tocar al líder tiene efectos curativos, su sola presencia alivia los males que hicieron "los otros".

Por eso el sacerdote mayor habla de "purificar la política". Crear un reino donde sólo tengan acceso los que le rindan pleitesía al guía, los que obedezcan ciegamente, los que estén libres de pecados terrenales, los que han sufrido penurias y estén dispuestos a envolverse en la bandera y arrojarse al precipicio que indique el todopoderoso.

Ante esto si el Trife se atreve a dar un dictamen que contravenga el designio divino, las hogueras de las masas rebeldes y traicionadas devorarán a ese puñado de magistrados que se atrevieron a actuar conforme a la ley vigente y no a las determinaciones que las masas plebeyas habían aprobado en asambleas tumultuarias y llenas de patriotismo.

Lo que menos importa es tener un partido de izquierda propositivo y moderno, eso es darle la espalda a la sed de justicia de las masas. El pueblo es lo único que vale la pena. El partido es un estorbo, sólo sirve como agencia de colocaciones y el registro legal es una especie de licencia de manejo ¿Para qué discutir y contrastar posiciones?, si es más rápido y eficaz que el líder pregunte en la plaza pública la opinión de sus seguidores y san se acabó.

Sí, el futuro ya empezó, ahora lo que viene es que la fe sustituya al programa partidario y que un líder ilumine el camino de las masas. El PRD, que tanto trabajo costó edificar, está hecho talco, sus estructuras formales para la toma de decisiones se extinguieron, no hay dirección, la única la monopoliza un hombre y a él se atienen.

En efecto, han decidido quemar naves y con ello hacer volar en mil pedazos la posibilidad de contar con una izquierda, que ahora más que nunca en su historia, está en condiciones de disputar el poder político con ideas y alternativas, que podría conducir a la nación y no sólo a una parte de los mexicanos. Duele.

pedropenaloza@yahoo.com
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