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Opinión
![]() Christopher Hitchens
Palabras combativas: retornando a la realidad
El Sol de México
15 de noviembre de 2008
LA VICTORIA DE OBAMA NO ELIMINÓ MÁGICAMENTE LOS PROBLEMAS DE ESTADOS UNIDOS
Sí, sí, sí, también yo me sentí satisfecho de estar en la fila y de canjear saludos con el asombrosamente cortés personal de mi mesa de votación y con los muchos ciudadanos de mi deliciosamente multicultural vecindario de Washington. Yo, también estoy usando todavía en mi solapa la etiqueta engomada con las garbosas palabras "yo voté". Y sentí que era bastante fácil emitir un voto para informar al partido Republicano, por el cual recomendé votar en el 2004, que no intentara nuevamente nada de sus triquiñuelas. No más tácticas a lo McCarthy; no más de esas tretas de intentar abandonar el primer debate entre candidatos presidenciales -como hizo el senador John McCain- a fin de ir a votar para salvar a Lehman Bros. No más baboseos defendiendo el fundamentalismo cristiano; no más insinuaciones de que únicamente aquellos lo bastante estúpidos como para apoyar a los republicanos eran los "verdaderos americanos". No más expresiones de burla y desprecio a San Francisco como si no fuera una verdadera ciudad norteamericana. McCain y su absurda compañera de fórmula tendrán simplemente que creer en un más allá para sobrevivir a la vergüenza de lo que intentaron hacer este año en el más acá. Pero posiblemente yo hubiera votado lo mismo por ellos, poniéndome un broche en la nariz al ir a votar, aunque solamente hubiera sido por la crucial batalla para concretar un Irak libre y un Curdistán autónomo. Y, en ese caso, me hubiera molestado la sugerencia de que mi voto era racista. "Histórico", anunciaba el titular de The Guardian, mi periódico favorito de la mañana. (Por favor, si son tan amables, sólo les pido que me informen de las noticias.) ¿Habrían sido tan grandes las letras para la primera mujer vicepresidenta? ¿Y no es ya histórico que millones de cristianos blancos votaron, para ganar o perder, por un hombre con un padre nacido en Kenia que fue criado como musulmán? Así que no exageremos. Y si usted piensa que la prensa y los medios de comunicación norteamericanos han caído en la adoración, simplemente dedique un segundo o dos a analizar las versiones en el extranjero. En la noche de las elecciones pasé cierto tiempo en la televisión británica y luego en la australiana, dando declaraciones. Y por expresar unas pocas dudas suaves sobre el nuevo Presidente electo, me recordaron en un caso que los primeros 16 Presidentes (creo que fue así) de los Estados Unidos podrían haber sido dueños de Barack Obama. En el segundo caso fui informado que hace solamente 40 años a Obama no le hubieran permitido votar en las elecciones, para no mencionar el hecho de ganarlas. Bueno, resulta que nuestro nuevo Presidente no tiene alcurnia de esclavo. Y ninguna rama de su linaje podría haber sido propiedad de nadie, o al menos de ninguna persona nacida en Estados Unidos. (La esclavitud administrada por los musulmanes, sin embargo, es una vieja historia en África, como también horriblemente contemporánea). Y había varios representantes negros norteamericanos hace 40 años, aunque solamente en los estados norteños. La objeción que yo hago es por consiguiente doble. Primero, la elección de Obama es el efecto, y no la causa de los cambios. Segundo, una victoria republicana no habría tenido absolutamente efecto alguno en la situación legal o política de los norteamericanos negros. Forma parte de nuestras leyes y de nuestra Constitución, y no puede ser deshecha por ningún voto o plebiscito efímero. El reconocimiento de estos obvios puntos debería alertarnos sobre un peligro relacionado, que es un familiar cercano de la euforia y de la histeria. Quienes piensan que han votado para legalizar la Utopía (y difícilmente exagero al decir esto ¿han estado leyendo los lacrimosos comentarios de nuestro "commentariat"?) se están preparando para una desilusión que dudo mucho atribuirán a ellos mismos. Esos comentaristas deben saber que El Tesoro Nacional de Estados Unidos es una bóveda que resuena con múltiples ecos, desde que ha quedado vacía. Nuestros enemigos rusos e iraníes están actuando inclusive con más soberbia ahora que sienten el repudio hacia la pareja Bush-Cheney; las colas de desempleados y desalojados de sus viviendas se van a prolongar, y no pienso que una dieta de esperanza las va a hacer desaparecer. Ni siquiera una dieta de audacia, aunque ¿puede usted imaginar algo menos audaz que las figuras grises, de "sálvese-quien-pueda" que han sido elegidas por Obama para integrar su equipo? Ahora se quiere propagar la idea de que si retornáramos a la época de la esclavitud, toda persona blanca estaría automáticamente del lado de los esclavos negros y contra los racistas blancos. Pero toda la evidencia apunta en sentido opuesto: Abraham Lincoln denunció de manera estridente a John Brown, el blanco que se alzó en favor de los esclavos. Y en cuanto a John F. Kennedy (miembro de la última joven y linda familia que ocupó la Mansión Ejecutiva) se sintió avergonzado y molesto por la Marcha de Washington liderada por Martin Luther King. En otras palabras, hay algo indoloro y de autocongratulación en relación a la marejada de Obama. Esto ha pasado antes, por supuesto, con el bombo que se dio a la "Nueva Frontera", a la "Gran Sociedad" y al "Nuevo Amanecer en Estados Unidos". El problema es que esta vez es menos asequible. Hay muchas hipotecas de alto riesgo y otras muestras de horror producto de los derivativos tóxicos que han destruido nuestra confianza en el crédito. Pero un modo mejor de definirlo sería decir que a todo el mundo se le prometió algo, y que casi todo el mundo se dejó atrapar por el cebo populista. Todavía más preocupante, hay enemigos feroces que operan desde Estados al margen de la ley, y cuya influencia es cada vez más grande en todo el mundo. (uno de los episodios más deleznables de la campaña republicana fue su intento de calumniar al senador Joe Biden, candidato a la Vicepresidencia demócrata, por su honesto intento de señalar los desafíos que enfrentará el próximo Presidente en este tópico). Pese a ello, muchos que votaron por Obama parecen suponer que es suficiente el encanto y el atractivo personal del Presidente electo para obviar esas fuerzas hostiles y esos hechos desagradables. No estoy en condiciones de sumarme a ese acto de fe, y no estoy dispuesto a aguantar ninguna indirecta acerca de mi incapacidad para hacerlo. Christopher Hitchens es columnista de la revista Vanity Fair y de Slate Magazine (www.slate.com), donde la columna Fighting Words (Palabras combativas) aparece originalmente. Hitchens ha enviado reportajes desde más de 60 países y ha escrito más de una docena de libros. Los trabajos de Hitchens han sido también publicados de manera regular en The Atlantic, The New York Times Book Review, Harper's, Newsweek International y The New York Review of Books. Es autor de "Thomas Jefferson: Author of America", publicado por Atlas Books. Su último libro es "God Is Not Great: How Religion Poisons Everything" (Twelve). (Traducción de Mario Szichman) The New York Times Syndicate. Columnas anteriores
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