Opinión
Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Obesidad está relacionada con el cáncer

Organización Editorial Mexicana
18 de octubre de 2008

Los antiguos pueblos egipcios, griegos, romanos, ibéricos, aztecas, ninguno eran obesos.

Aztecas y españoles eran sumamente frugales. Estaban satisfechos, los primeros, con una alimentación poco abundante y monótona, compuesta esencialmente de tortillas, atole, tamales, frijoles, granos de amaranto y de chía y, sin embargo, era más variada que la de estos tiempos, pues en ella figuraban varios tipos de plantas cultivadas y silvestres, insectos, gusanos y batracios. Las clases superiores sí disfrutaban de una cocina más refinada y abundante, aunque tampoco eran obesos.

La comida de los egipcios incluía cebolla, poro, ajo, chícharo y frijol; apio, lechuga, rábanos y pepinos y fruta fresca: higos y melones; granadas, calabazas y mejorana, comino, cilantro, perejil y aceites de ajonjolí y de azafrán.

Los griegos, por su parte, no utilizaban cubiertos ya que se servían con los dedos, y sólo usaban cuchara para las salsas y mariscos.

El pescado, las anguilas y las perdices eran platillos populares y abundaba la lechuga, chícharo, frijol, col, cebolla, poro y aceitunas y rara vez comían carne.

Los romanos se alimentaban con una dieta de pan y un potage de trigo llamado puls; lechuga, puerro, huevos duros y macarela al perejil, panza de cerdo en salmuera de atún; esto los pudientes.

Sí es célebre el emperador Heliogábalo, y mamá, siempre que comíamos mucho o no quedábamos satisfechos decía: "comes o tienes el hambre de un Heligábalo", y es que en uno de los cientos de banquetes que el emperador ofrecía se sirvieron 600 cerebros de avestruz, con chícharos y granos de oro.

La frugalidad del pueblo español es anecdótica ya que son capaces de alimentarse sólo de pan y vino, aceitunas y papas. Ciertamente comían jitomate o tomate y escasamente lechuga y cebolla y poca fruta.

Lo que también distingue a estos pueblos antiguos es su hábito y capacidad para hacer ejercicio, y de ahí que la obesidad fuese una excepción y no una regla como ocurre hoy con las y los mexicanos y las y los estadunidenses.

Así, la obesidad, en publicación de Mayo Clinic Health Letter, se calcula que catorce por ciento de las muertes de cáncer en adultos mayores del sexo masculino y 20 por ciento del femenino, "puede atribuirse al exceso en la grasa corporal que se manifiesta en una circunferencia de la cintura excesiva".

De acuerdo con la publicación de la Clínica Mayo, en Nueva York, Estados Unidos, se exponen las siguientes teorías:

"Los altos niveles de insulina en la sangre de las personas obesas e inactivas incita el crecimiento de células cancerosas, además de aumentar la cantidad de otras hormonas que posiblemente desempeñen alguna función en el crecimiento de células cancerosas".

Entre estas hormonas se señala al estrógeno, cuyos niveles son más altos en mujeres posmenopáusicas con exceso de peso, alrededor de 50 o 100 por ciento mayor que en personas delgadas. Esta alteración del estrógeno "incrementaría el riego de padecer cáncer de seno".

En el estudio se mencionan también la hipertensión, cálculos en la vesícula e hígado graso, que "podrían dañar los tejidos del esófago, riñones y vesícula biliar, lo que podría prepara el escenario para desarrollar cáncer".

Precisa el trabajo que aunque se han realizado estudios para determinar el desarrollo de neoplasias en personas obesas, aún no se ha podido determinar si bajar de peso disminuye el riesgo de presentar tumores.

Ante la incertidumbre, lo que los especialistas recomiendan es mantener una dieta sana y hacer ejercicio regularmente ya que así se previene el riesgo de padecer cáncer.

Ciertamente, los pueblos antiguos llevaban una dieta conveniente y hacían ejercicio todos los días. Cosa buena, sí.
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