Opinión
Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
¿Vas al dóler o a la "Comer"?

Organización Editorial Mexicana
15 de octubre de 2008

Cuando uno es vendedor de cebollas y de calzones, y quiere hacerle al Warren Buffet, lo más probable es que quede como el caballo blanco, con todo el hocico sangrando.

Es una lección que acaban de aprender los directivos de Comerci, llevándose -si me permiten usar otra metáfora equina- entre las patas, el 10 por ciento de las reservas del país, meses de recesión que habrían podido ser superados y la tranquilidad espiritual de decenas de miles de mexicanos que ven cómo sus chambas caminan en falsa escuadra, se ladean, se ladean, en el borde del fangal.

Emilio Gamboa Patrón, un político que busca los reflectores como todos, pero que tiene la decencia, la hombría de bien y la sagacidad de romper lanzas por intereses que son siempre los mejores del pueblo mexicano (reflexionando seguramente que, si no lo hace él, otros van a tomar la bandera y, con menos talento, terminarán haciéndola tiras) ha pedido al secretario de Hacienda Agustín Carstens (quien inició el jolgorio subiéndose al trampolín para denunciar a los trampolines) que no nomás diga que fueron empresarios poco patrióticos -y nada madrióticos si a esas vamos- los que pusieron al peso en la resbaladilla, que les ponga nombre y apellidos. Y ya entrado en gastos, que se les castigue con multas sustanciales, multas y con un año o dos de vacaciones en Reno. Si ya hemos metido al bote por corruptos a secretarios de Estado y hermanos de Presidentes, la dinámica democrática exige que también vayan al bote empresarios bandidos.

¡CASI CASINO COMERCI AL!

César, a quien le gustaba tener hombres robustos a su alrededor, hubiera estado encantado con Agustín Carstens.

También el Divino Julio procuraba que sus "ad lateres" no fueran babosos ni sacones, y en eso el secretario de Hacienda también calificaría con un holgado diez. Así que ya desde el segundo piso de la Plaza de la Constitución -de Cádiz, nótese, no de la de Apatzingán ni la de Querétaro- a petición de parte, comenzaron a manar los nombres de la infamia.

Entre ellos destaca el de la Controladora Comercial Mexicana ("Comerci"), una de las 500 empresas más importantes y el segundo grupo de tiendas de autoservicio del país, propietaria de las marcas Costco -originalmente "Price Club"-, restaurantes California, Sumesa, City Market, Alprecio, Bodega Comercial Mexicana, Mega y Comercial Mexicana. Tiene 272 locales comerciales, 38 mil 437 empleados y maneja 172 mil productos.

A los señores Guillermo González Nova, presidente del Consejo de Comerci; Carlos González Zabalegui, presidente ejecutivo, y Francisco Martínez de la Vega Quiroz, director de Administración y Finanzas, no se les hizo suficiente la utilidad que rinden 300 millones de pesos de ventas diarias del grupo, y decidieron ganarse unos cuantos milloncejos para su particular colchoncito, utilizando el dinero de su tesorería, esto, el de los socios y accionistas, para apostarle a una devaluación del peso. Los socios y accionistas no fueron informados hasta que la debacle se había consumado y la empresa se declaró en quiebra virtual, porque González Nova, González Zabalegui y Martínez de la Vega -quien fue quien firmó los cheques, claro que en complicidad con los otros dos- esperaban repartirse la ganancia entre ellos, no reportarlas como utilidades de la empresa. Parafraseando su famoso slogan de "¿Vas al súper o a la Comer?" esta tercia de rufianes se hacían guiños, se reían y se preguntaban entre sí: ¿Vas al dóler o a la Comer?

Nomás que, como se dice vulgarmente, el tirito les salió por el culito, y el dóler se convirtió en doler. Y si les hubiese dolido a ellos nada más, pues merecido lo tenían. Pero han lastimado al país, y eso tienen que pagarlo.
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