Opinión
Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
De lo que el viento a Juárez a lo que el viento se llevó

Organización Editorial Mexicana
8 de octubre de 2008

Cuando tronaron las subprime y se comenzó a hablar de una posible recesión en los Estados Unidos, desde el tradicionalmente fatídico Triángulo de las Bermudas que forman la Secretaría de Hacienda, la Secretaría de Economía y el Banco de México se levantaron joviales y confiadas voces asegurando que, gracias a la visión y sabiduría de los Gobiernos emanados del año 2000, la crisis gringa le iba a hacer a México lo que el viento a Juárez. Hoy, con la moneda, los mercados, el petróleo y las remesas en caída libre, y subiendo sólo los ominosos indicadores de la inflación -que ya alcanzó el doble de lo previsto para el año- y el desempleo, aquellas antes joviales son voces que copian sus gemidos de la Llorona y anuncian que pronto se tendrá que hablar de la floreciente economía mexicana de fines de la primera década del siglo XXI, como de algo que el viento se llevó. Y cuando se les pregunta a los Chicago boys y a los eméritos del FMI qué hacer para evitar el desastre, dónde están los blindajes para ampararnos tras ellos, aconsejan modositos "a las familias" que sean prudentes y ahorren "para cualquier contingencia que se vaya a presentar en el futuro". Para ese pinche viaje no hacían falta alforjas.

Lo de siempre, damas y caballeros, niños peludos y pelados. Nos siguen subiendo en el trapecio fatal: en un extremo del arco las seguridades de que los problemas externos no nos afectarán o lo harán muy levemente; en el otro extremo, las explicaciones de que el desempleo, la devaluación, la carestía, la crisis, se deben a fenómenos internacionales sobre los que las autoridades mexicanas no tienen control. Resultado: que avanzamos con la inevitabilidad de un río que se sale de madre, del "nos hace lo que el viento a Juárez" a contemplar las ruinas y lamentarnos por "lo que el viento se llevó".

(Dos grandes profetas, Jesús de Nazareth y Carlos Marx, que en tantas cosas acertaron, respecto a México se equivocaron lastimosamente. Jesús aseguró que los últimos serían los primeros, pero en México los últimos siguen siendo los últimos. Y Marx aseguró que la historia se repite, la primera vez como tragedia, y la segunda como farsa. En México, inmersas en la farsa, la tragedia persigue a la tragedia).

PERO NO HAY PEDRO, PORQUE ESTÁ DE REGRESO EL PRI, Y CON ÉL LOS AÑOS FELICES

Los resultados de las elecciones del pasado domingo en el estado de Guerrero han sorprendido a la mayoría de los actores políticos.

El PRI está sorprendido porque una cosa son las encuestas y otras la gente votando, y cuando se da el caso, como en Guerrero, de que los resultados superen inclusive las encuestas más optimistas, es como para pintar un ¡oh! de caricatura en la cara del más encallecido de los alquimistas.

El PRD está sorprendido porque, aunque esperaba que las divisiones internas y las influencias nefastas minaran un tanto su posición, nunca supuso que la debacle sería tan extensa, que la marea roja prácticamente los borraría del mapa guerrerense.

El único no sorprendido es el PAN que no sabía nada, no sospechaba nada, no esperaba nada y obtuvo precisamente eso. Nada.

Si hay aspirantes a campeón subidos al "ring" priísta, el "round" guerrerense hay que anotárselo al senador Manlio Fabio Beltrones, quien se reveló no sólo como un brillante estratega de laboratorio, sino como un espléndido táctico en el campo de batalla. Lo malo es que ahora los priístas lo van a convertir en protagonista tácito de las elecciones del próximo año. Van a esperar que haga con los diputados federales lo que hizo con los que sesionan en Chilpancingo.

De más está decir que, sea él o no quien mande las señales, los resultados del 2009 lo tendrán como padre putativo.
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