|
Opinión
![]() Christopher Hitchens
Palabras Combativas: no hagan caso a Henry Kissinger
El Sol de México
3 de octubre de 2008
Ambos candidatos se doblegaron ante Kissinger
Qué extraordinario resulta descubrir que, durante dos días consecutivos, los medios de comunicación norteamericanos se preocuparon por determinar quién tiene más derecho -en un debate sobre "experiencia" en política exterior, entre todas las cosas- a citar a Henry Kissinger. Y es inclusive más extraordinario que el presuntamente pacifista candidato demócrata se haya encargado de citar a Kissinger con mayor deferencia e, inclusive, con mayor exactitud. Comenzó con un proceso cada vez más penoso que podría ser descrito (pero probablemente no lo es) como la educación en el trabajo de la gobernadora Sarah Palin. En el programa "CBS Evening News" del jueves pasado, al enfrentar livianas preguntas de Katie Couric, Palin debe haberse sentido aliviada cuando los tópicos dejaron de ser la doctrina Bush o el espinoso asunto de la proximidad entre Rusia y Alaska, y se concentraron en la aparente debilidad del senador Barack Obama. Pero tras atacar de manera justa a Obama por estar dispuesto a reunirse con los dictadores de Irán y Siria sin "precondiciones", se le recordó a Palin que su nuevo amigo y asesor Henry Kissinger, suministrado esa semana por la maquinaria política de McCain, respalda la diplomacia directa con ambos países. "¿Usted está diciendo", preguntó con absoluta solemnidad la señora Couric, "que Henry Kissinger es ingenuo por apoyar eso?" La respuesta poco convincente de la gobernadora fue comentar: "Yo nunca escuché a Henry Kissinger decir, 'Sí, me reuniré con esos líderes sin que se cumplan precondiciones´". Esto permitió a CBS confirmar luego que Henry Kissinger realmente favoreció ese tipo de conversaciones con ese tipo de regímenes "sin precondiciones". Por cierto, la semana pasada, en un foro en la universidad George Washington, donde participó con otros cuatro exsecretarios de Estado, Kissinger dijo a su audiencia: "Bueno, yo estoy a favor de negociaciones con Irán. Y uno de los beneficios de esa negociación es ofrecer a Irán nuestra visión de Medio Oriente, de un estable Medio Oriente, y nuestras ideas sobre la proliferación nuclear a un nivel lo bastante alto para que se vean forzados a estudiarlo". Kissinger agregó algo que muy difícilmente haya sobresaltado a cualquiera que lo haya visto usurpando las prerrogativas presidenciales durante las administraciones de Richard Nixon y de Gerald Ford: "Yo realmente preferiría que eso se hiciera a nivel del secretario de Estado". Y luego añadió: "No creo que podamos establecer condiciones para la apertura de las negociaciones". Y eso parecería justificar el uso del término "incondicional" en conjunción con el "alto nivel apropiado". Aparentemente, Kissinger cree que la República Islámica de Irán no está enterada de nuestra opinión sobre su programa nuclear, no ha estudiado nuestra posición, no ha aprendido nada de sus prolongadas y deshonestas negociaciones con la Unión Europea y la Agencia Internacional de Energía Atómica, pero puede ser inducida a hacerlo si sus funcionarios logran reunirse con Condoleezza Rice. Aparentemente, ignora que los enviados del ministro de Relaciones Exteriores de Irán son ceros a la izquierda marginados por el Consejo de los Guardianes dominado por los mulás, el verdadero poder detrás del trono en Teherán. Evidentemente, Kissinger también piensa que el régimen de Irán está muy interesado en mantener la estabilidad en la región. Pero luego, la última memorable intervención de Kissinger en esta área fue decir el 13 de enero a los lectores del Washington Post que la vecina Irak debía ser manejada con cuidado pues tiene mayoría sunnita. (En Irak la mayoría es chiíta). Luego, en el portal de Kissinger en internet encontramos el artículo reimpreso con la corrección relevante, aunque sin señalar que el artículo fue alterado. El artículo original ha sido reimpreso en una serie de blogs. Finalmente, por supuesto, está el habitual cariño de Kissinger por cualquier forma de dictadura. El fue amigo de Pinochet, Videla y Suharto, y aduló de manera casi simultánea a Brezhnev y especialmente a Mao. Por lo tanto, no sólo fue un secretario de Estado suave con el fascismo. ¡También fue suave con el comunismo! ¿Conversaciones incondicionales con Ahmadinejad y Assad? ¿Por qué no? Ellos son el tipo de personas con quienes él -y Kissinger Associates, la firma que presenta los déspotas a las corporaciones- prefiere hacer negocios. Así que ver al propio McCain, un día y noche completos luego de la exposición de su insegura compañera de fórmula a ese tipo de ridículo, cometiendo esa equivocación en Oxford, Misisipi, fue realmente algo extraordinario. De todos modos, sobre la misma cuestión de "sin precondiciones", parafraseó la respuesta de Obama, que fue citar a Kissinger del mismo modo que ya lo había hecho Couric. McCain pareció, y tal vez se sintió como un tonto en ese momento. Y tal vez se haya sentido levemente reconfortado cuando Kissinger le dijo a The Weekly Standard tras el debate que, después de todo, en este preciso momento él no "recomienda al próximo presidente de Estados Unidos que se involucre en un diálogo con Irán a nivel presidencial". Lo cual, cuando se le compara con sus comentarios anteriores, hace pensar que él no tiene idea de lo que realmente piensa. Pero la verdadera farsa y desgracia es que este viejo desatinado y criminal de guerra, que ha estado equivocado en todo desde que por primera vez autorizó el ilícito espionaje electrónico para la pandilla de Nixon, sea citado como una autoridad por alguno de los candidatos, o por ambos. Mientras tanto, repito mi pregunta de hace dos semanas: ¿percibe el senador Obama, o se dan cuenta sus seguidores pacifistas y recolectores de fondos exactamente cuánta guerra les está prometiendo si es elegido? Una vez más el 26 de septiembre en Misisipi -al final de una semana en la cual las fuerzas de Estados Unidos y de Pakistán intercambiaron disparos- él repitió su intención de ignorar la frontera paquistaní cuando se trate de perseguir a Al Qaeda. Siendo superado como halcón en este punto, tal como fue casi superado como paloma en el caso de Kissinger, McCain fue moderado por comparación. Obama continuó acusando a Irán de haber construido más centrífugas de lo que muchos piensan. Este argumento tiene una lógica de confrontación, por encima y más allá de los temas menores de las precondiciones y del "nivel" de diplomacia. Pienso que hay que elogiar a Obama por hacer esto -siempre que él realmente sepa lo que está haciendo. Entre tanto, el debate entre los candidatos podría ser más inteligente, y conducido en un plano más alto, si excluyera a un desacreditado pseudo experto que ha pisoteado los derechos humanos, vandalizado la Constitución de Estados Unidos, engañado al Congreso, dejado un sendero de desastres y dictaduras detrás de él, y que merece ser llamado no un halcón o una paloma sino un buitre. (Christopher Hitchens es columnista de la revista Vanity Fair y de Slate Magazine (www.slate.com), donde la columna Fighting Words aparece originalmente. Hitchens ha enviado reportajes desde más de 60 países y ha escrito más de una docena de libros. Los trabajos de Hitchens han sido también publicados de manera regular en The Atlantic, The New York Times Book Review, Harper's, Newsweek International y The New York Review of Books. Es autor de "Thomas Jefferson: Author of America", publicado por Atlas Books. Su último libro es "God Is Not Great: How Religion Poisons Everything", Twelve (Traducción de Mario Szichman). The New York Times Syndicate Columnas anteriores
|
Columnas
Cartones
|