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Opinión
![]() Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
La rebelión de los colgados
Organización Editorial Mexicana
3 de octubre de 2008
Colgados de la ubre del Estado en una de las relaciones parasíticas más exitosas de la historia de la biopolítica, los partidos mexicanos -dos grandes, uno que no se sabe qué tamaño tiene realmente y tres definitivamente microscópicos- tienen, como herramienta preferida para tratar con la institución que los financia y regula, el azadón de adobero. Un instrumento que en su pala no tiene agujeros, así que arrastra todo el material hacia el operador. Lo que se conoce técnicamente como "jalar nomas p'acá".
Nacidos en la cultura de la intocabilidad, primero por la influencia que libremente trafican, y segundo porque han sido declarados oficialmente entidades de utilidad pública, los partidos políticos mexicanos no están acostumbrados a que se les regañe ni castigue. Por el contrario, reciben de los gobiernos en turno toda clase de ventajas -y la suprema facilidad, el dinero- para realizar su cometido, que es por definición la captura del poder, pero que en la práctica se limita a hacer elegir funcionarios públicos. (Hasta recientemente, e Estado mexicano tenía el monopolio del apapachamiento partidista. Les daba franquicias en los servicios públicos, generosos espacios en los medios para efectos propagandísticos, inmunidad en los cuerpos de la ley y el orden y, muy especialmente prerrogativas, que es el eufemismo adoptado para no decir que los mantiene con dinero. A últimas fechas, al Estado le ha salido un competidor en este último renglón. Otros estamentos se han declarado interesados, deseosos, listos para inundar con dolariza azafata las arcas de los Seis. Que esos estamentos radiquen fuera de la ley y de hecho sean enemigos de la sociedad, parece no preocupar a los potenciales beneficiarios. Pero al Estado mexicano le gustan los monopolios. Prefiere seguir siendo el único mecenas de los políticos y sus mercuriales asociaciones. Y está montando un extraordinariamente costoso y complejo sistema de filtros y blindajes para que ningún dinero extraño llegue a cofres de guerra y bolsillos personales de los partidócratas, y conservar intacto el dudoso privilegio de hacer ricos y mantener en el lujo y en el ocio al grupo profesional que más dudas y repugnancia despierta en el mexicano medio) EL QUE DA Y QUITA Como un relámpago en un cielo azul, cuando todo el mundo suponía que el Instituto Federal Electoral estaba enfocado hacia el futuro, a las elecciones federales del año próximo, los consejeros que lo integran le metieron reversa a la máquina del tiempo y se instalaron en 2006, en lugar de 2009. Y lo hicieron con la espada desenvainada y lubricada con un líquido blancuzco que los partidos no han dudado en clasificar como leche de dudosa calidad. Mala leche, para entendernos. Los tajos que asestó ya son famosos: una degüella de 57 millones de pesos al PRD, por el plantón de Reforma y tratar de impedir la toma de posesión del presidente Calderón; una alamina de 38 millones al PAN, por no haber respetado la tregua electoral navideña de diciembre de 2005, y una caloña de diez millones 652 mil 22 pesos al binomio PRI-PVEM, por irregularidades en comicios en Tamaulipas. Naturalmente, ninguno de los estamentos afectados ha recibido graciosamente la punición y, mientras públicamente han puesto en duda la autoridad del IFE para multarlos y declarado su intención de acudir al Tribunal Electoral de la Federación para que revierta los, según ellos, ilegales castigos, se ha corrido la bolilla de que en privado surten con miradas que matan a Leonardo Valdés Zurita, le hacen con la mano la seña de "espérate, cabrón: ya verás como te va" y le repiten como mantra la paremia "el que da y quita con el diablo se desquita". Columnas anteriores
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