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Opinión
![]() Pedro Peñaloza
¿Boleto sin retorno?
Organización Editorial Mexicana
3 de agosto de 2006
Tan grande es su fe, que si le aconteciera caer, creería que todo el mundo se derrumba con él
F. Bodenstedt Cuando la política se convierte en religión, pierde su esencia. Por eso cuando López Obrador pidió que la muchedumbre concentrada en el Zócalo expresara su aprobación a su propuesta de quedarse en la Plaza de la Constitución y realizar bloqueos hasta que el Tribunal aceptara contar voto por voto, apareció la fe y desapareció la política. Es una añeja costumbre de quien no acepta disidencias, "consultar" a las masas, sin que éstas tengan opciones para decidir en sentido distinto a lo que el líder mandata. La comedia de preguntar quién estaba en contra de su propuesta y quién se abstenía, fue grotesca. Imaginarse una mano alzada en estas dos opciones es como creer que en Cuba hay elecciones democráticas. Pero lo hecho por el líder tabasqueño no es fortuito, es una concepción de cómo deben relacionarse los líderes con sus seguidores. Es la versión vernácula de otros como él, que hablan para que las masas acaten y obedezcan. Por eso cuando fue candidato al Gobierno del DF y a la Presidencia de la República no aceptó ningún debate interno; él estaba predestinado a ser el abanderado y el ganador. Lo demás eran formulismos burocráticos. Ahora repite el mismo esquema extraído de explicaciones mágicas y superiores a la mente humana: él ganó la Presidencia de la República por voluntad del pueblo de México. No hay pruebas documentales de ello, pero él deduce que ganó. Por ello tienen que contarse nuevamente los votos, porque él sabe que ganó. Faltaba más. Los síntomas más graves del fanatismo consisten en creer en abstracciones y en dichos o acciones de seres iluminados. Si la realidad contrasta con el deseo y con el esquema previamente concebido, peor para la realidad. Ante ese panorama hay algunos que reclaman que se cuenten la totalidad de los votos por simple anhelo democrático, ya que "sospechan" que hubo fraude; otros, de plano, no sólo piensan esto sino que "creen" que ganó López Obrador, no importa la ausencia de documentos que prueben su deseo. Bloquear una parte sensible de la Ciudad de México por mandato del excandidato perredista implica una apuesta temeraria que demuestra los niveles de concentración del poder de una persona, pero, sobre todo, el poco respeto a los habitantes de una ciudad que le ha dado el respaldo en las urnas al PRD y que seguirán gobernando los próximos seis años. Realizar esta acción de "resistencia civil" (que irónicamente lastima a los intereses de una parte significativa de los civiles del DF) ha puesto en jaque la legalidad impulsada por el propio excandidato en su mandato como jefe de Gobierno (Bando 13) en torno al bloqueo de arterias principales. Ha obligado a Alejandro Encinas, jefe de Gobierno, a esgrimir argumentos baladíes y cantinflescos para defender lo indefendible. Lo extraño es que Encinas no tiene una historia autoritaria, pero las circunstancias lamentablemente lo han exorcizado. El, junto a Jesús Ortega, normalmente sensato, y otros, han vivido un penoso proceso de acriticismo y seguidismo a esta dinámica de radicalización impulsada por el tabasqueño. Frente a esta sospechosa unanimidad ya apareció una luz crítica al bloqueo citadino. Carlos Monsiváis y otros apoyadores de López Obrador han pintado su raya de manera pública. Ojalá no suceda como en otras experiencias históricas y estos críticos vayan a ser acusados de traidores o cualquier otra lindeza. Veremos. El escenario no es nada gratificante. Parece que hemos llegado a un punto muerto: o el Tribunal acepta contar de nueva cuenta los sufragios o el perredismo y sus aliados radicalizarán sus posiciones, lo que implica cualquier cosa, como ya se ha visto. Los tiempos están marcados por polarizaciones y no por argumentos legales. Qué ironía, antes en la izquierda reclamábamos legalidad frente a las arbitrariedades del régimen. Hoy se han volteado los papeles, los nuevos albaceas del PRD realizan ilegalidades para justificar sus reclamos. Esto nos está llevando a un camino sin retorno, se olvida que el resultado de esta confrontación no nos llevará a ningún puerto democrático. Más bien al contrario. pedropenaloza@yahoo.com Columnas anteriores
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