Opinión
Los Grandes Días
Manuel Mejido

Organización Editorial Mexicana
16 de septiembre de 2008

* La violencia se apoderó de la Perla del Papaloapan

* Asaltos, secuestros y drogas invadieron las calles

* "Todo bajo control", aseguró la presidente municipal

Tlacotalpan, Veracruz, declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, antes llamada "Perla del Papaloapan", por su inenarrable belleza, era una ciudad tranquila a orillas de ese hermoso río de las mariposas.

En ese bello pueblo, a nadie le falta para comer y fácilmente se encuentra trabajo. No había delitos e imperaban la paz y la tranquilidad. Pero la garra negra de los facinerosos cayó sobre esa tranquila sociedad trabajadora y pacífica.

En los cuatro puntos cardinales del país, el pueblo se organiza para enfrentar a la delincuencia que los gobiernos han sido incapaces de someter.

Desde varios lugares de la República llegan al correo electrónico de esta columna informes de ciudadanos que revelan una serie de actividades criminales que se cometen desde hace mucho tiempo y otras, nuevas, que ensaya el crimen organizado en toda la nación.

A nadie sorprende ya un asesinato en la vía pública o un asalto a mano armada en pleno centro de las ciudades. Ni siquiera un secuestro como el de aquel niño Fernando Bohigas Lomelí, ocurrido en 1945, que azoró a la sociedad mexicana. La impactó de tal manera que enmudeció al país.

En aquellos días ocurría lo inconcebible, lo nunca antes visto, lo que no podía ser, no obstante, que ya existían en el mundo un antecedente de secuestro de infante que conmovió desde lo más profundo a las sociedades de la época. Fue el secuestro, en 1932, de Charles Lindbergh, de 19 meses, e hijo del primer hombre en cruzar en avión el Océano Atlántico.

Ahora se cometen entre tres y cuatro secuestros al día, sin que lleguen siquiera a las últimas páginas de los periódicos ni a los cada vez más numerosos programas de nota roja que se transmiten en el duopolio televisivo.

Tuvo que ser secuestrado y muerto el joven Fernando Martí, hijo de una acaudalada familia, para poner en marcha en toda la nación una protesta contra los gobernantes incapaces de controlar el crimen, que apenas está empezando.

La siguiente es una lista de algunos de los delitos cometidos en Tlacotalpan sólo en una semana: La tarde del 28 de agosto dos personas, que pidieron el anonimato, fueron asaltadas con violencia a plena luz del día en una de las principales calles de la ciudad, al retirar de un cajero automático la totalidad de sus pensiones mensuales.

Por la noche, unos ladrones ingresaron al Supermercado Anita, propiedad de Raúl Gómez, ubicado en el primer cuadro de Tlacotalpan de donde extrajeron tarjetas telefónicas de prepago, alhajas y relojes, principalmente.

Un día después, Pedro Molina Fernández, propietario desde hace más de 20 años del depósito de cerveza "El Jarochito", fue interceptado cuando se dirigía a su hogar. Por primera vez lo asaltaron, golpearon y amenazaron para quitarle la cuenta del día.

Mientras Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación, entregaba el Segundo Informe de Gobierno del presidente Felipe Calderón en la Cámara de Diputados en la Ciudad de México, el 1 de septiembre en Tlacotalpan asaltaban la Farmacia San José, situada en los portales del pueblo. La denuncia fue presentada por su propietaria, Marta Villar Aguirre.

Horas más tarde se perpetraba otro atraco en el tendajón de Matilde Naranjos Romero, quien fue despojada de toda su mercancía.

Para el 3 de septiembre, los hampones consiguieron un botín estimado en dos millones de pesos, que fueron robados en el Ingenio San Cristóbal, equivalente al fondo de los trabajadores jubilados.

El ganadero José Rodríguez, un personaje respetado en Tlacotalpan, fue secuestrado desde hace más de tres semanas. Hasta la fecha no ha sido liberado y se desconoce si sus familiares ya negocian con sus captores.

Otras de las quejas de ese otrora tranquilo poblado veracruzano es la venta de drogas en las escuelas, bares y discotecas, sin que los narcotraficantes sean detenidos por las autoridades. Por temor a ser asaltados, los repartidores de agua y gas no llevan consigo ni un peso de cambio.

Ante esta ola de asaltos, secuestros e impunidades, un grupo de comerciantes el pasado 4 de septiembre se presentó en el palacio de gobierno para exigir la atención de la priísta Esperanza Buruela, la presidenta municipal, pero la funcionaria no salió a recibirlos.

Tras la insistencia de los quejosos, veinticuatro horas después la alcaldesa habló con ellos, pero sólo para decirles que todo está bajo control. Que nada ocurre.

Ante la indiferencia de las autoridades, el pueblo de Tlacotalpan tomó las calles el pasado sábado 6 de septiembre en demanda de que les sea devuelta la paz que se vivía en esa bella región.

La violencia se apoderó de todos los rincones del país. Pero los mexicanos están dispuestos a defender su legítimo derecho a exigir seguridad para sus vidas y bienes, aunque para conseguirlo tengan que manifestarse en contra de los gobernantes.

manuelmejido@elsoldemexico.com.mx
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