Opinión
Juan Antonio García Villa
Rudo crítico de Cervantes y El Quijote

El Sol de México
7 de septiembre de 2008

El capítulo 17 de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, que vio la luz en 1615, diez años después de la aparición de la primera de esta inmortal novela de Miguel de Cervantes, contiene la narración del temerario enfrentamiento que el Caballero de la Triste Figura insiste en sostener nada menos que con un temible león. Por este incidente, él mismo pide que en adelante se le conozca como el "Caballero de los Leones". Sucede que yendo por uno de esos caminos en compañía de Sancho Panza y don Diego de Miranda, a quien don Quijote llamaba el Caballero del Verde Gabán, los caminantes se topan con un par de carros sobre los que van montadas sendas jaulas. En éstas es conducida una pareja de leones africanos, hembra y macho, que el general de Orán envía a la corte en obsequio al rey de España. Luego de oponer resistencia, el leonero es obligado por don Quijote a abrir la jaula del macho. Cervantes describe así al:

"...león, el cual pareció de grandeza extraordinaria y de espantable y fea catadura. Lo primero que hizo fue revolverse en la jaula, donde venía echado, y tender la garra, y desperezarse todo; abrió luego la boca y bostezó muy despacio, y con casi dos palmos de lengua que sacó fuera se despolvoreó los ojos y se lavó el rostro; hecho esto, sacó la cabeza fuera de la jaula y miró a todas partes con los ojos hechos brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad. Sólo don Quijote lo miraba atentamente, deseando que saltase ya del carro y viniese con él a las manos, entre las cuales pensaba hacerle pedazos."

El lector estará de acuerdo, como numerosos críticos lo han estado a lo largo de cuatro siglos, que el anterior pasaje -como muchos otros del Quijote- es sencillamente magistral. En unas cuantas líneas, Cervantes describe con gran fuerza el gesto y pose de la temible fiera. Pues bien, un conocido y prolífico escritor de origen ruso, Vladimir Nabokov (1899-1977), quien adquirió fama internacional a mediados de la década de los 50 con su polémica novela "Lolita", no sólo fue un terrible crítico del libro Don Quijote de la Mancha y de su autor, sino que fue especialmente duro, rudo y ácido con la parte descriptiva de la obra, más que con sus diálogos.

En 1952, como profesor visitante, Nabokov dictó en Harvard media docena de conferencias sobre El Quijote, las cuales se recogieron en un libro cuya traducción al español lleva el título de "Curso sobre El Quijote". En éste, Nabokov hace, entre otras, las siguientes afirmaciones: "Se ha dicho del Quijote que es la mejor novela de todos los tiempos. Esto -sostiene el ruso- es una tontería por supuesto. La realidad es que no es ni siquiera una de las mejores novelas del mundo"; sentencia asimismo que se trata "de una historia muy deshilvanada y chapucera"; de igual manera que "es uno de los libros más amargos y bárbaros de todos los tiempos" y que "la novela es un fárrago de acontecimientos prefabricados (¿en qué novela no lo son?), intrigas de segunda mano, versos mediocres, interpolaciones manidas, disfraces imposibles y coincidencias increíbles".

Sin embargo, al elaborar su crítica Nabokov distingue entre los diálogos y los pasajes descriptivos en El Quijote. Dice de los primeros que son vivos y de los segundos que son de plano muertos. Tiene una explicación al respecto: "El arte del diálogo -afirma- se desarrolló y perfeccionó mucho antes que el arte de describir, o mejor digamos, de expresar la naturaleza. En 1600 el diálogo ya es excelente en los grandes escritores de todos los países: natural, flexible, vistoso y vivo. Pero la traducción de los paisajes a palabras tendrá que esperar hasta, más o menos, los comienzos del siglo XIX para alcanzar el nivel que el diálogo había alcanzado doscientos años antes". Independientemente de que se esté o no de acuerdo con la teoría literaria nabokoviana, y luego de leer el breve pasaje -que es sólo un botón de muestra- en el que Cervantes describe al león, ¿no cree usted, lector amable, que Nabokov se equivoca redondamente al sostener que la pluma cervantina carece de fuerza descriptiva?
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