Opinión
Gerardo Sosa Castelán
Dos de cada tres maestros...

Organización Editorial Mexicana
24 de agosto de 2008

Inició un nuevo ciclo escolar. Millones de niños, jóvenes y profesionales de la educación retornaron, el pasado 18 de agosto, a las aulas y para no variar, nuevos y viejos reclamos sobre la calidad de la enseñanza han vuelto a aparecer en los medios de comunicación, donde los actores políticos del ramo se inculpan unos a otros del deterioro que inocultablemente priva en el sector.

En ese contexto, lamentablemente hay ya un exceso de acusaciones, pero peor aún es que todos quienes las emiten, se quedan cortos al momento de aceptar responsabilidades.

En medio de todo esto, se hallan las maestras y maestros a quienes se anatematiza, como si fuesen extraterrestres que vivieran una realidad distinta a la que se enfrenta cada día el resto de los mexicanos: problemas económicos, violencia social, frustraciones políticas. Y aunado a ello, los psicológicos que se derivan de mantenerse frente a las aulas.

José Antonio Lara Peinado, psicoanalista hidalguense, ha investigado durante más de una década la fatiga magisterial, la neurosis que afecta a los docentes y los rasgos perversos de la profesión de enseñar. Resultado de su indagatoria en planteles escolares de toda la República Mexicana, ha publicado un libro intitulado "El mal-estar docente", donde no sólo habla de los mentores frente a grupo, sino también aborda el tema de los desequilibrios que presentan directivos y autoridades.

Lo alarmante es que, entrampados en sus discusiones, los actores administrativos y políticos de la educación soslayan y no atienden estos graves problemas.

Las cifras presentadas por Lara Peinado llaman la atención. Por ejemplo, al hablar de los problemas de las maestras, señaló que dos de cada tres han aceptado tener una relación disfuncional; mismo porcentaje ha sido maltratada de manera verbal; una de cada tres ha sido lastimada físicamente; dos de cada tres viven con una pareja alcohólica, igual cantidad ha presentado al menos estado depresivo menor, ha tomado alguna sustancia para controlarla o presenta un alcoholismo temprano.

Por lo que hace a los maestros, la investigación establece que dos de cada tres aceptan haber golpeado alguna vez a sus esposas, misma proporción es ya alcohólico, obsesivo y reconoce haber dado alguna vez golpes a sus alumnos o de plano manifiesta sentirse insatisfecho con su vida.

Desde luego no es el propósito del psicoanalista Lara Peinado -por supuesto tampoco de quien esto escribe- insultar o denostar a quienes ejercen la noble y muy sacrificada labor docente. Por el contrario, se trata de llamar la atención de los ya citados actores políticos de la educación para que, con la celeridad que el caso amerita, aborden esta delicada situación y, por consiguiente, trabajen en la búsqueda de la solución que merece.

Como el resto de la sociedad, los maestros sin duda alguna sufren los problemas que todos y cada uno de los mexicanos enfrentan cotidianamente, pues no son ínsulas aisladas. Tampoco provienen del espacio exterior, ni al terminar sus labores suben a una nave espacial que los saque de la realidad que se vive en el país.

Dice el autor José Antonio Lara Peinado, que "...si en una familia los hijos son el síntoma de la enfermedad de los padres, en una escuela los maestros son el síntoma de lo que pasa en el país. No se puede seguir ignorando lo que pasa en las escuelas, pues de seguirlo haciendo, estaremos condenando a los niños, mujeres y jóvenes a una insatisfacción, de la cual no vamos a poder sacarlos más adelante".
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