Opinión
Gerardo Sosa Castelán
El histórico PRI

Organización Editorial Mexicana
17 de agosto de 2008

Tucídides, filósofo ateniense, decía a sus alumnos que "la historia es un incesante volver a empezar". Viene a la mente tan irrefutable verdad ahora que el Partido Revolucionario Institucional regresa a Aguascalientes para celebrar la reunión de su máximo órgano de dirigencia, la Asamblea Nacional, lo cual ocurrirá los últimos días de la semana que hoy inicia.

En la capital hidrocálida, el histórico PRI tendrá oportunidad de "volver a empezar" lo que con mayor éxito hacía por la sociedad mexicana hasta antes del 2000. Un proceso de desarrollo que ha sido frenado por una alternancia en el poder, cuyos saldos son escasamente plausibles y sí, por el contrario, muy cuestionables.

Como hace casi 96 años, Aguascalientes volverá a ser sede de los revolucionarios que ahí se reunieron para elaborar un programa de gobierno. Hoy, otra vez, se presenta la oportunidad de agrupar a las fuerzas progresistas, que han demostrado capacidad y talento para dirigir al país, y reorganizadas, servir a los mexicanos como se merecen.

En octubre de 1914, en efecto, Aguascalientes fue escogida como sede para efectuar la Convención Revolucionaria, con el claro propósito de tratar de evitar la escisión entre las facciones, decidir quién estaría al frente de la nación y en qué forma, así como acordar la elaboración de un programa de gobierno.

Aquella Convención es interpretada por Luciano Ramírez Hurtado, investigador del Departamento de Historia de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, ante todo como un intento de negociación política, una disputa por el poder, un tratar de imponer su hegemonía, una lucha por el Estado. Fue el escenario institucional en donde midieron sus respectivas fuerzas las principales corrientes revolucionarias en pugna que habían conformado la coalición antihuertista.

Fue también una asamblea nacional de discusión que precedió al enfrentamiento militar inter-revolucionario. Acudieron a ella las distintas facciones para presentarse, identificarse, reconocerse y ponerse a prueba. En ese encuentro hubo, además, desencuentros; más que confluencia se registró confrontación de posiciones, vertientes y proyectos políticos, así como enfrentamiento de tendencias ideológicas.

El historiador Enrique Florescano, por su parte, afirma que en 1914 las diversas fuerzas políticas que se habían desarrollado en escenarios apartados se reconocieron, se confrontaron los jefes y representantes de los principales grupos revolucionarios del país, que animados por pulsiones diversas pusieron a discusión sus personalidades, ideas y programas.

Pero sobre todo, la Convención fue el terreno institucional en el que cada una de las corrientes buscó fortalecer su proyecto revolucionario, al mismo tiempo que procuró debilitar los de las otras facciones y así tratar de avanzar en sus respectivos planes de hegemonía.

Es la institucionalidad, precisamente, lo que dio al Partido de la Revolución Mexicana su carácter histórico. Una institucionalidad que, tiempos distintos, costumbres diferentes, permite ahora que en una Asamblea Nacional se confronten los proyectos de cada una de las corrientes que conviven al seno del PRI.

Porque hay proyectos distintos -como en el caso de las reformas indispensables en el vital sector petrolero de la economía nacional- con un denominador común: encontrar las soluciones que más convengan al país y a sus habitantes.

Con ese ánimo, por fortuna ya no bélico, en Aguascalientes "vuelve a empezar", como decía Tucídides, la historia del PRI.

gerardososa_cas@yahoo.com.mx
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