Opinión
Juan Antonio García Villa
¿Qué va a pasar con las cervezas tradicionales?

El Sol de México
17 de agosto de 2008

Finalmente, luego de que durante varias semanas fue sólo un rumor, el pasado mes de julio se concretó la adquisición de Annheuser-Busch, durante muchos años la compañía cervecera dominante en los Estados Unidos, por parte de la empresa belga InBev. Con esta compra se integra un gigantesco consorcio, cuyas ventas en el año en curso se calculan en alrededor de 34 mil 400 millones de dólares. Así, la firma belga se convierte en la empresa cervecera más grande del planeta, al tiempo que se acelera el proceso de concentración que desde hace varias décadas se venía observando en esta industria en el ámbito mundial. Se puede decir que prácticamente ya sólo quedan en el escenario global tres grandes gigantes. Los otros dos, que son Sab-Miller y Coors-Molson -Heineken es un caso aparte-, resultado a su vez de sendas fusiones, pero que ni unidos alcanzarían el tamaño que ahora tiene Annheuser-Busch-InBev.

No deja de ser paradójico que este brutal proceso de concentración a escala mundial de la industria cervecera tenga lugar, simultáneamente, con otro en sentido inverso en la misma industria. Sucede que a partir de 1970, inicialmente en Inglaterra y después en otros países de Europa, Australia y Estados Unidos, caracterizados todos por ser grandes consumidores de cerveza, surgió con gran vigor un movimiento -conocido como CAMRA ("campaña a favor de la auténtica cerveza Ale", por sus siglas en inglés), a favor del consumo de cervezas más tradicionales. Esta tendencia, hacia la degustación de la bebida, ha provocado el nacimiento de numerosas pequeñas factorías, cuyo número ha alcanzado cifras impresiones. Sólo en Estados Unidos pasan del millar, su producción representa ya el 4 por ciento del mercado de ese país, que es enorme, el 6 de las ventas totales y su crecimiento anual anda en el orden del 5 por ciento.

Así pues, se observan dos tendencias claramente opuestas. Una hacia la concentración y otra hacia la atomización de esta industria, aunque en segmentos de la misma claramente diferenciados. El primero caracterizado por el consumo y la producción masiva del producto, que es visto como una bebida refrescante y aun para embriagarse; y el segundo de cerveza producida en pequeñas factorías, para ser degustada. Dos preferencias en la que es, en el mundo, la bebida popular por excelencia; y a su vez tan antigua que sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos.

Es posible que haya sido conocida hace nueve mil años, toda vez que en Jericó se encontraron restos de una bebida fermentada que data de siete mil años antes de Cristo. El más viejo testimonio escrito sobre su existencia proviene de la civilización sumeria y es de hace seis mil años.

En la antigüedad, esta bebida no tenía, ni remotamente, la apariencia de las cervezas limpias y espumosas que conocemos modernamente. Seguramente aquella era turbia y con residuos en suspensión, pues durante miles de años fue un producto ni siquiera artesanal, sino doméstico. Las amas de casa la elaboraban para el consumo familiar. Hasta que hace alrededor de mil años se empezó a producir en pequeñas factorías, incluida la elaborada en monasterios, como hasta la fecha sucede en media docena de ellos, en Bélgica y en Holanda, donde se prepara la exquisita cerveza conocida como tipo trapense o de abadía.

Más recientemente, en el último siglo y medio, la industria cervecera tuvo en todo el mundo un crecimiento espectacular. Apoyaron esta expansión los notables avances registrados en el transporte y en los sistemas de refrigeración. En sentido inverso, se pasó de miles de empresas en esta industria a unos cuantos cientos, muchas de ellas transnacionales, iniciándose el proceso de concentración. Ahora quedan unas cuantas dedicadas a la producción masiva. Pero también algunas miles de pequeñas factorías que se han venido creando desde el arranque de CAMRA, hace casi cuatro décadas, ocupadas en la elaboración de la gran variedad de cervezas tradicionales. Cabe preguntarse ¿qué va a pasar en una o dos décadas más con este sector cervecero, hasta ahora pujante, frente a los tres gigantes?
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