Opinión
Gabriela Mora Guillén
Secuestrados...

Organización Editorial Mexicana
17 de agosto de 2008

A raíz de los acontecimientos derivados del espantoso resultado del caso "Martí", todo parece indicar que la agraviada sociedad mexicana ha resuelto empezar -ahora sí- a tomar acción en aras de exigir a las autoridades de todo el territorio nacional ponerse a trabajar en búsqueda de la ansiada seguridad pública, que a lo largo de los años se nos ha venido prometiendo y que, lejos de encontrar, día con día está más lejos de nosotros.

Ni más ni menos que el mismísimo padre de Fernando, el empresario Alejandro Martí, ha decidido afrontar los hechos y buscar que el sacrificio de su hijo valga en pro de una lucha frontal de la sociedad contra la apatía, corrupción e impunidad de las autoridades, cuya actitud ha promovido el deterioro en el que nos encontramos.

Al reconocer la responsabilidad de las autoridades, Martí destacó igualmente la participación de la sociedad en el estado actual del crimen, "hemos permitido que ellos no hagan su trabajo... todos debemos sentir vergüenza porque este nivel de impunidad y crimen nos haya alcanzado", dijo.

A invitación de "México Unido contra la Delincuencia" y del propio Alejandro Martí, el próximo sábado 30 de agosto a las 19:00 horas, el país será iluminado por millones de veladoras que la sociedad portará en una desesperada exigencia para implementar estrategias de lucha efectiva contra el secuestro.

No obstante, personajes de la política y más aún los propios funcionarios de seguridad han reconocido tener "vergüenza de Estado" y sumarse al ¡Ya basta! de la sociedad... Peor no podría ser el mensaje que nos mandan, dado que habrían de ser quienes ofrecieran resultados más que propuestas, en franco reconocimiento de su incapacidad para operar en la materia. Lejos de sumarse a la indignación ciudadana o condicionar su presencia en "cumbres o consejos", esperaríamos el cumplimiento de sus obligaciones mediante la promoción de acciones realmente efectivas.

Al efecto, y por lo pronto, en el Distrito Federal sería conveniente atender al reciente funcionario capitalino Manuel Mondragón y revivir las conclusiones de Rudolph Giuliani respecto al costoso estudio solicitado por el Gobierno capitalino -ya entonces perredista-, que recomendó la aplicación de "Tolerancia Cero": Impedir bloqueos en las calles, vendedores sin permiso, taxis pirata, desorden y falta de registro del transporte público.

Sin embargo, hemos de reconocer la imposibilidad de aplicar este tipo de medidas en la ciudad bajo un gobierno, al que inevitablemente afectaría en sus intereses políticos. Es precisamente en el área del transporte, vendedores ambulantes, bloqueo de calles, toma de tribunas, ayudas y pensiones en donde radican los grupos duros del perredismo.

Adicional e independientemente a lo anterior, salvo honrosas excepciones, los supuestos guardianes del orden se han convertido en una de las peores amenazas de la sociedad a la que habrían de servir, y desde tiempos pasados -cuando se comenzó a implantar la moda de "pensiones y ayudas económicas" en el DF sabemos que una buena parte de los recursos designados a la seguridad pública han desviado su curso hacia áreas del "desarrollo social".

Recordemos a Octavio Paz en su "Miscelánea II, Obras completas". Refiriéndose al proceso electoral de 1997, cuando Cuauhtémoc Cárdenas derrotó al PRI en el Distrito Federal: "El recurso que nos queda a los ciudadanos es la crítica... Sólo la crítica puede limitar los extravíos de un poder embriagado de sí mismo. Mi aviso a los vencedores: escuchen a los otros. Esta modesta advertencia concierne particularmente al que seguramente será el jefe de Gobierno del DF, el ingeniero Cárdenas. Se trata de una zona donde coinciden dos poderes, el del Presidente y el del jefe de Gobierno. Esta coincidencia, incluso si la jurisdicción de cada uno de los dos está claramente delimitada por la ley, puede transformarse en un fructuoso experimento de colaboración, sin mengua de la legítima y necesaria independencia del gobernador, o en una serie de conflictos y choques. Esto último sería gravísimo, pues convertiría a la Ciudad de México en una fuente de inestabilidad política. Y ya lo sabemos: la inestabilidad colinda con dos peligros gemelos que pueden arruinar a una democracia, la anarquía o la fuerza".

Inevitablemente nos encontramos en un total estado de anarquía, ante una de las más severas crisis de ingobernabilidad; secuestrados por todos lados. Sigamos pues el ejemplo de Alejandro Martí y su familia, lejos de hundirnos en la tristeza y lamentar las heridas, levantemos la voz y actuemos.

gamogui@hotmail.com
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