Sociales
Nadia Comaneci, la mejor gimnasta de la historia
Nadia Comaneci, en 1976. Foto: Archivo / El Sol de Cuernavaca
El Sol de Cuernavaca
8 de agosto de 2008

María José Lasso

Cuernavaca, Morelos.- ¿Quién no recuerda a la pequeña que revolucionó al mundo, convirtiéndose en la reina indiscutible de los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976?

Nadia Elena Comaneci nació el 12 de noviembre de 1961 en Onesti, un pequeño pueblo perdido en los Cárpatos rumanos. Fue bautizada por sus padres en honor a la heroína de una película rusa con el nombre de Nadezhda (que en rumano significa Esperanza).

Fue descubierta a la temprana edad de 6 años por uno de los mejores entrenadores de este deporte, su compatriota Bela Karolyi, quien desde el primer momento se hizo cargo de su entrenamiento y la convirtió en la gran campeona que hoy conocemos. Su enorme calidad la llevó muy pronto a formar parte del equipo juvenil rumano.

Pero no sería hasta 1970 cuando el mundo empezaría a disfrutar de sus perfectos movimientos, ganando ese mismo año el "Campeonato Nacional Juvenil", título al que le siguieron muchos más trofeos.

1976 sería el año de su primera visita a los Estados Unidos, donde ganaría la "Copa América", además de algunos títulos preolímpicos. Títulos que la catapultarían a lo más alto de la clasificación individual general de las competiciones preolímpicas. Este exitoso año la llevaría a ser elegida por la "Associated Press" como la atleta del año.

Pero su leyenda comenzó a forjarse en los "Juegos Olímpicos de Montreal (1976)", donde con apenas 14 años, 1,50 de estatura y 40 kilos de peso, asombró a medio mundo convirtiéndose en la primera gimnasta en conseguir la puntuación máxima, un 10. Consiguió 7 calificaciones de 10 más: 3 por equipos, 2 en el absoluto individual y otros 2 en las finales de paralelas y barra. Los marcadores electrónicos de las puntuaciones, al no estar preparados para tal puntuación (como máximo tres dígitos), reflejaron un anecdótico 1,00. Ganó 3 medallas de oro (absoluta individual, barra y asimétricas), 1 de plata (por equipos) y una quinta de bronce en suelo. A su regreso a Rumania fue recibida como una heroína, nombrándola "Héroe socialista del trabajo".

Tras este gran éxito en Montreal, continuó demostrando su calidad como gimnasta en la "Copa Chunichi" en Japón, el campeonato europeo de 1977 en Checoslovaquia (donde revalidó el título individual, pero perdió el de por equipos), y en el tour que realizó por México y Estados Unidos.

Después de su enormes éxitos, los años de 1978 y 1979 se convertirían en los peores años de su carrera profesional, debido a la presión que tenía que soportar y a sus problemas con el sobrepeso. En el último, en el Campeonato Mundial celebrado en Estrasburgo (1978), se cayó al suelo en su presentación en las barras asimétricas, quedándose sin posibilidades (quedó cuarta). Aunque ganó el oro en barras de equilibrio.

En 1980 se celebraron los Juegos Olímpicos en Moscú, donde tras un periodo de inactividad se presentó a estos juegos otra vez en forma, participando con una dolencia en la ciática, la cual le provocaba un fuerte dolor en sus piernas. Sin embargo, ganó dos medallas de oro (suelo y barra de equilibrios) y una de plata (por equipos).

"Los Juegos Olímpicos Universitarios" en Rumania (1981), se convertirían en su última participación en un torneo, donde ganó todas las categorías individuales consiguiendo un total de cinco medallas de oro.

En 1984, debido a una infección en la mano y después de algunos meses de irregular competición, decidió retirarse, Nadia tenía 22 años.

El Comité Olímpico Internacional decidió invitarla a los Juegos Olímpicos que se celebrarían ese mismo año en Los Ángeles (1984). Durante esta estancia en los Estados Unidos, el presidente de Rumania, Nicolás Ceausescu, debido al miedo a que se fugara decidió incautar su correspondencia e intervenir su teléfono.

Nadia se convirtió en profesora de educación física y entrenadora del equipo juvenil rumano de gimnasia.

En 1989 decide pedir asilo diplomático en la embajada americana en Austria, para ello tuvo que escapar a través de un agujero en la alambrada y caminar durante 6 horas hasta llegar a la frontera con Hungría. Una vez en dicho país, el político rumano Constantin Panait se encargaría de llevarla hasta Austria y luego hasta los Estados Unidos. Pero la ayuda de este personaje no sería gratuita, le costó 5.000 dólares. La obligaba a aparentar que eran amantes, con la amenaza de devolverla a Rumania si no hacía lo que él quería, empañando así la imagen de Nadia. Su antiguo entrenador, Bela Karolyi, al enterarse de la situación y con la ayuda del entrenador rumano de rugby, Alexandre Stefu, la rescatan de los brazos de este personaje.

Nadia se marchó a Montreal con Stefu y su familia, allí conoció al que se convertiría en su marido, el gimnasta americano Bart Conner, también campeón olímpico. Tras realizar los trámites burocráticos necesarios, consiguió por fin la nacionalidad americana, fijando por aquella época su residencia en Montreal.

En 1996, tras algunos años de relación, decidió casarse, celebrando la boda en su país natal, Rumania. Fue transmitida por televisión, convirtiéndose en el evento más visto en el país en la década de los 90.

En 1996 fue galardonada como la atleta de mayor influencia de la historia y fue elegida para formar parte de el "Gymnastics Hall of Fame".

El 19 de noviembre de 1999 recibió el premio a la mejor atleta femenina de la historia en los "Premios Deportivos Mundiales", celebrados en Viena.

En diciembre del 2003 publicó su primer y hasta ahora único libro, "Cartas a una gimnasta joven".

Actualmente reside con su marido en Oklahoma, donde ambos dirigen la "Academia Gimnástica Bart Conner", además de ser editores asociados de la revista "International Gymnast Magazine". Poseen su propia productora de televisión, "Perfect 10 Productions", que se dedica a la retransmisiones deportivas.

También ha hecho sus pininos dentro del mundo de la belleza, donde posee su propia línea de cosméticos para el cuidado de la piel, "Gerovital Nadia Comanecci Treatment"..

En la actualidad es vicepresidenta del Consejo de Dirección de Olimpiadas Especiales, presidenta de Honor de la Federación Rumana de Gimnasia, presidenta Honorífica del Comité Olímpico Rumano, embajadora de Deportes de Rumania y miembro de la Fundación de la Federación Internacional de Gimnasia.