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Opinión
![]() Gerardo Sosa Castelán
Popularidad y campañas negras
Organización Editorial Mexicana
3 de agosto de 2008
Sencillamente espectacular el recibimiento que la capital alemana ofreció a Barack Obama. Sucedió hace unos días, justo 45 años después de que John F. Kennedy pronunciara aquel "Yo soy berlinés" que desmoronó el alma de los germanos.
En esta oportunidad, el candidato demócrata a la Casa Blanca también entusiasmó a las más de 200 mil personas que se dieron cita en el parque Tiergarten de Berlín. El aspirante a la presidencia parece ser un político norteamericano diferente a los demás. Al menos muy distinto a los republicanos. Estos sólo saben hablar de la amenaza del terrorismo, sabedores que en Estados Unidos, ante este tipo de intimidación, la población tiende a replegarse en torno al poder. En Berlín, el senador por Illinois habló de los retos de futuro de la humanidad. Se refirió también al terrorismo, pero fue mucho más allá al tocar temas trascendentales como el del calentamiento global, la pobreza, el tráfico de drogas o los genocidios de algunos países africanos. Ha sido, por lo tanto, un discurso sin precedentes en una campaña presidencial. El candidato del Partido Demócrata a la Casa Blanca fue especialmente aplaudido cuando manifestó su intención de luchar contra el calentamiento climático y retirar las tropas norteamericanas de Irak. En ese contexto, declaró: "Pueblo de Berlín, pueblos del mundo, ha llegado nuestra hora; una nueva generación, nuestra generación, debe dejar su huella en la historia". Frente al terrorismo, al calentamiento climático, a la droga, a la proliferación nuclear, "no podemos permitirnos estar divididos", señaló en forma categórica Barack Obama. Asimismo, ante los alemanes puntualizó que "el siglo XXI se abrió en un mundo más interdependiente que nunca en la historia de la humanidad, pero ese acercamiento provocó nuevos peligros que no pueden ser separados por fronteras u océanos; Estados Unidos no tiene mejor aliado que Europa". Al evocar la caída del muro de Berlín en 1989, el candidato demócrata llamó a derrumbar otros: "Los muros entre los aliados de largo tiempo de una parte y otra del Atlántico no pueden permanecer erguidos; los muros entre los países más ricos y los más pobres, entre las razas y las tribus, entre los nacionales y los inmigrantes, entre los cristianos, musulmanes y judíos". Tras sus palabras, interrumpidas muchas veces por los aplausos y los gritos de "Sí, podemos", su lema de campaña, Barack Obama se mezcló durante cinco minutos a la muchedumbre que se agolpaba para darle la mano o fotografiarlo. De esta forma, quedó en claro que el político nacido en Hawái, es popular en Berlín y en toda Europa, como lo es también en Estados Unidos. Por eso es que la reacción republicana, la que postulará en estos días a John McCain como su candidato presidencial, ha sido la de sacar al aire spots que forman parte de una campaña negra -como las que se conocieron en México en 2006-, donde se compara al aspirante demócrata con dos personajes del "star system" hollywoodense: Paris Hilton y Britney Spears, conocidas mundialmente por sus escándalos de sexo, droga y alcohol. En dicha propaganda se ve a los tres personajes, Obama, Hilton y Spears, al tiempo que aparece una pregunta dirigida al votante medio estadunidense: ¿popularidad o experiencia? Se trata, sin duda alguna, de una campaña negra, como antídoto a la popularidad de un político que, definitivamente, en poco se parece a los demás. Ante ello, salta la pregunta: ¿cuál de las dos estrategias se impondrá el cada vez más próximo primer martes de noviembre? E-mail: gerardososa_cas@yahoo.com.mx Columnas anteriores
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