Opinión
Gerardo Sosa Castelán
De la armónica a la armonía política

Organización Editorial Mexicana
20 de julio de 2008

Una golondrina no hace verano, se sabe. Pero aun así resulta altamente promisorio de nuevos y mejores tiempos y climas políticos el hecho de que Felipe Calderón y Marcelo Ebrard hayan protagonizado, la semana anterior, un capítulo de distensión en sus tormentosas y no pocas veces ríspidas relaciones.

El inusual evento donde participaron el Presidente de la República y el jefe de Gobierno de la capital del país tranquiliza al entorno social, preocupado y no pocas veces abatido por la violencia delincuencial, pues al coincidir ambos personajes en que el tema de la seguridad pública es prioritario, envían un mensaje de que sí hay quien se preocupa y ocupa de dar salida a las inquietudes de la ciudadanía.

Calderón y Ebrard, usted lo sabe, lector amigo, han mantenido una disputa que en ocasiones ha ido más allá de lo político desde que los dos tomaran posesión de sus respectivos encargos los primeros días de diciembre de aquel 2006.

Hace unos días, el escribidor -como él mismo gusta ser llamado- Francisco Rodríguez recordaba que fue Alejandro Rojas Díaz-Durán, actual secretario de Turismo del Gobierno de la Ciudad de México, quien anunció que su ahora jefe no reconocería al señor Calderón. No lo ha hecho.

Por lo tanto, los desencuentros públicos entre el ocupante de Los Pinos y el inquilino de la principal oficina del viejo Palacio del Ayuntamiento fueron frecuentes. Ya por el riesgo de inundaciones, el refinanciamiento de la deuda capitalina, el abasto de agua, la libertad de tránsito, la concesión del aeropuerto, el año en que inició la Independencia y, claro, la construcción de un rascacielos en los linderos del Bosque de Chapultepec, entre otros aspectos.

En la pugna, Calderón contó con el apoyo de sus colaboradores en Gobernación, pero sobre todo en Trabajo y Previsión Social y en la Conagua. También, por supuesto, de autoridades menores como las del INBA y hasta de lo poco que en la capital tiene el PAN. Le han ayudado además -¿quién sabe si voluntaria o involuntariamente- "los chuchos" del PRD. Todos ellos han sido utilizados cual golpeadores. Y ante ello, el equipo de Ebrard, sobremanera su secretario de Gobierno, no se muestra manco.

Adjunto al zipizape verbal, que tuvo su punto más candente hace justo un año, está la foto, aquella que los "paparazzo" políticos buscan casi con la misma desesperación que la persiguen desde Los Pinos: juntos Calderón y Ebrard.

Tal fotografía, hasta ahora no capturada, ha sido tema de declaraciones, notas de primera plana, comentarios editoriales y, claro, caricaturas. De ella han hablado los dos personajes.

A finales de junio del año anterior, Ebrard dijo que el problema político que enfrentaba en esos momentos con Los Pinos "es la foto del reconocimiento. Yo lo que he dicho es que vamos a separar la esfera de gobierno y las posturas políticas de cada uno".

Dos semanas después, el jefe de Gobierno fue interrogado sobre "la foto" y cómo ésta mejoraría las relaciones entre la Federación y la ciudad. Su respuesta fue lacónica y explícita: "Muy cara, ¿no? Dejas la dignidad ahí".

Calderón dejó que los meses corrieran y no fue sino hasta principios de diciembre de 2007 cuando en una entrevista radiofónica respondió al gobernante capitalino: "Ni me interesa (tomarme) la foto. La verdad (es que) yo gané una elección. Yo soy Presidente. No tengo la mínima necesidad de ese tipo de cosas".

Hoy, finalmente, luego de que el Presidente tocara la armónica, se dio un instante de armonía política.

Que perdure. Ojalá.

gerardososa_cas@yahoo.com.mx
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