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Opinión
![]() Juan Antonio García Villa
2006: hablan las actas; y también la comentocracia
El Sol de México
13 de julio de 2008
En las últimas tres o cuatro semanas se han publicado en la prensa escrita numerosas reseñas del libro, apenas recién presentado, "2006: hablan las actas. Las debilidades de la autoridad electoral mexicana", escrito por el politólogo José Antonio Crespo. La mayoría de sus comentaristas ha magnificado, desvirtuándola, la tesis que expone el autor en su obra. Crespo plantea que con motivo de no haberse abierto por el IFE, o bien por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, la totalidad de los más de 81 mil paquetes electorales, correspondientes a otras tantas casillas, cuyas actas de escrutinio y cómputo registraron inconsistencias aritméticas, pues las "débiles autoridades electorales" sólo ordenaron la apertura de 14 mil 600 de esos paquetes, el autor llega a la conclusión de que no se puede saber, con seguridad y certeza, quién realmente ganó en 2006 la elección presidencial.
En diciembre del año de la elección el IFE publicó en internet las actas de escrutinio levantadas en la totalidad de las casillas. Lo que aprovechó Crespo para llevar a cabo un análisis detallado de las referidas actas correspondientes a 150 distritos electorales, la mitad de los 300 que hay, y en cuanto a las actas examinadas, su número superó las 65 mil, una labor, como se comprenderá, verdaderamente titánica. De su análisis, Crespo llega a la conclusión de que en el resultado final quedaron computados 366 mil votos que él califica de "irregulares", y eso sólo en la mitad de los distritos, por el hecho, ya señalado, de estar contenidos en actas con inconsistencias en su información, básicamente errores aritméticos. Ahora bien, como la diferencia en votos entre Felipe Calderón y López Obrador fue de 234 mil a favor del primero, cifra que es inferior a los supuestos "votos irregulares" (366 mil), según el autor no se puede saber a ciencia cierta quién realmente ganó la elección. Sin embargo, de manera categórica y terminante no afirma que haya habido fraude en los comicios, sino que faltó darle certeza al resultado final por los llamados "votos irregulares" computados. No obstante ello, sus comentaristas -incluidos algunos muy serios y respetados- han insinuado, sugerido o de plano escrito abiertamente lo contrario. Es decir, que sí hubo fraude. El autor, sin embargo, no plantea tal cosa. Crespo aborda así la cuestión: "A partir de este hallazgo (sus llamados 'votos irregulares') ¿puede hablarse de fraude electoral?", se pregunta. Y él mismo se contesta: "No en el sentido que suele dársele al término: una maquinación fraguada desde el Gobierno, o desde un partido, que involucra a un ejército de funcionarios electorales o ciudadanos predispuestos a violentar la voluntad ciudadana a favor de un candidato -en este caso Calderón-, o una manipulación de las actas orquestadas desde las oficinas del IFE, involucrando a los vocales ejecutivos, consejeros distritales o estatales para dicha faena. Al menos eso no puede inferirse del frío análisis de las actas electorales" (p. 99). Más claro, ni el agua. A mayor abundamiento, el autor expresa en otro pasaje lo siguiente: "Las actas electorales no dan la razón a quienes sostienen que López Obrador ganó la elección y que fue víctima de un enorme fraude". Otro texto más: "No ha habido pruebas fehacientes del magno-fraude electoral del que hablan los obradoristas" (p.102). Y en una de sus conclusiones, al final del libro, Crespo afirma que "el estudio estadístico de tales errores (es decir, las inconsistencias aritméticas) no permite arrojar la conclusión de que se trató de un fraude orquestado a favor de algún candidato, pues las inconsistencias están equitativamente distribuidas entre casillas que ganaron Calderón y López Obrador, respectivamente" (p. 167). Entonces ¿por qué insisten sus comentaristas en suponer que el texto de Crespo dice lo contrario? Columnas anteriores
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