Opinión
Pedro Peñaloza
Por un gobierno compartido

Organización Editorial Mexicana
27 de julio de 2006

Tomemos cuidado para que la vejez no nos arrugue más el espíritu que el rostro. Michel E. de Montaigne

Cada día que pasa la tensión política adquiere rasgos preocupantes. Los pronunciamientos, gestos y desplantes no apuntan hacia territorios de sensatez ni tranquilidad. Se dice hasta el cansancio que López Obrador y sus seguidores tienen todo el derecho de ejercer sus derechos constitucionales y, en consecuencia, movilizarse y cuestionar el pasado proceso electoral.

Hasta aquí el libreto del ABC democrático se cumple impecablemente. Y mientras el Tribunal Electoral da su dictamen los perredistas y simpatizantes peregrinan por diversos espacios, recordándonos que en Santa Fe (zona de concentración inmobiliaria y comercial de personas de altos ingresos) se ratifica la vigencia del manifiesto comunista, escrito por el joven Marx, en sus primeros abordajes del estudio de la lucha de clases y del capitalismo. Estas acciones, junto con huelgas de hambre de 24 horas, son parte de una miscelánea ocurrente de la llamada "resistencia civil".

Este impase entre los tiempos del Tribunal y las asambleas informativas del tabasqueño se ha convertido en un espacio de impugnaciones verbales, demandas penales y hasta morales entre los dos bandos en disputa. La ausencia de propuestas transitables y posibles nos sigue conduciendo a un callejón sin salida y altamente explosivo.

El reciente intercambio epistolar entre López Obrador y Calderón fue una oportunidad fallida para edificar puentes de posible entendimiento para la fase postelectoral. En ambas misivas se nota la dureza de la relación y, en consecuencia, la poca voluntad para desmontar el escenario que puede venir.

Si uno lee con mínima atención ambas cartas llegará a una conclusión básica. No existe un real interés para trascender la coyuntura y detener la agresividad verbal que ambos ejércitos de voceros están destilando en todos los medios:

López Obrador, en su texto, sostiene que las elecciones fueron manipuladas y estuvieron llenas de irregularidades, es decir, deslegitima todo... pero le pide al excandidato panista acepte el recuento total de la elección, "voto por voto, casilla por casilla", el señuelo es que el excandidato perredista se compromete a "no convocar a más movilizaciones".

Por su parte Calderón, en su respuesta, reitera su defensa de la elección y de la participación ciudadana, se excusa de adherirse a la petición perredista y reitera su respeto a la decisión final del Tribunal Electoral. Llama a su contendiente a que "dialoguemos sosbre el momento tan importante que vive el país. Lo invito con sinceridad a que, por encima de nuestras divergencias, identifiquemos nuestra coincidencias...".

Como se ve, ambos comunicados no modifican sus propuestas vigentes y evitan dar luz en un nuevo camino que acerque sus posturas. Esta lógica sólo favorece a los sectores fanáticos de ambos bandos, que quieren dialogar únicamente si el contrincante se declara muerto. Es decir, propuesta suma cero.

Una vía que podría destrabar, dar certidumbre y confianza a todos sería la construcción de un gobierno compartido o de composición. El electorado que concurrió a las urnas se partió básicamente en dos. No es prudente que millones de electores que votaron por uno o por otro no se vean reflejados en el Poder Ejecutivo.

Un compromiso real que ambos políticos deberían suscribir es que, sea cual sea el veredicto del Tribunal Federal Electoral (se abran o no las urnas), se comprometan a construir un gobierno incluyente, que represente a las dos formaciones partidarias. Su programa de gobierno se plasmaría en el Plan Nacional de Desarrollo, se construiría con las líneas programáticas de consenso y sería avalado por sus respectivas fracciones parlamentarias en el Congreso de la Unión, lo cual daría la mayoría abrumadora de las cámaras al programa del nuevo gobierno.

Sólo así garantizaríamos una gobernabilidad pactada, que permita que el país se desenvuelva sin grandes sobresaltos y con productividad legislativa. Esta ruta sí nos puede llevar a un puerto seguro; seguir evadiendo la responsabilidad que tienen para darle estabilidad y crecimiento al país nos lleva directo y sin escalas al precipicio. ¿Será posible esta utopía? Soñemos con los pies en la tierra.

pedropenaloza@yahoo.com
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