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Opinión
![]() Cargador del tiempo
Martín Careaga
Llegó Ticorrón
El Sol de México
3 de mayo de 2008
Es apenas un suspiro, el décimo aniversario que lo separa del vientre materno. Es sólo una idea vaga su presencia deseada. Es por mucho superior lo que es, en lo que se ha convertido, que lo de él se esperaba. Llegó tal cual llega la brisa marina, para saciar el ahogo del quejumbroso. Como la luz que se encuentra en los recovecos que parecen no tener salida.
Es el autor de los más crispantes cuentos de terror que apenas haya escuchado, cuando se conoce escasamente el lenguaje, pero que se puede manejar a su nivel, con un gran gusto. Es creador de las fantasías más apreciadas, no sólo las que a él mismo lo llevan a soñar e imaginar, sino de esas otras que con tanta avidez transmite. Es poseedor de un físico envidiable para su corta edad. El lo presume con gallardía, porque le es tan propio, que de suyo lo olvida. Tiene una gracia divina cuando sonríe. Su sonrisa en tan franca y su risa tan sincera, que lo contagia a uno cuando se cuenta un chiste o una anécdota, o acaso, cuando la aventura lleva tintes de alegría que lo hacen reír de buena gana. Su pasión son los cuentos de aventuras, que él adereza con otras más de las que por supuesto, es el protagonista. En ello, juega con su mejor arma, la misma que sirve para desconcertar, para asombrar o para agradecer por el regalo tan prodigioso, su memoria. El detalle, el dato duro, la orientación, cosas que para el común, son inanes, El las guarda bien para luego, soltarlas sin más, con una precisión que francamente sorprende. Como los de su clase, no sabe mentir. Le pesa mucho tratar de hacerlo y es malísimo para ello, porque en un dos por tres se delata. Y es que en esos asuntos del fingir, una mueca que al ruborizarse expande al tiempo su nariz y voltea los ojos hacía el cielo, con una aire innato de inocencia, le sorprenden la supuesta mentira; todo ello coronado por una pequeña salida de labios juntos, que es muestra clara de que se puso nervioso por la situación que siente le compromete, sobre todo, tratándose de asuntos que tengan que ver con las damitas que, a su corta edad, le atraen. Pero eso mismo hace cuando se siente atrapado por el halago que bien ganado se le prodiga. Lo que lo pierde es su excesiva dosis de ternura. Tanto la que da, como la que solicita para sí. Eso lo lleva a aislarse un tanto cuando siente que los demás no le ponen la atención debida, o cuando aprecia que uno de sus grandes amores de fraternidad, le roba las caricias, los mimos y las alabanzas que deberían de ser para él. Duro para demostrar su amor, sus afectos o sus cariños, cuando los da es tan generoso que hace bien pronto olvidar la constancia que uno reclamaría, que los mismos tuvieran. Cambia con creces calidad por cantidad. A veces al sentirse solo regresa a las niñerías tempranas para captar la atención. Posiblemente ello, le ha llevado a sobreponerse a lo que antes era su adversidad, y ahora la ha convertido en su fortaleza. Tiene una enorme capacidad para jugar sin necesidad de otros. Para valerse por sí mismo en su pequeño mundo. Disfruta de las compañías, pero ha demostrado por mucho, que nos las necesita en absoluto para desenvolverse, con todos los pros y los contras, que ello tiene. Utiliza una forma musical para dirigirse a los demás cuando está de uva, que es tan fácil engancharse de él, sobre todo, porque todo lo remata con una sonrisa que lo dobla a uno y esos profundos ojos, que transmiten las emociones de un alma blanca; ojos pizpiretos que presagian tormentas a los cariños futuros. Y suertudo él, la atracción que emana le acerca gustos de jovencitas que le buscan con insistencia, para que se inicie en los escarceos del amor infantil. Es sumamente escrupuloso en sus equilibrios. Los desdobla con grandeza. Ello se aprecia en su pasión por el orden. Las muchas batallas que su imaginación le invita a formar, dan cuenta de ello. Cual gallardo general de un ejército imaginativo, lo dirige con maestría y aporta el dato histórico de los hechos. Esa es otra de sus aficiones, el profundo gusto por la historia del hombre. Y luego, su irrefrenable deseo de los trazos, lo convierten en pintor en ciernes. Ya planea su futuro en las artes, porque alejado de las mismas ni él ni su familia lo imaginan. La sensibilidad de carácter le desborda y le marca lo que de seguro habrá de abrazar en el futuro. Se antoja que será, como bien decía uno de sus adoradores, quien le designaba su mayor orgullo, un ser de una sola pieza. Dubita, se dice también, entre ángel y diablillo, porque de lo segundo, tiene bien ganada la fama por sus ayeres. Pero se forra tanto de lo primero, que ha engrandecido la existencia de su familia. Por ello, su luz deslumbra a quienes le conocen; tan así, que pareciera que el gran Alfonso Reyes le dedicó su canto "No cabe duda, de niño, a mi me seguía el sol; andaba detrás de mi, como un perrito faldero; despeinado y dulce, claro y amarillo. Ese sol con sueño que sigue a los niños... A mi, el sol me desvestía para pegarse conmigo, despeinado y dulce, claro y amarillo. Ese sol con sueño que sigue a los niños". martincareaga@gmail.com Columnas anteriores
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