Opinión
Letras al Minuto
Sonia Silva-Rosas
A quienes han perdido el corazón en el intento...

El Sol de México
29 de enero de 2008

El amor... ¿Cuántas batallas se han librado en su nombre? Dice Unamuno que buscamos el amor en un mundo de carne y apariencias. Tal vez parezca extraño que, después de hablar de la muerte en la columna pasada, hablemos hoy del amor; sin embargo, el amar, amar de verdad, implica también morir, afirma María Zambrano en sus "Dos fragmentos sobre el amor", y Unamuno parece continuar este diálogo: "En el amor y por él buscamos perpetuarnos, y sólo nos perpetuamos sobre la tierra a condición de morir, de entregar a otro nuestra vida".

Sin embargo, en este dar, recibir y hasta morir, podemos vislumbrar que algo trágico se oculta en el fondo del amor, ya que después de la melcocha y la cursilería en la que se cae cuando se enamora, viene la lucha entre quienes se aman, porque no hemos dicho aquí, aún, que amar también es sinónimo de poseer, es sinónimo de egoísmo mutuo. Cada uno de los amantes -afirma Unamuno- busca poseer al otro y buscando mediante él, sin entonces pensarlo ni proponérselo, su propia perpetuación.

Entonces se conoce el otro rostro del amor: la crueldad, el dolor y con ellos se desmenuza, se distinguen las distintas clases de amor que existen: amor carnal, amor espiritual, amor fraternal y amor maternal, todos ellos encaminados a la voluntad de amar porque el hombre ansía ser amado.

María Zambrano afirma que fue a partir del Romanticismo cuando el amor ascendió arrebatadamente a la superficie de la vida, el amor no ha dejado de tener sus sirvientes, sus mantenedores. Son más que otros los poetas, rememorando un tanto la situación antigua, cuando sólo los poetas lo sostenían al margen de la ciudad y casi de la ley... la rebeldía de los poetas, irreductibles servidores del amor.

Precisamente, Rodolfo Naró nos entrega "El antiguo olvido", cuya lectura me ha llevado a esta reflexión en torno al amor. Debo comentar que escribir poemas amorosos no es labor fácil para un poeta, aunque así lo parezca. "El antiguo olvido" fue editado en Argentina por Vicinguerra, en su colección Metáfora. En la presentación de este poemario, Naró nos confiesa que ha amado sin límites, con una intensidad fallida. "Cuando le dije que era mía, lo hice con un arrebato de posesión infantil", añade.

El poeta argentino Máximo Simpson afirma de "El antiguo olvido" que el denso núcleo de este poemario es el amor y el desamor, la presencia de la mujer. Con voz propia, nos dice, Rodolfo Naró nos presenta un conjunto de textos de genuino cuño lírico, en el que afronta con sensibilidad alerta los riesgos del lugar común, habituales en ciertas vertientes de la poesía amorosa.

La mirada y las vivencias del poeta se plasman en imágenes que configuran un homenaje a la mujer, a esa parte de su propio ser: esa otredad que lo completa y lo constituye, sin dejar de ser lo otro, de ahí la perplejidad y el amoroso asombro en versos como: "Cómo será la luz / vista desde lo alto de tus pezones".

Aquí uno de los poemas de "El antiguo olvido":

Los poetas se enamoran

de un vistazo, de puro olor.

Con el rabillo del ojo.

De un sorbo de café,

de un trago de vino.

De puro antojo.

Del movimiento de una mano

al roce de los vellos.

De los labios

al entrar y salir la lengua.

De las letras de tu nombre

al pronunciarlo.

¡Sean felices!

dsoniasilva@hotmail.com
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