Opinión
Letras al Minuto
Sonia Silva-Rosas

El Sol de México
23 de enero de 2008

La ironía de la muerte... Will Rodríguez sabe muy bien qué significa esto y lo presenta en "Pulpo en su tinta y otras formas de morir", editado por Ficticia en coedición con el Instituto de Cultura de Yucatán y el Gobierno de ese Estado.

La muerte es un estado más que conlleva a la ausencia y la partida. La Muerte, así, con M mayúscula, es eso que no nos avisa su llegada, es sinónimo de lo inesperado y para muchos inoportuno. Dicen muchos que la Muerte es más justa, lo es, según ellos, porque no da concesiones ni a ricos ni pobres, ni a grandes ni pequeños, ni a jóvenes ni a viejos.

"Pulpo en su tinta y otras formas de morir", es un libro de cuentos que gira en torno a hechos inesperados que terminan en la muerte de alguien y también el abandono de seres que, de pronto, desaparecen de nuestra vida, personas que no sabemos ahora en dónde se encuentran.

Desde mi punto de vista, este nuevo libro de Will Rodríguez nos muestra que su oficio como escritor ha madurado. Will no es de esos escritores que publican por publicar; no, para él la literatura es un ser que se debe tomar muy en serio. Es una amante que exige estar con ella o no estar, así, en seco. Rodríguez no sólo es narrador. Lo conocí como poeta y precisamente en este libro existen imágenes que dan un toque especial a sus cuentos. Will sabe que -la muerte- es una realidad de la carne y que como todo lo de la carne tiene que ver con hambre, satisfacciones, violencia, descomposición y placer, afirmó Francesca Gargallo, también narradora de gran influencia en el trabajo de escritores jóvenes. Sobre una tumba o frente al lavabo continúa Francesca, la muerte es hija del gozo, así como puede ser hija de la venganza en un departamento, engendro de la ebriedad en la carretera o, aún, descendencia de la propia falta de atención.

Siguiendo con el tema de la muerte, editorial Jus nos entrega Necrologías, del narrador regiomontano Antonio Ramos, cuyo trabajo literario ha ganado a pulso un lugar en las letras jóvenes de nuestro país.

Antes de "Necrologías", Ramos presentó, editado por el Fondo Editorial Tierra Adentro y ganador del Premio Nacional de Cuento Julio Torri 2005, "Dejaré esta calle", un libro que llamó la atención de lectores y críticos literarios. Ahora, "Necrologías", libro ganador del Premio de Literatura del Noreste Juan B. Tijerina 2007, confirma que el oficio de Antonio se reafirma y evoluciona favorablemente.

"Necrologías" es un libro que hace enorme lo que vemos cotidianamente como pequeño o, simplemente, no lo vemos, vaya, digamos que las cosas, situaciones y personas están ahí pero, para nosotros inmersos siempre en la rutina y los problemas, simplemente no están. Haciendo referencia a esta forma de ignorar, Alfonso Reyes decía que, sea como fuere, estas excepciones geniales no autorizan la negligencia, el olvido de la belleza en las cosas que nos rodean, y menos cuando se trata de cosas que amamos. Precisamente "Necrologías" es un libro dedicado también al amor, pero no al amor cursi, amelcochado, sino al amor visto a través de los anteojos de la filosofía, de la ética. De esta forma, en el cuerpo del libro encontramos poemas intercalados con cuentos, con crónica periodística y una especie de diario intimo.

Tal vez, el título haga pensar al lector que este es un libro dedicado a la muerte, pero no, "Necrologías" es un libro dedicado a la vida, una invitación a redescubrir cada detalle de los días hasta el más mínimo y disfrutarlos, saborearlos, así como se goza de un manjar exquisito. Para Antonio, la muerte es sólo la consecuencia de haber vivido y de ese viaje misterioso que significa el vivir. Ramos nos recuerda que como seres tenemos grandezas y miserias espirituales, que pensamos y deseamos, que somos seres eróticos y tanáticos, príncipes y mendigos.

Dice Antonio Ramos: "Me sorprende que mis brazos terminen en manos, mis rodillas acaben en pies. Nadie piensa en las uñas de sus dedos o en la cutícula de los pulgares. Piensan en el corazón, las deudas contraídas, piensan en el auto que no debieron comprar o el viaje de estudio al extranjero. Habría que ver con más calma nuestros dedos, moverlos un poco más, observar la maravilla de las uñas, el goce secreto de las articulaciones del meñique. Cutículas, pistas dactilares: sinfonía de lo mínimo. No pensar en la montaña, sino en la piedra".

A esto me refería cuando decía que Antonio Ramos sabe hacer de lo pequeño algo grande.

¡Sean felices!

dsoniasilva@hotmail.com
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