Metrópoli
Son los jóvenes quienes más discriminan, afirma la CDHDF
El ombudsman capitalino alertó que los jóvenes de la Ciudad de México están asumiendo prácticas y conceptos muy discriminadores. Foto: OEM
El Sol de México
24 de septiembre de 2007

Fernando López

Ciudad de México.- Los jóvenes son el sector más discriminador de la capital, pues de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Juventud, el 53 por ciento de ellos no acepta tener como vecino a una persona homosexual; el mismo porcentaje rechazó convivir con quienes portan VIH/SIDA y 25 por ciento respondió no querer convivir con indígenas, señaló el presidente de la Comisión de los Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), Emilio Alvarez Icaza.

El ombudsman capitalino alertó que los jóvenes de la ciudad de México están asumiendo prácticas y conceptos muy discriminadores, sobre todo en lo que se refiere a la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual y transgénero.

Todavía más, calificó de alarmante que más de la mitad de las y los jóvenes habitantes del Distrito Federal no quiere tener como vecino a una persona indígena.

Por ello, exhortó a la comunidad a erradicar la perversa normalidad que ha establecido la discriminación a través del diseño de una política pública, e instar al Estado a asumir su responsabilidad para atender la diferencia existente entre la sociedad para el pleno ejercicio de sus derechos humanos".

Pidió entender, pero no aceptar, que haya mujeres que perciben un salario 35 por ciento menos que los hombres a pesar de realizar el mismo trabajo, o que en algunos periódicos publiquen anuncios de trabajo que resaltan la exclusión de las personas mayores de 40 años.

Rechazó que lo cotidiano se convierta en un término de discriminación, aunque precisó que "afortunadamente la transición democrática del país ha puesto el tema en el centro de la discusión, porque hablar del derecho a la No Discriminación es repensar la democracia, y tiene que ver con los Derechos Civiles y Políticos y con los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCA)".

Atribuyó los costos de la discriminación a la sociedad y a las instituciones de Gobierno, pues todavía no le dan la importancia necesaria a este flagelo como se lo brindan a temas como la desigualdad, el desempleo, la pobreza y la marginación, entre otros, sin observar que éstos están ligados a la exclusión o son consecuencia de la misma.

Manifestó la necesidad de posesionar el tema tanto en la agenda social como en la gubernamental y convertir el combate a la discriminación en una genuina prioridad política.