Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Sacco y Vanzetti

El Sol de México
12 de agosto de 2007

El caso judicial más sonado del siglo XX

El 20 de julio de 1977, 50 años después de su ajusticiamiento, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, dos anarquistas italianos, fueron absolutamente rehabilitados.

En aquellos años de 1927, millones de demócratas se movilizaron en todo el mundo para impedir el "linchamiento" de aquellos dos inmigrantes italianos que fueron llevados a la silla eléctrica solamente por no ser "ciudadanos honorables libres de toda sospecha".

Sin embargo, en 1943, Carlo Tresca, el líder anarquista estadunidense, declaró: "Sacco era culpable, pero Vanzetti no lo era.

En Italia, el papa Pío XI y Benito Mussolini, en Francia; Marie Curie y el escritor Anatole France en Gran Bretaña; el dramaturgo George Bernard Shaw en España; el dirigente anarco-sindicalista Buenaventura Durruti en Estados Unidos; Albert Einstein, el aviador Charles Lindbergh y los novelistas John Dos Passos y Upton Sinclair, todos ellos se manifestaron en defensa de los italianos y pidieron no llevar a cabo la sentencia de muerte.

"MARTIRES DEL PROLETARIADO"

Por la mañana del 24 de agosto de 1927, el periódico comunista L´Humanité encabezó la edición con sólo una palabra: "Electrocutados". Abajo una amenaza: "El proletariado los vengará". Cosa que nunca ocurrió y sí, los infortunados, se convirtieron en el símbolo de las luchas de las clases trabajadoras, en los "Mártires del Proletariado".

Pierre Vaillant-Couturier, articulista del diario, escribió el siguiente comentario:

"El proletariado hizo todo para salvarlos. Día de luto y de rabia. ¡Hurra por el dólar! ¡Triunfo de la ciencia, de la higiene, del fordismo y de la Biblia!

"La justicia de clase acaba de matar a Sacco y Vanzetti. Para los burgueses temerosos, para el pequeño ahorro intelectual de las gentes honradas de todos los partidos, el asesinato de esta mañana puede parecer un lamentable error judicial. No es un error judicial, es un ejemplo. Para el proletariado, es abiertamente una declaración de guerra".

Al mismo tiempo, ese mismo día, el diario anarquista francés Le Libertaire convocó una manifestación ante la Embajada de Estados Unidos en París.

En primera página, a la izquierda del encabezado, el jefe de redacción incluyó un texto para conmover a sus lectores: "Sacco escribe a su hijo: 'nunca olvides socorrer a los débiles que piden ayuda ni olvides ayudar a los perseguidos'. He aquí al hombre que han matado", concluyó.

"CULPABLES DE ROBOS Y ASESINATOS"; UN AUTOMOVIL BUICK ES LA PRUEBA

Poco antes de la tarde del 15 de abril de 1920, Frederick Parmenter, pagador, y Alessandro Berardelli, su escolta, empleados de la fábrica de zapatos Rice & Hutchins, trasladaban 15 mil 776 dólares o 30 mil dólares, en otra versión, de la nómina de la empresa por una calle de la localidad de South Braintree, en el estado de Massachussets, Estados Unidos.

El dinero era transportado en dos gruesas cajas con los sobres de los honorarios de todos los empleados de la compañía.

En esas tareas, dos pistoleros abrieron fuego de revólver contra Parmenter y Berardelli, matándolos en el acto. Fueron seis disparos y los asesinos huyeron velozmente a bordo de un automóvil marca Buick de color verde.

Desde un mes antes, la policía de Boston andaba investigando un atraco cometido el 24 de diciembre de 1919 en Bridgewater, otra localidad del citado estado, y sus pesquisas proseguían.

Un camión que transportaba fondos para una fábrica de calzado fue alcanzado por un Buick de color verde cuyos ocupantes eran tres. El automóvil se le cerró al camión para que se detuviera, mas el conductor del camión maniobró con pericia, logrando evadir al Buick y llegar sano y salvo a su destino.

Este automóvil fue abandonado tras el asesinato de Parmenter y Berardelli, y los policías lo encontraron, llegando a la conclusión de que el vehículo había servido para los dos asaltos.

De los dos hechos no hay testigos que puedan informar con precisión lo acontecido y se contradicen. En lo único que coinciden en asegurar que "todo fue muy rápido".

En esas andan las indagatorias policiales cuando el 5 de mayo de 1920, en la Comisaría, se recibe una llamada anónima que avisa: "Los culpables de los robos son unos anarquistas italianos. Harían bien si van al garaje de Coacci".

Los agentes de la ley se apersonan en el sitio y encuentran el Buick y nada más. Es el auto verde que mencionaron los testigos.

DETENIDOS CON ARMAS Y PROPAGANDA

Habían transcurrido 20 días de los asesinatos y la policía del Estado nada había concretado. Su jefe, el comandante Edgard Steward, era presionado por el gobernador Alvin Alhan Fuller: "Los honorables ciudadanos de Boston están aterrorizados por la creciente criminalidad que asola Massachussets y usted no hace nada".

Steward ha seguido al italiano Mike Boda, a quien le ha tendido una trampa en el garaje Coacci, donde ha dejado su coche en reparación.

Boda llega acompañado por dos hombres, "cuyas manos estrecha antes de subir a su coche e irse en él con rumbo incierto", pero en ese momento no es detenido.

Otros agentes policiacos, por su lado, detienen a los dos desconocidos en el momento en que "tranquilamente" se han sentado en un tranvía que circula entre las calles Bridgewater y Brockton, cerca de la fábrica de zapatos.

Se trata de Nicola y Bartolomeo, que llevan consigo armas y propaganda anarquista.

Los italianos apenas saben inglés a pesar de llevar 12 años en Estados Unidos y sus testimonios son confusos. Además, niegan lo evidente: que llevan armas, que son anarquistas e italianos.

Nicola es zapatero y Bartolomeo, vendedor ambulante de pescados.

De inmediato los detenidos son llevados a la comisaría y ahí comienzan los interrogatorios.

Steward confirma que el 5 de mayo los anarquistas habían intentado alquilar un automóvil de marca Buick y pintado de verde.

Luego, ambos reconocen ser anarquistas, emigrantes italianos que "hemos tenido que aceptar los trabajos más miserables para no morir de hambre" y que sí reconocen "haber ido a México en 1917 para no vernos obligados a servir en el Ejército norteamericano".

Los detenidos niegan haber participado en los dos atracos.

EL PROCURADOR KATZMANN ENCUENTRA SU DESTINO

Frederick Gunn Katzmann, procurador del distrito, era descendiente en segunda generación de emigrantes judíos del centro de Europa y encuentra su destino protagónico: "Como enemigo personal de estos peligrosos rufianes italianos que amenazan con su presencia la estabilidad no sólo del estado de Massachusettes, sino de toda la Unión Americana, estoy dispuesto a dar un escarmiento histórico a los latinos que llegan a Norteamérica olvidando quienes son los que mandan y cuya sagrada individualidad no puede corresponder, en ningún momento, a los sucios, ruidosos e ignorantes italianos, siempre pobres, cargados de hijos y que son capaces de cantar en medio del infortunio".

PRIMER JUICIO, NO TENIAN COARTADA

Lo primero que hace Katzmann es comprobar las ocupaciones de los dos italianos y su situación durante los días y horas de los delitos. Los resultados: Uno es de oficio zapatero y el otro vendedor ambulante de pescado. Sacco sólo tiene una coartada para el primer asalto y Vanzetti no la tiene ni para uno ni para otro.

A esto se añaden las declaraciones de testigos que "han visto a Sacco disparar sobre Barardelli y reconocen formalmente en Vanzetti al conductor del Buick".

Katzmann los inculpa y son llevados al primer juicio que se abre el 22 de junio "en medio de la indiferencia general".

Este sólo concierne al intento fallido del 24 de diciembre de 1919 y hay un solo inculpado: Vanzetti, quien es mal defendido por su abogado, a quien no favorecen los testigos de descargo que, siendo todos de origen italiano, se expresan en "un inglés lamentable".

El acusado no logra hacer admitir su coartada, es reconocido culpable y condenado a 12 años de cárcel.

EL SEGUNDO JUICIO

Este se abre en Dedham el 31 de mayo de 1921. En esta ocasión, Sacco y Vanzetti tienen que responder juntos del doble asesinato cometido durante el atraco del 15 de abril de 1920.

El juicio repercute en la prensa internacional y le da amplio seguimiento.

Desde mediados del mes se ha creado una Asociación de Defensa de los Acusados, compuesta mayormente por italianos. La asociación ha organizado encuentros y debates para sensibilizar a la opinión pública.

Ha habido manifestaciones anarquistas en todas partes que "degeneran en motín", informan los medios.

En este juicio, el abogado texano "excéntrico y ambicioso" Fred Moore es quien se encarga de la defensa de los inculpados.

Sin embargo, habiéndose hecho mucha publicidad a costa de Sacco y Vanzetti, desaprovecha todas las oportunidades de sacar a sus "clientes del apuro". Es un abogado incompetente y presuntuoso.

UN ABOGADO INEPTO

Moore, que debía haberlo hecho, a la señora que pretende haber hablado con el asesino, nada preguntó.

Al hombre que reconoce formalmente a Vanzetti como el conductor del Buick no le hace notar "que su cliente no sabe en absoluto conducir".

Cuando expone los informes "más que inciertos de los expertos en balística", lo hace "con tal falta de talento" que el resultado es "catastrófico".

Moore ha aprovechado el caso para exhibirse políticamente, habla de sus convicciones y alega a favor de la causa anarquista.

La parte civil aprovecha la ocasión y recuerda la deserción de los dos italianos cuando la guerra contra México y esta circunstancia, aceptada por los acusados, tiene en el público "un efecto desastroso".

CONDENADOS A MORIR ELECTROCUTADOS

Katzmann logró su propósito. Ciento sesenta y siete testigos que comparecieron consiguieron lo deseado, y Sacco y Vanzetti son condenados a morir en la silla eléctrica.

El juez Webster Thayer, "tendencioso desde el comienzo del juicio", sonrió tras la condena: "América acaba de librarse de otros dos indeseables", declara.

Thayer no considera la confesión que le hace llegar un condenado a muerte de nombre Madeiros que se acusa de los dos atracos, exculpando a los italianos.

Los anarquistas son sentenciados el 14 de julio de 1921.

Albert Palmer, el fiscal general de Estados Unidos, ordena desde Washington: "La caza de todos los anarquistas, estado por estado, ciudad por ciudad, empresa por empresa, casa por casa".

El gobernador Fuller desoye todas las peticiones de clemencia y ordena la ejecución sin más.

El 23 de agosto de 1927, Nicola y Bartolomeo son ejecutados en la silla eléctrica del penal de Charlestown, a poca distancia de la ciudad de Boston.

Sacco se sienta en la silla eléctrica a las 23:15 de ese día y antes de que el verdugo envíe la corriente grita: "¡Viva la anarquía!".

Vanzetti le sigue a la medianoche y, antes de tomar asiento, dice dos frases: "Soy inocente" y "Perdono".

Una hora antes de morir Vanzetti escribió una nota: "Nuestras vidas no son nada. Tomáis nuestras vidas, las vidas de un pobre zapatero y de un pobre vendedor de pescado, ¡eso es todo!".

La muerte les sobreviene, a cada uno, tras dos descargas de cinco mil voltios, ordenadas por el gobernador Fuller.

Habían pasado siete años de encarcelamiento durante los cuales Vanzetti aprendió el inglés a la perfección y escribió "admirablemente su proceso mental y su evolución psíquica hasta el umbral de su muerte".

La mayoría de los periódicos de cualquier signo político e ideológico en grandes titulares calificaron el hecho con una sola palabra: "¡Asesinados!: los dos hombres mueren demostrando un gran valor".

Todavía se considera que "fue el error judicial más sonado del siglo".

SACCO SI MATO A BERARDELLI

A finales del siglo XIX, el químico alemán Paul Jeserich se había dedicado a estudiar y comparar "las extrañas rayas" dejadas por las balas, dando origen a lo que se conoce como la prueba de la balística que consiste en la comprobación de que cada arma de fuego deja sobre la bala que dispara una marca particular única y no repetible en otras armas.

Esta prueba se utilizó por primera vez en el mundo en el caso de Sacco y Vanzetti, estableciéndose que la bala que había servido para matar a Berardelli había sido disparada por la pistola que Sacco llevaba con él en el momento de su arresto.
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