Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Henriette Caillaux, la asesina del director del Figaro

El Sol de México
5 de agosto de 2007

El 29 de julio de 1914, Henriette Caillaux, primero amante y luego esposa del ministro de Finanzas de Francia, fue absuelta del asesinato del director de Le Figaro, Louis-Gaston Calmette, aplicado editor sensacionalista.

El homicidio lo había llevado a cabo la señora Caillaux el 16 de marzo de ese año. El escándalo hizo época y la prensa no publicaba otra cosa que del crimen. En el Parlamento se sucedieron "tormentosas sesiones" y el público agotaba las ediciones de los diarios siguiendo el caso y sus incidencias hasta su desenlace.

Las opiniones habían dividido a los franceses y unos apoyaban la pena de muerte por decapitación de la asesina y otros, considerando su acto como un gesto de amor y venganza contra el descrédito de ella y su marido que había conseguido Calmette, pedían su absolución.

Así, ese día se puso casi punto final al escándalo.

Al juicio habían asistido más de 150 periodistas debidamente acreditados y sus crónicas dando cuenta del desarrollo del proceso eran leídas ávidamente por los lectores.

Aunque el argumento de que se había tratado de una "cuestión de honor", defendido "apasionadamente", había conmovido a muchos, finalmente fue abatido y el público asistente a las audiencias dio "grandes muestras de desagrado" e incluso llegó a manifestarse con ira ante los jueces.

Caillaux salió "dignamente y serena de la sala", asediada por los periodistas y por la gente indignada ante el fallo que la indultó y que le gritaba: "¡Asesina!" y "¡Puta!".

TAN GUAPA COMO UNA GRAN COCOTTE

El apellido de soltera de Henriette era Rainouard, hasta que al contraer matrimonio con su amante de tantos años, el político Joseph Caillaux, llevó su nombre.

Nació en Burdeos el 11 de diciembre de 1887 y pertenecía a una familia acomodada. Su padre, Marcel Rainouard, era propietario del Hotel El Diplomático en esa ciudad y había enviudado al morir su esposa Paulina al dar a luz a Henriette.

Henriette tenía 17 años cuando Joseph se hospedó en el hotel, donde estuvo dos semanas. En esos días se hicieron amantes y él regresó a París al lado de su esposa y proseguir su carrera política.

Joseph nació en Le Mans el 22 de septiembre de 1863, de modo que tenía 37 años cuando se hicieron amantes.

Ella era una mujer guapa, comparable a las grandes cocottes de aquellos años, las chicas alegres y complacientes muy estimadas por los hombres poderosos, fuesen empresarios, políticos o militares.

Poseía un rostro y un cuerpo hermosos. Era de mediana estatura, vestía con elegancia, gustaba de exhibirse en los boulevares y en las mesas de los cafés al aire libre. Compraba su ropa en los más exclusivos almacenes y le gustaban las joyas y gastar dinero.

El político, años atrás, la había instalado en París en un pisito agradable y discreto donde la visitaba tres veces por semana.

UN POLITICO POLEMICO

Joseph tenía 48 años cuando es nombrado presidente del Consejo de Ministros en 1911 y 1912, dos años antes de casarse con su amante.

Lo que no navegaba en calma era su carrera política. Era pacifista y de ideas avanzadas, y había logrado detener el inicio inminente de la guerra con un audaz acuerdo sobre el Congo con Alemania.

El acuerdo irritó a los belicistas que lo acusaron de "todos los males de Francia" y dieron comienzo a una campaña de descrédito en su contra.

Sus enemigos recurrieron al pasado, ya que en 1911, Joseph había sido vinculado al escándalo del banquero Rochette, un especulador sin límites que condujo a la ruina a muchas personas a las que defraudó con 72 millones de francos.

Rochette fue a la cárcel, consiguiendo muy pronto su libertad provisional, situación que aprovechó para huir a Estados Unidos.

Los detractores de Joseph, entre ellos Georges Clemanceau, Aristide Briand, Raymond Nicolás Landry Poincaré y Jean Louis Barthou, lo combatieron diciendo que "el ministro ha ayudado a Rochette para huir".

Barthou, así, dio comienzo a una campaña de prensa contra Joseph, encabezada por el diario conservador Le Figaro.

EL AMBIENTE POLITICO

Clemanceau, a quien se nombró "El "Tigre y "Padre de la Victoria" al final de la Primera Guerra Mundial, era médico, político y periodista, y había sido presidente del Consejo de Ministros en 1907 y 1909. Era orador incisivo, notable polemista y jefe de los Radicales.

En 1918, cuatro años después del asesinato de Calmette, presentó su candidatura a la Presidencia de la República y fue derrotado, retirándose a la vida privada.

Barthou había sido presidente del Consejo un año antes del atentado. Era orador elocuente y feroz propagandista. En 1934, siendo ministro de Relaciones Exteriores, fue asesinado en Marsella junto con el rey Alejandro I de Yugoslavia, a quien por deberes de su cargo acompañaba en ocasión de un viaje oficial del monarca a Francia.

Briand, en esos días del homicidio, era ministro de Justicia. Era defensor de las ideas democráticas y pacifista. En 1926 se le otorgó el Premio Nobel de la Paz.

Poincaré en 1914 era el presidente de la República y llevaba a cabo una política antigermana, a fin de preparar a Francia para la guerra mundial.

Estos políticos fueron los autores de la campaña en contra de Joseph por razones de poder y para mantenerlo.

El ministro de Finanzas se "había convertido en una pesadilla" de gran parte de la clase política y gobernante, lo mismo de la izquierda como de la derecha nacionalista y patriotera.

Poincaré y Briand unían sus voces a la formidable campaña de prensa que realizaba la Liga Acción Francesa, y Barthou publicaba diariamente en las columnas del Figaro "artículos envenenados", donde cuestionaba el patriotismo y la honradez del ministro de Finanzas.

SE PUBLICAN LAS CARTAS DE LOS AMANTES

Barthou había conseguido varias cartas de Henriette dirigidas a Joseph cuando todavía eran amantes y él estaba casado, y así Calmette publicó en el ejemplar de Le Figaro del 14 de marzo la primera de éstas, fechada 10 años antes de que ella se convirtiera en su esposa.

Los ahora marido y mujer, para que cesara aquella "intolerable intromisión en su vida privada", consultaron al primer presidente del Sena, quien les explicó que la justicia francesa no disponía de ningún medio "que permita poner fin a la campaña".

Las cartas eran simplemente cartas de amor que, por su contenido, no representaban nada escandaloso.

Lo que impactó a la opinión pública fue que habían sido escritas 10 años antes, cuando el ministro aún no estaba divorciado de su primera mujer y, por tal circunstancia, había cometido adulterio, el cual quedaba confirmado por las cartas.

Calmette acompañaba la publicación de las cartas con "hirientes comentarios" que explicablemente indignaron al matrimonio y primordialmente a Henriette.

EL CRIMEN

Joseph se resigna ante "tan poco lisonjeras perspectivas", ya que el magistrado les había afirmado que la causa no prosperaría, no así Henriette, que concibió "el modo de escarmentar a los autores de aquella humillación y escarnio en contra de ella y su marido".

Durante varios días, Henriette visitó la sección de prensa de una biblioteca para utilizar, según dijo, "sus servicios como cualquiera de los cientos de personas que acudían a aquella sala de lectura".

Ahí estuvo leyendo sobre el caso Clovis Hugues, célebre 30 años atrás. Ocurrió que Hugues, periodista republicano, había dado muerte en un duelo a un adversario político de convicción bonapartista.

El duelo fue el desenlace de una campaña previa de prensa de los bonapartistas contra Hugues. La había acometido el magnate Louis Morin, debido a los artículos políticos del periodista que denunciaba los malos manejos financieros del potentado, "un destacado partidario del Segundo Imperio".

Primero, Morin había sido condenado a "una pena insignificante" por calumniar a Hugues, después se dio el duelo, y Morin arreció la campaña, más personal que política contra el periodista y tornó ser llevado a nuevo juicio por calumnias.

Cuando triunfante Morin abandonaba el Palacio de Justicia, una mujer le dio varios balazos, a consecuencia de los cuales murió. La mujer era Clovis Hugues, vengadora de su marido y que, habiendo sido juzgada por el homicidio en 1885, había sido absuelta.

Este caso inspiró a Henriette, quien confió en que podía matar a Calmette y, tal como Clovis, ser indultada.

El 16 de marzo de 1914 salió de la biblioteca, tomó un coche de alquiler y dio al cochero la dirección de la redacción de Le Figaro.

Al llegar al sitio, se apersonó en la recepción y preguntó por el director.

Calmette en aquellos momentos conversaba en su despacho con el célebre novelista Paul Bourget, con quien comentó, al ver la tarjeta de su visitante, el último artículo escrito por él contra Joseph, en el que lo había llamado traidor a Francia, y se preguntó: "¿Qué quiere esta mujer?".

Bourget se cruzó a la salida del despacho de Calmette con Henriette y la saludó con leve inclinación de la cabeza sin dirigirle palabra alguna.

Calmette no tuvo tiempo de preguntarle a Henriette la razón de aquella visita, ya que, de inmediato, ella le disparó cuatro balas de revólver que se alojaron en el pecho del director de Le Figaro.

Henriette se inclinó sobre el cuerpo del herido y le escupió el rostro y luego, sin decir palabra, se sentó en un sillón mirando al moribundo.

La ambulancia tardó en llegar al lugar y trasladar al balaceado al hospital, donde falleció a las pocas horas.

Henriette, sin oponer resistencia, fue aprendida y llevada a la prisión de Saint-Lazare.

Joseph, en esas primeras horas, ignoraba lo sucedido.

LA EXCLUSIVA DE LE FIGARO

Al día siguiente el diario Le Figaro publicó a ocho columnas la indiscutible exclusiva: "Calmette muere asesinado" y abajo, también a ocho columnas: "Lo asesina la esposa del ministro de Finanzas".

Luego, los medios parisinos le dieron grandes titulares al atentado y en ellos calificaron a Calmette de corrupto y a Barthou de ser el "auténtico asesino" por "haber inspirado la campaña en contra del ministro de Finanzas".

UNA RELIQUIA LA BALA ASESINA

En los días que Henriette asistió a la biblioteca compró el revólver calibre 22, consiguiéndolo de un contrabandista de armas que las proporcionaba a locatarios del mercado de Les Halles. Este hecho nunca fue investigado y durante el juicio nadie le preguntó a ella cómo había conseguido el arma asesina.

En cambio, una de las balas que mataron al editor ha sido "religiosamente" conservada. Está pegada sobre un cartón y colocada bajo una vitrina en el Museo de la Escuela de Policía de Saint-Cyr-au-Mont-d´Or, en París.

EL ATENTADO NO AFECTO LA CARRERA POLITICA DE JOSEPH

Aunque no tersamente, la carrera política de Joseph no se vio interrumpida.

Esto porque al final de la Primera Guerra Mundial, en 1918, fue encarcelado y sometido a un proceso, acusado de "alta traición" por sus anteriores llamamientos a la paz. Se le rehabilitó y volvió a ser ministro de Finanzas en 1926.

Al ser vencida Francia en 1940 por la Alemania nazi, continuó viviendo en París hasta un año antes de la liberación.

Finalmente, a principios de 1944, se trasladó a Mamers, departamento de Sarthe, donde falleció el 11 de noviembre de ese año.

Henriette había muerto un año antes en París, el 7 de junio, sin haberse nunca arrepentido de su crimen por haber sido "una razón de honor".
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