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Opinión
![]() Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Salomón, su templo dedicado al único Dios
El Sol de México
15 de julio de 2007
El papa Pío XI en Ad Catholici Sacerdotti comenta el significado del Templo de Salomón:
"El Templo de Salomón, admirable por su riqueza y esplendor, levantado para gloria del Unico Dios Verdadero, como tabernáculo de la majestad divina en la tierra, era a la vez un poema sublime cantado en honor de aquel sacrificio y del aquel sacerdocio que, aun no siendo sino sombra y símbolo, encerraba tan gran misterio". EL SITIO ELEGIDO El lugar ha sido identificado tradicionalmente como el misterioso paraje donde siglos atrás Abraham llevó a sacrificar a su hijo Isaac. Fue el rey David quien eligió el sitio después de tener una visión de un ángel de Yavé "que estaba junto a la era de Areuna, el jebuseo". Luego, David recibió instrucciones de un vidente llamado Gad de levantar un altar en ese lugar para poner fin a la plaga que asolaba a Israel. David compró la era, una meseta de 742 metros de altura, y erigió allí un altar, el mismo sitio donde Salomón construyó al templo. En la tradición judía se dice que David recibió los planos del templo con la información exacta de su forma y medidas en un pergamino entregado por uno de los profetas. Este pergamino fue entregado por Dios a Moisés y desde ese tiempo fue custodiado hasta que llegó la hora de la construcción. Areuna es hoy en día sede de uno de los santuarios más venerados del Islam, pues Mahoma ascendió de allí al Cielo: el Domo de la Roca, mezquita construida en el siglo VII después de Cristo. La muerte de Mahoma sobrevino en Medina, el 8 de junio de 632, después de Cristo, en "una atmósfera de sencillez y austera pobreza que es típica de toda su vida, entre los brazos de su esposa predilecta A´isha". EN EL CENTRO DE LA TIERRA En la época del rey David y Salomón, el pueblo de Israel "estaba convencido de que el Monte del Templo estaba situado exactamente en el centro de la Tierra" y, por tanto, el que orase en ese lugar estaría en contacto con Dios, "que moraba justo encima de las esferas celestiales": "Oye, pues, la plegaria de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este lugar. Escucha tú desde el lugar de tu morada, desde el cielo escucha y perdona". INICIO DE LAS OBRAS Cuatro años después del ascenso de Salomón al trono, las obras de construcción del templo dieron comienzo. El ascenso de Salomón al trono de Israel tuvo lugar tras haber su padre David liquidado la conspiración de su otro heredero Adonais. Resulta que David tenía que resolver de manera pacífica la transferencia de su poder a uno de sus dos hijos: Adonais, el mayor, era hijo de Jaguit, una de sus esposas, y Salomón, de Betsabé, la mujer por quien "David perdió la sensatez" y cometió adulterio y además mandó matar a Urías, el marido de ella. Antes de que David hiciera la designación, ansioso por alcanzar el reino, Adonais conspiró con dos de los servidores más antiguos de su padre: Joab, el jefe del ejército, y el sacerdote Abiatar, y se proclamó rey. Este acto provocó que quienes apoyaban a Salomón se confabularan con Betsabé para que ella se presentara ante el rey enfermo y le dijera que Adonais había usurpado el poder y "le recordara su promesa de que lo sucediera su hijo Salomón". David, convencido por los mimos de Betsabé y repudiando la felonía de Adonais, instruyó a sus ministros para que ungieran a Salomón como rey, "cumpliéndose su voluntad". Cuando David estaba a punto de morir, expresó su testamento a Salomón, exhortándolo, entre otras cosas, "erigir un templo en loor a Dios". A Salomón le llevó cuatro años planear, aprobar el proyecto arquitectónico y dar inicio a las obras de edificación del templo. LA INAUGURACION Dos sucesos memorables marcaron la gran celebración: la instalación en el Santísimo del Arca, que contenía las dos tablas de piedra donde estaban inscritos los Diez Mandamientos, y la oración del rey Salomón, "larga y ferviente", en la cual imploró por la perpetuación de la alianza de Dios con Israel. Durante los tiempos del Exodo del pueblo judío el Arca estaba oculta en el Tabernáculo, que finalmente fue llevado a Jerusalén por David. Ya se había acreditado el poder mágico del Arca cuando se derrumbaron las murallas de Jericó al pasar los judíos ante ellas con el Arca. Cuando los sacerdotes depositaron el Arca en el Santuario, "una nube, la gloria de Yavé, llenó el recinto y todo el templo", lo que les impidió ponerse a oficiar. La nube "señalaba la presencia de Yavé en su casa", un contraste con el Sol, que "Dios puso en el cielo como luz para la humanidad: Yavé ha dicho que habitará en la nube oscura", se consigna en Reyes. A la ceremonia inaugural del templo asistieron los ancianos sabios, los jefes de las tribus y toda la asamblea de Israel. Después de haber pronunciado su oración, Salomón se acercó a cada uno de los dignatarios, ancianos y representantes tribales, y les fue abrazando "sin fatiga y afectuosamente". INTERIOR DEL TEMPLO El interior del templo era rectangular, de 40 metros de largo y 10 de ancho, y estaba dividido en tres partes. Para ingresar a él, el sacerdote trasponía una gran puerta chapada de oro, de aproximadamente 10 metros de alto y cuatro de ancho, y subía un tramo de 10 escalones en el extremo oriental del edificio y pasaba por entre dos grandes columnas de bronce de seis y medio metros de circunferencia. Las columnas, llamadas Jaquím y Boaz por Salomón, la primera a mano derecha de la entrada y la segunda a la izquierda, medían 12 metros de altura y estaban rematadas por capiteles de bronce en forma de esfera de dos metros de diámetro. Tenían una función simbólica y no sujetaban ninguna viga ni ningún elemento estructural, y se usaban como un reloj, midiendo su sombra. El sacerdote trasponía las columnas e ingresaba al vestíbulo llamado "Ulam", de cinco y medio metros de ancho, que conducía, a través de unas puertas de madera de ciprés decoradas con entalladuras de flores, palmas y querubines, al recinto principal Hekal, de 13.5 metros de alto, nueve de ancho y 18 de largo: el Lugar Santo. Las paredes del Hekal se cubrieron con láminas de cedro, traídas de las montañas del Líbano, y las vigas del forjado también se hicieron del mismo material. Diez puertas de madera de olivo daban acceso a un recinto al que sólo tenían cabida los sacerdotes primerísimos y ningún sacerdote ordinario: el Lugar Santísimo donde estaba el Arca. Era un cubo perfecto. Cada uno de sus lados medía 10 metros y su silenciosa oscuridad sólo era despejada una vez al año con antorchas y otras luces, el Día de la Expiación. Ese día, el sumo sacerdote pedía "perdón por los pecados de todo el pueblo". La sala, asimismo, era llamada "Debir", o "Santo de los Santos", término hebreo que deriva del verbo hablar, ya que en su interior "Yavé hablaba a su pueblo". EL EXTERIOR Salvo el vestíbulo, el exterior del templo estaba rodeado por cámaras laterales que se usaban para guardar los inmensos tesoros. Las tres cámaras del tesoro estaban dispuestas en tres pisos alrededor del muro exterior y se llegaba a ellas por una puerta que las comunicaba con la sala principal. Otras cámaras se destinaban a las ofrendas, a los nazarenos y los leprosos, y cuatro a la leña y en los cuatro ejes se ubicaban las cocinas al lado de las de la leña. Todas ellas enmarcadas por el Atrio de los Gentiles. Cuatro eran los pórticos, cada uno orientado a un punto cardinal y el del Este se nombraba Pórtico de Salomón. LA DECORACION INTERIOR Estaba revestido de maderas preciosas; el piso de ciprés, las paredes de cedro, y todo estaba finamente labrado y recubierto con planchas de oro; había altares, mesas y cientos de muebles de oro, bronce o de madera revestida de oro puro, y 10 candelabros de oro iluminaban el recinto. En el Atrio de los Sacerdotes había un altar de bronce para los holocaustos o sacrificios de animales en la hoguera: el Mar de Bronce. El enorme cuenco de bronce fundido de cinco metros de diámetro y de un peso de 30 toneladas descansaba sobre 12 toros de bronce, agrupados en cuatro ternas que apuntaban hacia los cuatro puntos cardinales, y tenía capacidad para 40 mil litros de agua, que servían para el aseo ritual y como espejo para observar los cuerpos celestiales. El bronce se producía en gran cantidad en el Oriente Medio, en las minas de Arabia, el desierto al sur del Mar Muerto del que Salomón obtenía la mayor parte de sus fuentes de ingreso. EL CUBO CENTRAL Lo enmarcaban cuatro atrios nombrados de Los Israelitas. En las esquinas del Oeste se encontraban dos cocinas de los sacerdotes y en las opuestas en el Este, hacia el norte la Cámara de los Sacerdotes y la de Los Sacrificios y en la del Sur, el Gran Sanedrín. NABUCODONOSOR II DESTRUYE EL TEMPLO Rey de Babilonia conquistó Jerusalén en el año 586 antes de Cristo y destruyó la ciudad, el templo y el palacio real que habitaba el rey Joaquín II, a quien hizo su prisionero y envió cautivo a Babilonia, asimismo a los nobles, artesanos y "a toda la población con su rey". UN TEMPLO SIN IDOLOS El templo no tenía ningún ídolo dentro, sólo el Arca de la Alianza. Tras la destrucción a cuenta de Nabucodonosor no quedó ningún rastro. Los 50 metros del Muro de las Lamentaciones pertenecieron originalmente a los muros de contención exteriores del Templo de Herodes, construido en el siglo primero antes de Cristo. Hoy, la situación del Templo de Salomón es reconocida y está cerca de la roca santa conocida como "Moria", donde se quemaban en holocausto animales a modo de ofrendas. Esta piedra tenía un tamaño de aproximadamente 17 metros de longitud y 15 metros de ancho, y estaba cerca de la entrada oriental del templo. Hoy día, la Mezquita de Omar, la Kubat-as-Sachra, cubre este lugar. Fue construida en el año 691 después de Cristo por Kaliff Aw-al-Mlik. La presencia de esta mezquita, nombrada igualmente el Domo de la Roca, hace imposible toda investigación arqueológica de los restos del Templo de Salomón. El templo fue terminado de construir, después de siete años de trabajos, en el año 961 antes de Cristo. Salomón destinó cuantiosísimos recursos humanos y económicos para edificarlo, y toda su política se supeditó a la obtención de la enorme cantidad de dinero que necesitaba, ya que el templo, además de ser la casa de Dios, expresaba la unidad del Estado y la religión. En la Edad Media, las catedrales góticas europeas fueron consideradas como "reconstrucciones" del Templo de Salomón, aunque limitando este significado. Los arquitectos medievales intentaban usar las proporciones obtenidas por inspiración divina, tal y como Salomón las aplicó en su templo. Columnas anteriores
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