Opinión / Columna
 
Marco A. Bernal 
85 aniversario del PRI
Organización Editorial Mexicana
8 de marzo de 2014

  Durante los últimos años, la vida política de los mexicanos ha evolucionado de manera significativa. La pluralidad, la inclusión, la participación en los temas de interés público, han tenido mayor expresión, facilitada por las tecnologías de la información, pero también porque los ciudadanos quieren estar involucrados en las decisiones que definirán la dirección que tome la sociedad.

Esta evolución en el comportamiento político de los ciudadanos ha exigido la apertura de nuevos canales que le den vía a sus demandas, así como la modernización, a la par, de las instituciones, de manera que se adecuen a las condiciones y cumplan con las exigencias democráticas no sólo en la formalidad, sino en la práctica.

Este es el caso de los partidos políticos y, por supuesto, del Partido Revolucionario Institucional. El martes pasado, este organismo cumplió 85 años, mismos en los que ha encabezado e incluso acompañado la transformación de nuestro país.

Durante todo este tiempo, el PRI ha atravesado diversas etapas de reconfiguración, necesarias para constituirse en lo que ahora es; un partido que sabe reconocer sus desatinos, que ha aprendido de su historia y que sabe cómo transformarse para adaptarse a las exigencias de la sociedad y estar a su altura.

El PRI es la primera fuerza política del país, cuenta con la Presidencia de la República, además, el 63% de los gobernadores y el 51% de los presidentes municipales pertenecen al partido. También, 54 de los 128 senadores y 213 de los 500 diputados son priístas. Es el partido que cuenta con más militantes, más mujeres y más jóvenes.

Los cambios que el partido ha asumido, sin embargo, no han diluido sus principios, sino que los han reforzado. La pluralidad, el trabajo conjunto de hombres y mujeres, las ideas jóvenes y la experiencia de los que ya tienen larga trayectoria, así como cada uno de los sectores del PRI, han aportado a su modernización y, con ello, al mejoramiento de las instituciones en nuestro país.

Luego de 12 años de gobiernos emanados del PAN, nos encontramos en la segunda alternancia, encabezada por el presidente Enrique Peña Nieto, quien ha tenido el talento político para conducir un Gobierno democrático que ha buscado ante todo el entendimiento con las demás fuerzas políticas para alcanzar consensos que permitan poner en marcha las reformas que por tantos años se habían pospuesto.

Sin duda, el presidente Peña Nieto cuenta con el apoyo de su partido; los grupos parlamentarios del PRI nos hemos sumado al esfuerzo del Ejecutivo, respaldamos sus iniciativas y acompañamos su programa de gobierno porque hay una clara visión de Estado que está poniendo los cimientos de los cambios de fondo.

La sana cercanía del Presidente con su partido es natural en las democracias, más cuando el Ejecutivo en turno está impulsando nuevas reglas del juego para que existan mecanismos de regulación y transparencia que ponen el piso parejo para todos los actores políticos.

La vida democrática nacional será más completa en la medida en que haya partidos que estén dispuestos a convivir y construir bajo los valores de la democracia. En ese sentido, el PRI ha dado muestras de ser un partido con voluntad política para dialogar, consensuar y acordar en la pluralidad.

Un partido como el Revolucionario Institucional tiene muchos retos y los seguirá teniendo. La competencia siempre estará ahí, por lo que tenemos que seguir reinventándonos y trabajar para hacer cambios positivos en la vida de las familias, sólo de esa forma los ciudadanos valorarán nuestro trabajo como militantes, políticos o administradores públicos.
 
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