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Opinión
![]() Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Velásquez, pintó el primer desnudo de la pintura española
El Sol de México
17 de junio de 2007
El sostenía: "Prefiero ser el primero en estas groserías que segundo en delicadezas", y esto lo afirmaba porque se le recomendaba "ejecutar trabajos de mejor elegancia", ya que Velázquez en esos años estaba pintando cuadros de costumbres en los que aparecían pobres, villanos y muchachas y muchachos desarrapados.
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez tenía 23 años de edad. Es un joven alto, delgado, apuesto, de tez aceitunada, bigote y melena castaños, y ha sido discípulo, desde los 12 años de edad, de Francisco Pacheco, pintor de gran fama, a quien los escritores de aquel tiempo Lope de Vega y Quevedo elogiaban sin límites. Al estudio de Pacheco concurrían artistas y literatos renombrados, y ahí, Velázquez hizo amistad con ellos, manteniendo en lo posible sus concepciones artísticas, ya que lo conceptuaban "un muchacho que decía y hacía cosas extrañas". En esas, antes, a los 19 años de edad, casó con Juana, hija de su maestro. La muchacha es joven y posee hermoso cuerpo, aunque su rostro es el de una "chica común y corriente, de rasgos rudos y descuidados, como los de las campesinas que desconocen el arte del embellecimiento artificial". Entonces Diego, que admiraba el hermoso y casi perfecto cuerpo de su mujer, la pintó para la eternidad, mostrando sus hermosas y exactas nalgas y su torso perfecto, de espaldas al espectador. Por ser un artista cabal, lo que no era bello en su mujer, el rostro, lo pintó para establecer el contraste entre aquel cuerpo formidable y la cara ruda de una mujer del pueblo, descuidado y reseco, agobiado al estar expuesto a la ferocidad de los rayos solares. Por su profundo respeto a la verdad, compuso el cuadro de una manera exacta e inigualable: la mujer da la espalda y un cupido que sostiene un espejo muestra la cara real de Juana, que es de rasgos duros y no de una belleza femenina atendiendo a los cánones clásicos prevalecientes. No la pintó de frente, mostrando los pechos, porque en su intuición, las nalgas son igual que las "tetas", que "arrastran más que una carreta". La Venus ante el espejo, que hoy en día puede ser admirada en la National Gallery de Londres, es el primer desnudo, de espaldas, de la pintura española. Velázquez se sacudió el yugo. Sería Goya, luego, quien mostraría a la Maja desnuda luciendo sus hermosos pechos por vez primera en la pintura española. DE HERRERA A PACHECO Nació en Sevilla, Andalucía, el 12 de junio de 1599 y, nada más hacerse niño, en el año 1608, su padre don Diego lo llevó al taller del pintor Francisco Herrera, a quien se llama "El Viejo". Herrera era un hombre controvertido, tenía muchos enemigos y era "un fuera de la ley", hasta que se ganó el perdón del rey Felipe IV en atención a la calidad de sus pinturas y porque corrigió su conducta aplicándose a la enseñanza. Sin embargo, el pequeño aprendiz estaba incómodo y por no tolerar las rudezas del trato que le aplicaba su maestro, pidió a don Diego llevarlo a otro lugar donde pudiera aprender sin tantos jalones de orejas. Así llegó ante Francisco Pacheco, que había alcanzado gran reconocimiento por su tratado "Arte de la pintura" y cuyo trato además de benévolo, era más terso. Velázquez se hizo adolescente y Pacheco tenía a su hija Juana, que era una chiquilla de 10 años y quien se enamoró del discípulo de su progenitor. Pacheco no era un pintor original y, de hecho, hacia el final de su vida fue su discípulo y yerno quien influyó en sus obras. SU PROPIO TALLER Un año antes de casarse con Juana, el joven pintor se sintió seguro de sí mismo y estableció su propio taller independiente, sin romper los lazos de amistad y cariño con el viejo maestro y ya habiendo correspondido al amor de Juana, quien pronto sería su esposa. Velázquez se propuso sacudirse las ataduras del pasado renacentista, sin negar que admiraba a Tiziano y Caravaggio, adentrándose en lo que los críticos nombran su época del "tenebrismo", pues él pintaba la realidad por humilde que fuera. De esos tiempos son "El hombre a la mesa", "Comerciantes de agua en Sevilla", "Vieja friendo huevos" y "Las hilanderas". La vieja es su suegra, las hilanderas su esposa y su cuñada Isabel. En este cuadro, Juana se mira de espaldas, no así su hermana rubia, cuyo delicado y hermoso rostro se nos muestra. Otra singularidad de estas pinturas es que él se incluye en la escena: sus primeros autorretratos cuya culminación más célebre está en "Las meninas", considerada su obra maestra. A MADRID Velázquez se siente muy seguro de su talento y ambiciona alcanzar prestigio, dinero y gloria, y para lograrlo viaja a Madrid, llevando sus mejores cuadros y algunas cartas de recomendación para posibles mecenas. En ese momento el poeta lírico y sacerdote Luis de Argote y Góngora había alcanzado el éxito literario, y obtuvo del rey Felipe III los títulos modestos de capellán y limosnero del rey, y Velázquez, que lo había leído, pintó su retrato. Obra que es un clásico que se reproduce siempre en las biografías de Góngora. Sin embargo, no le fue bien al pintor y regresó a Sevilla al lado de su esposa y su suegro. Algunos meses después del regreso a su ciudad natal, recibe una carta que le envía un ujier de palacio, invitándolo a presentarse ante la Corte, en atención a que el poderoso primer ministro Gaspar Guzmán, conde-duque de Olivares, había visto el retrato de Góngora y "deseaba conocer al artista que lo ejecutó". Velázquez regresa a Madrid, ahora acompañado por Pacheco y Juana, y hace el retrato del ujier de palacio que le había enviado la invitación. Sin siquiera haberse secado la pintura, el lienzo es llevado a Palacio para mostrarlo al rey y al conde-duque de Oliveres. El monarca y el primer ministro alaban la pintura, y la buena estrella de Velázquez se hace presente. FELIPE IV Felipe ha sucedido a su padre en el trono, tiene 18 años y "es orgulloso como un pavo real", y así se pavonea en la Corte. El progenitor del nuevo soberano hizo "florecer las artes y el lujo de la Corte contrastaba con la pobreza de su pueblo, que se agudizó con la expulsión de un millón de los moriscos españoles, atendiendo al fanatismo religioso del monarca". Ante esta situación difícil para el reino, el nuevo rey muestra poco interés en los negocios públicos, dejándolos en las manos de Olivares, de allí el poder del primer ministro, que va a favorecer al pintor sevillano. Velázquez pinta el retrato del rey y éste queda "tan complacido" que, con fecha del 6 de octubre de 1923, nombra a Velázquez pintor real diciéndole: "A Diego Velázquez, pintor, he mandado recibir en mi servicio para que se ocupe en lo que se le mandare de su profesión y le he señalado 20 ducados de salario al mes, con el compromiso a comprar todos los retratos de la familia real que el pintor produjese". El artista tiene 24 años de edad. GANA EL CERTAMEN DEL REY El nombramiento de Velázquez irritó a los artistas "ansiosos de prosperar y que solicitaban el favor regio". Madrid estaba lleno de artistas en búsqueda de consagrase y merecer privilegios, y consideraron que el sevillano no merecía ser el pintor de la familia real. No pudiendo negar la calidad del magnífico retrato que había hecho del monarca, alegaron que "sólo se trata de un retratista, el pintor del rey deberá ser un maestro en todos los aspectos del arte". Felipe escuchó las quejas y, "para satisfacer la crítica y la demanda que sus iguales manifiestan, ordenó organizar un certamen nacional en el que se premiará el mejor cuadro acerca de un tema histórico". El soberano nombró un prestigioso jurado para presidir y premiar al ganador del concurso, y todos se pusieron manos y pinceles a sus obras. Velázquez participó con un cuadro sobre la expulsión de los moriscos, un tema audaz por conllevar un juicio no favorable al progenitor del rey. Su pintura ganó, obtuvo el reconocimiento merecido y Felipe ratificó en su cargo al andaluz, consagrándolo "como el mejor de todos". Infortunadamente este lienzo se perdió durante un incendio ocurrido en el palacio en el año 1734 y de él no existen siquiera bocetos, ya que Velázquez pintaba directamente en color sobre la tela. A veces, la capa de pintura es tan delgada que se transparenta la trama del lienzo y, sin embargo, "da la sensación de absoluta solidez". Es común decir que es el mejor retratista de la pintura española e inclusive "el mejor del mundo" y que a sus "retratos sólo les falta hablar". VIAJES A ITALIA A la edad de 30 años, Velázquez viaja por vez primera a Italia, yendo primero a Venecia, luego a Roma, donde permanece durante un año, y finalmente a Florencia, Milán, Cento, Boloña, Loreto y Nápoles. Resultado de ese viaje son sus cuadros "La fragua de Vulcano" y "La rendición de Breda". Esta obra se origina durante su travesía en barco donde conoce personalmente a Ambrosio Spinola, general de los ejércitos españoles, a quien Velázquez inmortalizó en "La rendición de Breda", también conocido como "Las lanzas". Casi 20 después de esta estancia en Italia, Felipe le encomienda regresar a Italia "con la misión de adquirir cuadros para la galería que voy a fundar en Madrid". Este viaje duró más de dos años, los cuales permaneció principalmente en Venecia y Roma. Además de comprar obras de Miguel Angel, Rafael y Tintoreto, Velázquez pinta el retrato del papa Inocencio X. Tan complacido quedó el Santo Padre que "le regaló una cadena de oro al artista". En opinión del historiador de arte Hipólito Taine, "este retrato es la obra maestra de todos los retratos", juicio que prevalece hasta nuestros días. En esos años pintó "Venus ante el espejo". NO TODO FUE MIEL SOBRE HOJUELAS Velázquez ascendía en el mundo cortesano y el rey le otorgaba nuevos nombramientos: ayudante de cámara con oficio y superintendente de obras reales y responsable de las colecciones de la monarquía, además de supervisar las obras de arquitectura y decoración palaciegas. Cortesanos y artistas porfiaban en "arrojarlo de su envidiable puesto", se dedicaron a enemistarlo con el rey y llegaron a conseguir que se le retuviera su salario. Felipe, informado por Velázquez de tal suspensión de ingresos, ordenó de inmediato que la Tesorería Real le abonara su sueldo, incluyendo los intereses que hubiera devengado. DESQUITO SU PAGA CREANDO OBRAS MAESTRAS El maestro correspondió ampliamente los beneficios reales y, durante los 40 años que estuvo al servicio del rey, pintó y entregó 24 cuadros "que han inmortalizado al monarca" y a su familia. El filósofo y escritor español José Ortega y Gasset dijo de él que "todos sus cuadros son la realización de una nueva concepción artística. Casi no hay altibajos en la obra de Velázquez; todas sus pinturas son obras maestras". "LAS MENINAS" Entre 1656 y 1660, Velázquez afrontó y concluyó una de las obras más importantes de la pintura mundial, "Las meninas", que se exhibe en una sala especial del Museo del Prado, en Madrid. Los problemas de luz y perspectiva están resueltos "con perfección técnica y agudeza psicológica admirables, que sirven para introducir, materialmente, al que la mira, en una de las salas del viejo alcázar de Madrid, sala que servía de estudio al pintor, y para hacerle vivir así, a un tiempo, una escena de taller, un cuadro de costumbres y un retrato de grupo, en cuyas 12 figuras se resumen las diversas clases sociales: reyes, damas, infantes, enanos, servidores de la corte e incluso una representación del mundo animal en la figura del perro situado en el primer término a la derecha, así como el autorretrato del pintor", describe el crítico e historiador de arte, el belga Maurice-Edouard Berthon. Velázquez murió en Madrid el 6 de agosto de 1660, a los 66 años de edad, siendo asistido en sus últimos momentos por el propio médico de su majestad. Columnas anteriores
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