Opinión / Columna
 
Cuchillito de Palo 
Catalina Noriega 
De Dioses y ¡Diosa!
Organización Editorial Mexicana
7 de julio de 2012

  Este trozo de planeta, no los merecía. Tan perfectos como los dioses y las diosas. Llenos de virtudes, a grado tal, que sólo, una millonada de "masoquistas colectivos" o la "inequidad" del proceso electoral, podía arrebatarles el triunfo. Y siguen con su letanía de lamentos, contra la masa de mequetrefes, a los que se "compró o cooptó".

De esta manera sui géneris entienden la democracia. Obtuvieron un grueso número de votos, lo que debería abrirles las entendederas, como para ejercer la autocrítica y seguir adelante. López Obrador y la Vázquez Mota, consideran que no había en el panorama global, mejores candidatos. El hecho de conseguir una buena tajada de sufragios es muestra de que los favorecía un segmento social importante, aunque no suficiente para llevarlos a Los Pinos. Esto, desde su estrecho caletre es aberrante e inaceptable.

La señora de la sonrisa de gis, con ese tonito -que a tantos nos despertaba un ansia irrefrenable, de tirarle un zapato al televisor o a la radio- insiste en que hubo inequidad y que hay que revisar los gastos de campaña, así no haya sanción legal.

El tamaño de nuestro subdesarrollo político se mide, por la mediocridad de la clase que lo representa. Personajillos farsantes, soberbios, sin una preparación adecuada, ni personalidad ni carisma se rodean de lacayos que los corean, sin que jamás alguno ose hablarles con la verdad.

Vázquez Mota amenaza con "crear un movimiento para democratizar el país"-menuda fiaca- ajena a los errores de su campaña. Con un aire bravucón que daba risa se enfocó en agredir al PRI y a Peña Nieto, estrategia que sólo logró hacer subir al tabasqueño y que, a ella la mandó al tercer lugar. Ofendió a las mujeres con su estulticia del cuchi, cuchi -como si fuéramos moneda de cambio- y se exhibió como lo que es: una funcionaria de medio pelo, con poca experiencia y nula capacidad para gobernar una república compleja y al tope de problemas.

De López Obrador se veía venir. Su petate del muerto del fraude y la cantaleta similar a la del 2006, aunque en ese año la diferencia en votos con Calderón fue mínima, mientras ahora se contabiliza en unos tres millones y pico. Intenta aparecer como un político apegado a derecho, pero en su discurso se entremezcla la amenaza, el resentimiento y el afán de venganza. Era su última oportunidad para candidatearse y se niega a aceptar la contundencia de las urnas. Crispa a sus seguidores con la semilla del odio. Ese odio que lleva a la agresión contra reconocidos periodistas -Ricardo Alemán y Carlos Marín- a quienes se ofende incluso, con escupitajos. A un camarógrafo estadunidense lo golpean en el Zócalo al intentar filmar una concentración. Contra el presidente del IFE, a quien le apedrean el automóvil y los consejeros, a quienes se les obliga a abrir las cajuelas, cuando salen del Instituto.

Condena a todo aquel que no le dio su sufragio y dice que es por corruptos. Deja fuera la podredumbre habida en los desgobiernos perredistas. Ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Poco se comenta de un audio en poder de un periódico nacional, en el que, uno de sus emisarios -a cargo de la recolección de lana- le pide una mayor "aportación" a un empresario de la rama productora e industrializadora de acero. El hombre argumenta que ya dio 110 millones de pesos al Presidente del partido -Zambrano- pero el interlocutor le pide 30 más. ¿No que tan honrados? ¿Aparecerán estos "donativos" en las cuentas al IFE? ¿Y el uso de todo el aparato de Gobierno capitalino y del de otras entidades bajo su férula? Basta de rencillas. Que impugnen lo que se les dé su gana -están en su derecho- pero que dejen de insultar a quienes, en uso de su libertad de elegir, le dieron su voto a quien obtuvo el primer lugar.

catalinanq@hotmail.com

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