Opinión / Columna
 
René González de la Vega 
Las estrategias del mentiroso
El Sol de México
13 de junio de 2011

  Un régimen autoritario lo primero que desvanece es la verdad. Enmascara la realidad y hace ver lo que no es. Practica respuestas fabricadas y configura coartadas para cubrir sus actos. Dibuja el panorama de un color inexistente y tratar de hacerle ver al "pueblo" que son ellos los que no ven las cosas. Esconder la verdad es síntoma de que algo anda mal. Mentir para explicar es el primer síntoma de que hay incorrección moral y el primer paso hacia la búsqueda de la impunidad.

La mentira busca desdibujar la realidad y confundir a quien la observa. Es un concepto que para "definirlo" hay que partir de la ausencia de otro: la verdad. Ahí radica parte de su dificultad conceptual. Algunos rasgos del mentiroso pueden ser: a) que el mentiroso es consciente de su mentira, no un ignorante de la verdad. Al mentiroso descubierto se le exige aceptar, no recapacitar sobre lo ignorado; b) el mentiroso para realizarse tiene que aparentar ser honesto. Sin esta apariencia es un ingenuo diciendo tonterías o un cínico diciendo la verdad; c) el mentiroso no es un relativista de la verdad, conoce y reconoce su valor. De lo contrario, simplemente no podría decir mentiras.

Pero la mentira del autoritario es la mentira cruda. La mentira desvergonzada. No la mentira 'blanca' o 'necesaria' que parte de la prudencia. Ésta también puede compartir algunos de esos rasgos, sin embargo, el mentiroso sinvergüenza tiene otros que lo distinguen del mentiroso piadoso: d) cuando miente es porque sabe que ha hecho mal. Esa es la razón para mentir. Alguien convencido de que está haciendo lo correcto no tiene porqué mentir. Así, la mentira se convierte en la estrategia del culpable; e) este mentiroso es un infractor de la verdad que busca impunidad. Intenta escapar de las consecuencias de sus actos; f) el mentiroso desvergonzado tiende a la hipocresía. Difícilmente aceptará su mentira. No miento, es que ustedes no ven las cosas como yo las veo.

María Jimena Duzán recuerda que Gustavo Gorriti sostenía que la primera víctima de la guerra es la verdad, que ésta se desenvuelve en algo que (él) calificaba como 'la neblina de la guerra'". Cubrir todo para que no se descubra lo sucedido. Para que no sean castigados los castigables, perseguidos los prófugos y juzgados los criminales. La mentira estatal siempre es desvergonzada y constituye uno de los rasgos más comunes del autoritarismo. Por ello Kant elevaba la publicidad de los actos públicos al ámbito de lo trascendental. Sabía que si las decisiones del Estado no eran ventiladas abiertamente a la población carecían de una característica que las hacía justas; correctas.

Son cuatro las mentiras que nos venden: 1) el ejército no está en las calles sino en los cuarteles, 2) como regla, los crímenes cometidos por militares son juzgados en tribunales civiles, 3) la delincuencia ha bajado, 4) no hay violación a los derechos humanos salvo en casos incidentales.

Son dos las salidas que encuentro: o mienten porque saben que están haciendo mal (moral, jurídica y políticamente mal), o no mienten y efectivamente consideran que están diciendo la verdad. Las dos conclusiones me desconciertan y aterrorizan. Por un lado, porque ya sabemos que la mentira estatal no es más que el inicio del terrorismo de Estado. Por el otro, porque la simple idea de que el gobierno piense que éstas no son mentiras hace que me pregunte: ¿entonces, cuántos militares más tienen que estar en las calles para que el gobierno acepte que las calles están militarizadas? ¿Cuántas violaciones a derechos humanos tiene que haber para que ellos no las consideren incidentales? ¿Cuántos asesinatos tenemos que ver para que ellos consideren que la delincuencia efectivamente ha subido? Ninguna de las dos es aceptable.

La zorra sólo se convierte en una astuta mentirosa cuando los sabuesos andan tras de ella, de lo contrario, no tiene necesidad de engañar. Esas son las circunstancias del mentiroso.

gonzalezdelavega@yahoo.com
 
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