Opinión / Columna
 
Luis Hernández Palacios 
Cuesta de enero
Organización Editorial Mexicana
30 de enero de 2011

  En nuestra cultura, desde que tengo memoria, ha estado presente "la cuesta de enero" para denominar como todos sabemos las dificultades económicas que se presentan al inicio de cada año. Pero en esta ocasión los signos de enero parecieran vislumbrar serias dificultades para el año que recién empieza. Así que esta cuesta puede representar el ingreso a lo que la FAO denominó un "territorio peligroso".

En efecto, tras una etapa de relativa calma, los precios mundiales de los alimentos han empezado a sacudir en estos días los mercados mundiales. Los alimentos de primera necesidad han alcanzado precios récord, incluso por encima de los que se presentaron en julio de 2008, que fue el punto más alto de la crisis alimentaria que se vivió en ese año. De acuerdo con el organismo internacional citado, comparativamente los precios de granos, productos lácteos, cereales, aceites, grasas y azúcar, que en julio de 2008 habrían llegado a 213 puntos, cerraron, en el mismo índice, en 215 a fines de diciembre del año pasado. Se atribuye este incremento a las malas cosechas que sufrieron los grandes países productores agropecuarios en la segunda mitad del año, elemento que no puede disociarse del cambio climático que se está viviendo: las peores sequías en más de medio siglo en la mitad del mundo, e inundaciones y ola de frío en la otra mitad. A ello habría que asociar la creciente demanda en los países de rápido crecimiento económico como China e India. Pero sobre todo la especulación en materia de alimentos de las grandes corporaciones transnacionales.

Obviamente el efecto que la carestía de los alimentos tendrá en los bolsillos de los consumidores producirá un efecto inflacionario que impedirá las posibilidades de la recuperación económica en muchos países, entre otros, México.

Pero también en nuestro caso debe asociarse la caída de la producción de básicos con el resultado de las equívocas políticas para el campo que se han venido aplicando en los últimos 10 años. En esta columna he insistido en que éstas no han tenido otro efecto que la desolación del campo. Es decir, la pobreza y la migración. Con motivo de la Promulgación de la primera Ley Agraria del país, que fue marco para la renovación de la dirigencia de la Confederación Nacional Campesina, que agrupa aún a la inmensa mayoría de los productores en este sector, el nuevo presidente de la misma, Gerardo Sánchez García, enfatizó los problemas que se confrontan. La falta de créditos para los básicos de manera importante, lo cual ha tenido como consecuencia profundizar la dependencia alimentaria de nuestro país. Según especialistas importamos el 54 por ciento de los alimentos que consumimos, destacando el aceite comestible, del cual se importa el 94 por ciento, por poner un ejemplo significativo.

Lo que es evidente es que la ola inflacionaria de los alimentos, asociada a la pérdida de soberanía alimentaria nos afectará en este año. Este tema tiene variados niveles de atención entre los analistas pero no ha adquirido una visión y una respuesta por parte del Gobierno. Resulta cierto que este encarecimiento del precio de los alimentos "añadirá más leña al fuego" en el que arden los procesos inflacionarios y que, en última instancia, pegará en el bolsillo de todos los mexicanos.

Por ello es necesario poner en la prioridad que lo amerita, el viraje en la política hacia el campo del Gobierno Federal. Es decir, replantear políticas públicas para reactivar la economía agraria. Debe garantizarse la soberanía alimentaria. Que se da, según la FAO "cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso material, social y económico a suficientes alimentos sanos y nutritivos para satisfacer sus necesidades y sus preferencias alimentarias, a fin de llevar una vida activa y saludable".
 
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