México
Pese a la libertad de culto, no está garantizada la vida de evangélicos o católicos
Organización Editorial Mexicana
19 de diciembre de 2010


Judith Garcí / El Sol de México

Ciudad de México.- A 150 años de establecerse la libertad de culto, en algunos municipios de México no se garantiza la vida de evangélicos o católicos, coincidieron integrantes del Consejo del Episcopado Mexicano (CEM) y de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristinas Evangélicas (Cofraternice).

El pastor Arturo Farela, presidente de la Cofraternice, señala a Chiapas como la tierra prohibida para los evangélicos.

Hasta hace cuatro años, en San Juan Chamula, ubicado en la zona de los Altos de Chiapas, se pagaba entre 30 mil y 60 mil pesos a quien llevara una cabeza de un pastor evangélico.

Los recuerdos de la intolerancia religiosa los documenta con fotografías que difunde en su página de internet: rostros de hombres y niños asesinados a golpes, expulsiones masivas de comunidades, fachadas de casas con ráfagas de balas, bebés en ataúdes...

El resto de la historia, lo narra: "No sólo estamos hablando de simple intolerancia, sino también de asesinatos. Hace unos años, en la comunidad Chepetlán, del municipio de Tlapa de Comonfort, en Guerrero, pusieron dos horcas en el centro, en la plaza principal, y ahí los caciques me gritaron que si no me llevaba a mis hermanos, los iban a comenzar a colgar enfrente del Presidente Municipal perredista y de las autoridades de Gobernación. No hicieron nada las autoridades. Lamentablemente fueron expulsados los indígenas".

En 40 años, 50 mil expulsados. De ellos, 35 mil expulsados fueron en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y el resto en diferentes puntos del país. "Ahorita tenemos el caso de Michitón, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde 150 evangélicos han sido agredidos seriamente por gente zapatista. Les han cortado los servicios y los amenazaron si no se van".

En San Juan Chamula, recuerda, nos han asesinado a pastores, nos han violado sexualmente tanto a niñas como a mujeres. Afortunadamente eso quedó en la historia. Describe a El Sol de México que Chiapas es el número uno de la intolerancia religiosa. Los actos más violentos son en Chiapas, Oaxaca y Jalisco, mientras las situaciones menos agresivas se han registrado en la Montaña Alta, en Guerrero; en el Estado de México; en la zona mazahua; en la zona tarasca, en Michoacán, y en regiones de Hidalgo.