Opinión / Columna
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René González de la Vega
Conocimiento y policías: Una contradicción
El Sol de México
27 de octubre de 2010
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La relación entre autoridad y conocimiento siempre causa extrañeza. Pero la relación entre autoridad estatal y conocimiento, produce insatisfacción anímica y profunda sospecha. Cuando el conocimiento está regulado por la autoridad estatal, comienza a oler a peligro. Cuando los espacios dedicados a la libre discusión y al aprendizaje están rodeados por aparatos estatales, produce repulsión; incluso, nausea. Imaginemos una Universidad rodeada de militares cuidando el ingreso. Un aula con fotografías de algún líder político. Una librería con imágenes nacionalistas colgadas de las paredes. O un museo con oficiales armados dando la guía.
Eso último está pasando en el Museo Tecnológico de Chapultepec. Éste parece una fortaleza de oficiales de la SSP. Desde su entrada inicia toda una aventura impositiva. Para empezar, en la puerta uno encuentra una antinomia sin salida: un letrero que dice en rojo "entrada libre" y, al mismo tiempo, un retén de cinco o seis policías en línea que dicen "alto". Te detienen y te revisan. No permiten ingresar con botellas de agua o mascando chicle. Tampoco permiten dejar la mochila o la bolsa en la entrada; esto, por razones de seguridad. En lo que me revisaban, permanecí unos cinco minutos en la entrada. En ese lapso, estos bribones no le permitieron la entrada a tres grupos de personas. A mí, por lo pronto, me hicieron tirar los "Gerbers" y la leche de Juan: mi hijo de dos años. Inmediatamente después de pasar ese aparentemente insalvable obstáculo, bajados los primeros cuatro escalones, te encuentras con otro grupo de policías preguntando a los visitantes hacia dónde se dirigen. Yo, titubeante después de la experiencia anterior, conteste que aún no lo sabíamos. El sujeto indagó sobre mis intereses y preferencias. Comenzó a darme lecciones sobre dónde se encontraban las cosas. Y remató con una inapelable amenaza: el oficial esperaba que el niño se portara bien. Amedrentados los tres, continuamos nuestro camino. Decidimos ir en búsqueda de la exposición de dinosaurios que a Juan le entusiasmaba. Llegados al lugar, entre los muy variados pasillos marcados por pequeños arbustos y la explosiva emoción de Juan al ver los dinosaurios, dimos vuelta en un pasillo que, después me enteré, era sentido contrario. Lo supe, porque un oficial de policía al tiempo que sonaba su silbato me hacía señales de tráfico. Se me acercó y me dijo, "que por ahí no es Señor, regrésese hasta allá y comience el recorrido como todos los demás". Juan, sorprendido, me preguntó: ¿por qué está enojado ese señor Papá? Terminando de ver a los dinosaurios, reparé que en el vagón de un tren había un "laboratorio de paleontología". Una mesa con unos huesos escondidos en arena para que los chicos los descubran con brochas. Juan hizo un tiradero y no fue bienvenido; un policía le enseñó la salida. Decidimos ir al planetario. Un "show" de estrellas y planetas que seguramente le interesaría. Cuando llegamos a la entrada, otro policía comentó que él consideraba que el niño era muy pequeño para esa clase de espectáculo, que mejor fuera a otra exposición.
Escuchamos que se iba a transmitir una película sobre dinosaurios. Corrimos a la entrada de la sala, donde otros dos policías, nos hicieron el alto. Ellos nos dirían cuándo podíamos ingresar a la sala. Al abrirse las puertas, dos oficiales guiaron la fila hasta el área de butacas, otro, que ya se encontraba dentro, asignaba los lugares. Tuve la osadía de pedirle que nos pusiera en una esquina, porque Juan no aguantaría toda la película. El oficial refunfuño diciendo: "asigno lugares para que no haya desorden". No supe si ese fue un sí o un no, o si insinuaba que yo ya comenzaba a ser la causa del desorden. Preferí no preguntar. Por fortuna, su mano apuntó a unas butacas de la esquina.
Al salir, vi a otro oficial reprimiendo a un padre porque su hijo tuvo el "insano" deseo de sentarse en el pasto a ver los coches de control remoto andar. Mientras, Juan trataba de subir a un helicóptero y un policía también lo reprimía. Ahí, fue cuando después de dos horas de represión policial en un museo, le dije a mi familia: "mejor vamos al democrático museo de ciencias naturales".
Cualquier espacio dedicado al conocimiento, siempre debe permanecer en completa libertad y autonomía frente a la imposición coercitiva del Estado. Deben ser espacios dedicados al conocimiento y a la libertad. La autoridad no puede (ni debe) pasar por sus puertas. Éstas son (y deben ser) demasiado estrechas para la imagen de la imposición. Imposición estatal y libre desarrollo son incompatibles.
gonzalezdelavega@yahoo.com
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