Opinión / Columna
 
René Arce Islas 
Respeto a las libertades
El Sol de México
15 de octubre de 2010

  A través de la historia de la humanidad, la responsabilidad de los Gobiernos con su población ha evolucionado, aunque no en la misma dinámica, porque en algunas naciones siguen predominando las prácticas autoritarias y antidemocráticas. Dicha responsabilidad ya no se limita exclusivamente a que las personas tengan que comer, ahora es necesario garantizar, también, el desarrollo de las libertades, pues sólo así es posible alcanzar una sociedad donde el crecimiento económico incluya el desarrollo de los derechos humanos, civiles, políticos, sociales, económicos y culturales, porque indudablemente los derechos humanos constituyen la base para la paz y la fraternidad en el mundo.

Acuerdos y manifiestos internacionales dan cuenta de la necesidad de que los ciudadanos, de todas partes del mundo, tomen en sus manos los Estados, mediante un sistema de libertades, de democracia, de Estado de Derecho y la emergencia de una conciencia moderna de ciudadanía para quien los derechos son fundamentales y la participación un deber.

A pesar de que muchas naciones suscriben estos acuerdos internacionales, la verdad es que en la práctica cotidiana no los cumplen, y en situaciones extremas no respetan plenamente ni su propia Constitución. El Gobierno de China es un claro ejemplo de lo anterior, pues no solamente ha violado varios acuerdos internacionales que ha ratificado, sino que también incumple con su Constitución, especialmente en lo que respecta a los derechos políticos de sus ciudadanos. El caso particular lo encontramos en su artículo 35, el cual asegura que los ciudadanos de la República Popular China disfrutan de libertad de expresión, prensa, reunión, asociación y manifestación. Sin embargo, estas libertades se han visto claramente recortadas en la práctica para los ciudadanos chinos.

La crítica hacia el Gobierno chino se fundamenta en las prácticas autoritarias que ejerce, sobre todo tratándose de la segunda potencia económica del mundo. Ello la hace objeto de un mayor escrutinio de parte de la comunidad internacional. Y hoy China se vuelve centro de todas las miradas del mundo por que uno de sus ciudadanos ha sido galardonado con el Nobel de la Paz.

Liu Xiaobo no es cualquier ciudadano. Liu es crítico literario y político disidente del Gobierno chino, quien realizó un trabajo no violento a favor de los derechos humanos en su país. El cargo por el que se tiene encarcelado a Liu Xiaobo es por el de "subversión del poder del Estado". Quedó claro que las autoridades criminalizaron el activismo pacífico a favor de la libertad política y el respeto a los derechos humanos que era profesado por Xiaobo. Él está incomunicado y purga una pena de once años en las mazmorras de Jinzhou que quedan en la provincia de Liaoning.

Cabe recordar que Liu Xiaobo ya había sido arbitrariamente encarcelado por su participación pacífica en el movimiento democrático de la plaza de Tiananmen y fue recluido en prisión año y medio, sin juicio y sin ser condenado. Aquello fue el inicio de una implacable persecución y represión política: se le excluyó de su cátedra universitaria y durante tres años, entre 1996 y 1999, se le impusieron trabajos forzados en un "centro de reeducación".

La última prisión impuesta a Liu Xiaobo fue la respuesta gubernamental a la "Carta 08" que aboga por la modernización política de China. De manera pacífica aquella carta -firmada originalmente por 300 intelectuales y artistas chinos y que hoy registra más de 20 mil suscriptores- reclama libertad política, respeto a los derechos humanos y la separación de Poderes. Entre sus demandas está liberar a todos los presos por razón de conciencia, colocar el sistema jurídico sobre los partidos, liberar a las Fuerzas Armadas del control del Partido Comunista y obligar a la Policía a ser políticamente neutral. Pide la abolición del sistema de educación y resocialización en campos de trabajo y prohibir las detenciones arbitrarias, así como las comparecencias, interrogatorios y castigos que no respeten la ley.

Como antes lo hicieran Mahatma Gandhi y Nelson Mandela, Liu Xiaobo ha recurrido a la manifestación pacífica de sus ideales. Y también como les ocurriera a Gandhi y a Mandela, este hombre de grandes valores y congruencia está sufriendo la prisión injusta.

Es por ello que el pueblo de México no puede permanecer indiferente con el encarcelamiento de Liu Xiabo, preso político de conciencia del Gobierno Chino y quien simboliza la lucha pacífica por las libertades y el respeto al Estado de Derecho. Mucho menos ahora, que ha recibido el Premio Nobel de la Paz y que pone con ello, en la agenda mundial, la necesidad de que los ciudadanos de todo el mundo presionemos al Gobierno Chino, para que acompañe su crecimiento económico con el desarrollo de las libertades en sus diversos aspectos.
 
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