Opinión / Columna
 
Federico Ling Sanz Cerrada 
Transformar súbditos en ciudadanos
El Sol de México
10 de abril de 2010

  Entre la autocracia y la democracia. El reto al que se enfrentará la serie de reformas que nuestro país necesita será la transformación del pueblo de México, para que el individuo deje de ser un súbdito y se convierta en ciudadano. Especialmente, la reforma política debe propiciar el cambio institucional y el cambio en la cultura política del ciudadano. Ambos tienen que ir de la mano.

Para Nicolás Maquiavelo había dos formas de gobierno: la monarquía y la república (que podía ser aristocrática o democrática). Para Hans Kelsen también eran dos formas de gobierno: la autocracia (monarquía y aristocracia) y la democracia. La diferencia entre la autocracia y la democracia era la manera en que las leyes se confeccionaban, es decir, en las formas autocráticas, las leyes se hacían de arriba hacia abajo y eran impuestas al ciudadano; mientras que en la democracia, las leyes se hacían de la forma contraria, emanando de abajo, del ciudadano, hacia arriba, a la autoridad.

Ahora bien, en la autocracia, por ejemplo, la monarquía (no en todas), el individuo no era considerado como un ciudadano. Era un súbdito. Por tanto tenía que obedecer y callar, seguir las instrucciones del gobernante sin cuestionamientos y cumplir con el rol y desempeñar la función que le había sido asignada. La aristocracia no era, tal vez, diferente a la monarquía en la forma en que las leyes eran impuestas y los súbditos tenían, igualmente, que obedecer sin preguntar demasiado.

La democracia, en cambio, funciona de la manera opuesta. El individuo no es visto como un súbdito, sino como ciudadano. Y como tal, su labor no es obedecer y callar, sino hablar y participar. Debe formar parte de las decisiones que se toman en conjunto; ser miembro de la comunidad y establecer, con todos los demás, las reglas del juego político, económico, social, por el que la comunidad habrá de regirse, y posteriormente, participar activamente en el desarrollo del mismo. Las críticas y cuestionamientos, si positivos y constructivos, son bienvenidos. De eso se trata.

Luego entonces, el reto de la democracia es lograr la transformación del súbdito para convertirlo en ciudadano. Que el individuo deje de callar y obedecer, y comience a hablar y participar en la vida pública. De hecho, el reto fue planteado desde hace varios siglos por pensadores clásicos, pero hoy en día, tiene más vigencia que nunca. En México urge la transformación del súbdito en ciudadano. Si bien no hay actualmente una monarquía que nos gobierna, en muchas ocasiones el individuo actúa como súbdito.

Cuando permite la corrupción del funcionario público sin exigir cuentas claras de la labor que desempeña, el ciudadano se comporta como súbdito. O bien, cuando no tiene oportunidad de opinar sobre el trabajo que hizo su diputado o senador, y de manera impune el legislador no le rinde cuentas, reafirma al individuo como súbdito. Cuando la cultura política impide cuestionar, impide criticar, las personas se convierten en súbditos. Cuando la comunidad no puede, ni quiere, cuestionar a los grandes monopolios televisivos o telefónicos, o a los monopolios sindicales, entonces, el individuo se vuelve un súbdito. Peor aún, un súbdito sin la corona; una democracia que se convirtió en tiranía.

Por tanto, el reto de convertir súbditos en ciudadanos es más actual que nunca y tiene plena vigencia. La reforma política, al igual que las otras reformas planteadas en México y que son sumamente necesarias, deben detonar la transformación. Si se logra que la reforma política transforme a las instituciones, y además, acompañe de avances significativos en la transformación de la cultura política, habrá comenzado su camino esta difícil conversión. Por ejemplo, la reforma política debe permitir la interacción directa del ciudadano con su legislador, que le participe de sus demandas, que le exija cuentas y que tome decisiones sobre su desempeño a través del voto. O bien, una reforma fiscal que elimine el régimen de privilegios para los grandes monopolios y que obligue a todos a pagar con la parte que corresponde. Si se logra avanzar de manera paralela en el cambio de las instituciones, y en el cambio cultural de la persona, estaremos en la ruta correcta para transformar súbditos en ciudadanos.

http://federicoling.wordpress.com ; @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas