Opinión / Columna
|
René González de la Vega
Si la Corte de Justicia es el fin, cuál es el medio
El Sol de México
6 de abril de 2010
|
Junto leña, compro cerillos, consigo ocote y hasta malvaviscos, al tiempo expreso un deseo abrasador por encender una chimenea; se presumiría, por lo menos, que tengo una chimenea a la mano que pueda encender. Quiero lavar el coche y para ello tengo que llenar una cubeta de agua. Requiero, por decir lo menos, de una cubeta y de agua. Hay cosas, instituciones, proposiciones que se requieren de manera necesaria para poder ejecutar ciertas acciones, deducciones, pensamientos o instituciones. Es un principio básico de la lógica. No se puede llegar a una conclusión sin tener premisas. En términos más simples: no se puede llenar la cubeta de agua sin tener una cubeta y agua. Son una cuestión básica de la racionalidad medio-fin; si quiero limpiar las ventanas de mi casa, espero a que pase la tormenta.
Así de sencillo. Pero por su sencillez, a veces resulta ofensivo señalarle a alguien esta clase de tropiezos. Sin embargo, no todos los casos que involucran criterios de racionalidad medio-fin son tan claros u obvios como los que he señalado. Hay muchas situaciones en que los criterios que requerimos de manera necesaria para que ciertas cosas puedan funcionar, existir o ser posibles, no son tan obvios ni tan claros. Se puede decir que se encuentran en una zona de penumbra. En situaciones de escasa claridad. Por ello, vislumbrarlos de inmediato no es tan sencillo. Únicamente nos damos cuenta de ellos después de un largo proceso de reflexión.
En este caso podemos encontrar, de manera significativa, la construcción de leyes. Las famosas iniciativas legislativas. En muchas ocasiones, éstas proponen un gran cúmulo de instituciones, cambios jurídicos, valores, etcétera, que tienen como propósito mejorar algunas partes de nuestro andar político y social. Pero en más de una ocasión sucede: o que lo propuesto no puede realizarse porque los parámetros jurídicos previamente establecidos no brindan la posibilidad normativa para hacerlo (el ejemplo más claro de esto es la propuesta de la "pena de muerte"), o porque las circunstancias no aportan las posibilidades fácticas necesarias para llevarla a cabo (la construcción del túnel "Auditorio-Santa Fe"), o porque la misma iniciativa no prevé los cambios jurídicos necesarios para que todas las instituciones que ella misma propone sean viables y funcionales.
Este último caso es el de la iniciativa de reforma política para el DF que ha presentado la senadora María de los Ángeles Moreno. La iniciativa, como todo saben, contiene muchas partes de alto interés. Sin embargo, hay una que llamó mi atención desde esta perspectiva de la racionalidad medio-fin: la creación de una Corte de Justicia, sin Constitución. Me parece que el proyecto de una Corte de Justicia es ampliamente interesante. Un proyecto al que deberíamos de prestar mucha atención. Empero, al proponer una Corte de Justicia, sin una Constitución propia del DF, la pregunta obligada es para qué necesitamos una Corte de Justicia. Para que revise ¿qué? ¿El estatuto político propuesto en la iniciativa? ¿Aquel que tiene rango de ley? No creo que sea éste el camino.
Por el contrario, me parece que una Corte de Justicia en el DF, sin una Constitución local, es como querer lavar el coche sin cubeta y sin agua.
gonzalezdelavega@yahoo.com