Opinión / Columna
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Javier Oliva Posada
México: nación y patria (Poder Nacional)
Organización Editorial Mexicana
26 de febrero de 2010
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La realidad que vive el país desde hace algunos años, cuyos negativos efectos se notan en la caída de la Inversión Extranjera Directa, de casi un 50 por ciento entre 2008 y 2009, así como en la emigración de familias enteras hacia otros países, sin descontar el constante incremento en los indicadores de desempleo abierto, entre otros muchos datos, ha propiciado que hasta el día de hoy las efemérides de la Guerra de Independencia y de la Revolución Mexicana haya pasado de largo.
En esa conducta recurrente del Gobierno federal, de ejercer y ampliar los márgenes de legitimidad (o al menos esa es la intención) con convocatorias inútiles a firmas y acuerdos mediáticos, ninguno ha logrado ni han calado en lo mínimo en el apesadumbrado ánimo de la población. Para este fin del segundo mes del año, era para que en cada casa, oficina de gobierno y escuela pública estuvieran a la vista banderas nacionales, efigies de los protagonistas y héroes de nuestra historia y emblemas de la fundación de nuestra patria.
Salvo milagros de la genética, ninguno de nosotros vivirá otro centenario. Somos una generación única de privilegiados mexicanos que asistiremos por única vez en nuestra vida y de la misma nación a la recordación de cómo fue que construimos un destino común y que ahora, a diferencia de otros siglos, podemos construir en paz el futuro de México. No obstante la trascendencia de este 2010, seguimos dedicando nuestra energías y preocupaciones a los despropósitos de encontrar soluciones en el corto plazo, pero más grave aún, sin tener una agenda clara y cómo cumplirla.
Hemos dejado pasar ya casi 59 días sin que recordemos que nuestro nacionalismo fue hecho con base a derrotas, que la mutilación de nuestro territorio fue consecuencia del divisionismo interno y de la falta de un compromiso que fuera más allá de los beneficios y posiciones personales. Debemos recobrar, como generaciones que hemos sido beneficiadas por el Estado mexicano y sus gobiernos sucesivos, las bases de identidad a la vez que reconocer la amplitud y riqueza de la diversidad. La idolatría de la diversidad, como la llama Fernando Savater, nos ha impedido saber en qué nos parecemos y qué es lo que podemos compartir. En cambio, nos hemos extasiado manifestando confrontaciones, discrepancias, exaltando la intransigencia. De muy poco nos ha servido como sociedad y Gobierno mantenernos en esa ruta.
Tenemos tiempo para hacer de este 2010 el mejor momento de la historia reciente del país. Para hacernos saber que la patria es primero, no como una fórmula retórica, sino como un destino compartido en donde la convergencia de los buenos mexicanos es capaz de recobrar la fuerza y empuje que en un tiempo tuvo el país. Por eso, si bien es importante atender la grave situación de violencia que vive el país, más relevante aún es organizar los argumentos que habremos de dejar como herencia a las generaciones por venir y demostrar que estuvimos a la altura.
Estamos ante una oportunidad única. No podemos ni debemos desaprovecharla. La base de una nación son los valores de identidad y sentido de pertenencia de la sociedad. La capacidad para reordenar y diseñar el país es una gran tarea y, sobre todo, la mejor forma de demostrar qué tanto queremos a México.
Nota aclaratoria. Me llamó y escribió Eleazar Franco, director de Comunicación Social de la Secretaría de la Reforma Agraria, para responder a mi pregunta de la entrega anterior, de por qué al titular de esa dependencia el Presidente de la República lo había designado como su Representante en Ciudad Juárez junto con otros dos funcionarios. El Ingeniero Abelardo Escobar Prieto tiene, al igual que su familia, una larga presencia y trayectoria reconocida en la sociedad juarense. Gracias por la respuesta.
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